MI RENDICIÓN

Autor: kdekrizia
Género: + 18
Fecha Creación: 14/08/2013
Fecha Actualización: 07/11/2014
Finalizado: NO
Votos: 47
Comentarios: 274
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Capítulos: 64

A veces el primer paso para tomar el control es rendirse.

Bajo el engañosamente suave exterior Bella Swan es una mujer que sabe exactamente lo que quiere. Un hombre fuerte que la tome sin preguntar, porque está dispuesta a darlo todo...

El policía de Dallas Edward Masen, está en una misión: encontrar el hombre que mató a su compañero y llevarlo ante la justicia. Hasta ahora, ha encontrado un vínculo entre el asesino y Bella, y si Edward ha de acercarse a ella para atrapar al asesino, que así sea.

Bella es dulce y femenina, todo lo que Edward necesita y desea en una mujer, pero sospecha que ella está jugando. De ninguna manera va a permitir que un hombre tenga la última palabra en su relación. ¿O sí?

Bella ve en Edward un hombre fuerte, dominante como ella necesita, pero él parece decidido a mantener a distancia. Entonces decide tomar el asunto en sus propias manos para demostrarle a él que no es un juego. Ella está dispuesta a entregarse al hombre correcto. A Edward le gustaría ser ese hombre. Pero la captura del asesino de su compañero tiene que ser su primera prioridad. Hasta que Bella se ve amenazada y Edward se da cuenta que va a hacer todo por protegerla.

BASADA EN SWEET SURRENDER DE MAYA BANKS

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Capítulo 5: CAPÍTULO 5

Capítulo Cinco

 

Edward entró en el Cattleman's Bar y Grill, y fue hacia el área del bar, con la intención de tomar una cerveza helada. Jacob le había enseñado el pub local, un lugar en el que él y los otros chicos se reunían al acabar de trabajar, varios días a la semana.

Cuando caminaba por la división que separaba el bar del restaurante, quedó sorprendido al ver a Bella sentada del otro lado, las piernas balanceándose fuera de la alta silla. Un codo apoyado en la parte superior de la barra, y la otra mano removiendo la bebida con la pajita.

Caminó hacia delante, pero ella nunca miró para arriba. Parecía perdida en su propio mundo, uno que no era feliz. Se arrastró en la silla al lado de ella y le hizo señas al camarero.

Ella lo miró sorprendida cuando pidió su cerveza.

—Parece que tenemos la costumbre de encontrarnos—murmuró ella.

Él sonrió.

—No te estoy siguiendo, si eso es lo que insinúas. Vengo aquí todos los días después de trabajar. Es la primera vez que te veo aquí.

Ella se sonrojó, y él observó fascinado como el color rosa se extendía por su cara.

—No estaba sugiriendo nada. Sé que Jacob y los otros vienen mucho por aquí. Pero pensé que hoy estaban todos trabajando hasta tarde.

Él se encogió de hombros.

—Terminamos. Charlie fue a cerrar la oficina y Jacob se fue para casa—Inclinó la cabeza y la miró preocupado. — ¿Qué te trae por aquí?

Los ojos de ella reflejaron angustia y rápidamente desvió la vista.

—Sólo no quería ir para casa todavía—dijo vagamente.

Edward maldijo. Creía que su madre había llamado nuevamente y aún no había sido capaz de entrar en la oficina a colocar un micrófono.

— ¿Ya comiste algo?—Preguntó.

Ella negó con la cabeza.

—Realmente no tengo ganas de comer.

— ¿Te importa entonces, si como yo?

Lo miró y puso una pequeña sonrisa en la comisura de la boca. Observó fascinada cuando su lengua lamió el labio superior, tomando una gota de su bebida.

—Haz como quieras. Lejos de mí, interferir entre un hombre y su comida.

—Hablaste como una mujer que está bien familiarizada con las necesidades de un hombre—dijo él, esperando a ver cómo reaccionaba.

Para su diversión, ella se sonrojó nuevamente y bajó la cabeza. Realmente era muy bonita, toda ruborizada. Comenzó a abrigar fantasías más vivas de ver lo lejos que su cuerpo podría ruborizarse. ¿Sería tímida en la cama? ¿Tendría su amante que convencerla de quitarse cada pieza de ropa?

Todo su cuerpo se tensó. Estaba tan dispuesto como cualquier tío, a tener a alguien ardiente en su cama, una mujer que se encargase de todo y sacudiese su mundo, pero la idea de poseerla, de seducir a Bella, le envió un golpe de deseo como un tiro, directo a su ingle.

¿Seducción?, Jesús. No estaba aquí para seducirla, pero Dios sabía que disfrutaría cada momento.

Estaba aquí para conseguir información. Para usarla, por cualquier medio necesario, para capturar al asesino de su compañero.

Hizo una seña a una camarera que pasaba, y pidió una hamburguesa con patatas fritas, antes de girar su atención de vuelta a Bella.

—Entonces, ¿cómo fue tu día en la oficina? Pareces… estresada.

Ella se retorció incómoda en la silla y tomó otro trago de su bebida. Entonces renunció a la ayuda de la pajita y acabó la copa en un largo trago.

—La oficina estuvo bien. Sólo estoy cansada. No dormí bien anoche—Giró en su silla y le lanzó una brillante sonrisa. —Entonces, ¿te está gustando el trabajo hasta ahora?

Clásico cambio de tema. Definitivamente, estaba escondiendo algo. Un completo idiota podría descubrir eso. Pero no tenía exactamente una relación personal con ella, una en la que confiara en él, y tenía la maldita certeza de que no tenía el tiempo de cultivarla.

—Me gusta. Me está yendo bien

—Jacob dijo… Jacob dijo que tu compañero fue asesinado recientemente…

Intentó como el infierno mantener su cara sin indicios de dolor, a causa de su pregunta. No dijo nada por un largo momento.

—Lo siento mucho. No debería fisgonear…

Su mirada acarició su rostro suavemente, sus ojos guiñaban con simpatía. Señor, ella era tan dulce. Y apostaba que era tan suave y delicada como parecía.

—No estás fisgoneando—dijo calmadamente. —No es un secreto. Sí, mi compañero Alex fue asesinado estando de servicio.

Su cara se frunció con consternación.

— ¿Cogieron al que lo hizo?

—No. Aún no.

Su largo cabello castaño cayó hacia delante sobre su hombro cuando giró para mirarlo. Quería tocarlo, imaginaba cual sería la sensación de tocar con sus dedos su espalda mientras deslizaba su pene en su vagina.

Un gemido torturado brotó en su pecho sin salir. Ok, admitía que no tenía conseguido más de lo previsto en lo que podía recordar, pero no podía culpar de eso a su reacción por Bella.

Rápidamente, podían avanzar a una jodienda caliente, sudada.

¿Descubriste todo eso, eh, Masen?

Bebió el último trago de su cerveza y se preguntó dónde porras estaba el aire acondicionado.

— ¿Cuánto tiempo estarás de permiso?—Preguntó ella. —Quiero decir, ¿cuándo volverás?

Se inclinó hacia delante, dándole apenas una vislumbre de los pálidos montes de sus senos, apretados por el sujetador de encaje que usaba.

—Yo, uh, aún no estoy seguro. Lo estoy tomando con calma. Decidiendo qué hacer a continuación.

Ella sonrió, y sus ojos fueron atraídos a su cara. No conseguía desviar la mirada. Nunca quiso besar a una mujer tan fuerte en su vida.

—Estoy feliz porque estés aquí—dijo dulcemente ella. —Charlie es un gran hombre para trabajar con él. Ve a sus empleados como familia. Algunas veces… algunas veces sólo se precisa dejar atrás todo, ¿sabes? Tal vez solo sea eso lo que necesitas. Tiempo para permanecer apartado.

— ¿Qué es lo que tú necesitas dejar atrás, Bella?—susurró. Su expresión se congeló, y podía verla retroceder mentalmente. Maldición.

La camarera volvió y colocó el plato de comida delante de él, y el barman le deslizó otra cerveza desde el bar.

Edward cogió el ketchup y abrió la tapa, dispuesto a echarlo en la hamburguesa y en las patatas fritas. Hizo una pausa y rápidamente volvió a mirar a Bella.

— ¿Seguro que no quieres un poco?

Ella sonrió y cogió una patata.

—Típico hombre. Ahogar todo en kétchup…

—Sólo lo dejaré por ti—Empujó el plato más cerca de ella. Entonces echó el ketchup en una esquina del plato. Mientras la observaba mordisquear una de las patatas fritas, se le ocurrió una idea.

— ¿Quedaste con alguien aquí? ¿Estoy molestándote?

Lo miró perpleja y sacudió la cabeza.

Él sumergió una patata en el ketchup y se la llevó a la boca.

— ¿No te encontrarás con tu novio?

Un delicado rubor rosa apareció nuevamente en su cara.

—No hay más un novio—dijo ella suavemente.

¿Podría ser este el motivo de su melancolía? Pero no, tenía la desconfianza de que era más estrés que tristeza. Aún apostaba por la madre. Solamente quería saber en lo que Bella estaba envuelta en este momento.

—Él es un idiota—murmuró Edward.

Ella rió y él levantó la cabeza paralizado por el sonido.

—Creo que soy la idiota. Fui la que terminó la relación…

—Él aún es un idiota.

Sonriendo, ella hizo señas al camarero pidiendo otra bebida.

—Suenas igual que los chicos.

Edward levantó una ceja.

— ¿Qué chicos?

—Jacob, Jasper, y Emmett.

—Bien, definitivamente no te veo como a mi maldita hermana…

Abrió mucho los ojos.

— ¿Cómo me ves?

Ahora se trataba de una pequeña provocación. Tal vez no fuese tan tímida como pensaba. Miró de vuelta para él, sin pestañear.

—Bonita…

Rió cuando ella volvió a ruborizarse.

— ¿Qué? ¿Qué es tan gracioso?

—Eres adorable cuando te pones toda colorada, y lo haces tan fácilmente.

Frunció el ceño y los labios se transformaron en una mueca.

— ¿Adorable? Prefiero mucho más bonita que adorable…

Él se estiró y tocó su brazo.

— ¿Y si encuentras lo que quieres?

Un hormigueo caliente se extendió por el brazo de Bella, cuando los dedos de Edward acariciaron su piel. Tragó el nudo en su garganta. No era una virgen inexperta, pero aquí, sentada al lado de un hombre, diciendo que era bonita y adorable, la dejaba completamente confusa.

Ella adoraba las sutiles complejidades de la atracción. Pistas del sentimiento y del desafío de conocer a alguien nuevo, y explorar los primeros difíciles momentos como estaban ahora, siendo ambos sutiles, pero avanzando.

—Puedo vivir con eso—dijo ella con voz ronca.

Él retiró la mano y volvió a comer. Quería que la tocase nuevamente. Una caricia simple, mirando para ella, sólo eso, su perfume masculino… Su estómago se agitó en un nudo nervioso de anticipación.

Lo estudió mientras comía, observando sus movimientos.

Era fuerte y confiado. Le gustaba eso. Pero ¿Sería así en el dormitorio? ¿Se extendería a sus relaciones? Ella balanceó un poco la cabeza. No más de lo que estaba dejando todo para el caso. ¿Cuántos hombres más tendría ella que conocer, antes de que encontrase al que quería? ¿Encontraría algún día lo que quería, no, lo que necesitaba?

El viernes parecía a un año luz de distancia. Ella estaba nerviosa como el infierno con la idea de visitar algún club de fetiche sola, pero por otra parte estaba orgullosa de aventurarse tan lejos de su zona de confort.

Fuerte. Confiado. Quería esas cualidades en un hombre, entonces tal vez fuese tiempo de comenzar a exponer esas cualidades. Como atrayendo lo que le gusta, ¿no?

—Renunciaría a la cerveza por una semana sólo por saber lo que está ocurriendo dentro de tu cabeza ahora.

Ella parpadeó y enfocó la vista, viendo que Edward estaba mirándola.

—Oh, perdona. Estaba pensando…

Él se rió.

—Como dije, adoraría saber sobre qué.

No se ruborizaría… No. Iba. A. Ruborizarse. Podía sentirse perdiendo la batalla mientras la ola de calor llegaba hasta su cuello. Maldición.

Carcajeándose cogió una servilleta para limpiar su boca.

—Ese rubor te queda bien, querida.

Gimió.

—No es educado señalar mis defectos.

Él se inclinó hacia delante y levantó su mentón con el dedo.

—No es un defecto. Encuentro que es sexy como el infierno.

Escalofríos recorrieron su columna, volviendo nuevamente, y sobre los hombros. Sus pezones se endurecieron y los músculos de su vagina se apretaron.

Una gota de ketchup quedó en la esquina de su boca, y le dio una disculpa para tocarlo. Dios, quería tocarlo. Levantó un dedo y gentilmente limpió el ketchup. Mientras retiraba su mano para limpiarla en una servilleta, él capturó el dedo, entonces, lo llevó a su boca. Sus calientes labios fueron sobre la punta, en seguida, su lengua giró sobre la piel, lambiendo el ketchup. La acción envió una ola de choque a través de su sistema. Se sentó, aturdida con su reacción.

Lentamente, retiró la mano, deslizando la lengua a lo largo de su dedo hasta que dejó su boca. Cuando la liberó, ella dejó caer la mano en su regazo, intentando disimular el temblor.

—Debería irme—dijo ella, diciendo lo primero que le pasó por la cabeza. Eso era una mentira. No se quería ir, pero no sabía lo que decir, o cómo reaccionar a la enorme sensualidad entre ellos.

— ¿Por qué no te sigo de vuelta?—Ofreció él. —Me marcho para casa también. Te veo en la puerta.

—O-ok—Dio varias respiraciones profundas, así su voz no vacilaría mucho. Después cogió su cartera, cogió su dinero y empezó a dejar algunos billetes sobre la mesa.

Edward extendió la mano y empujó el dinero de vuelta.

—Yo pago.

Lentamente tomó el dinero de vuelta y lo volvió a meter en la cartera.

—Gracias.

Esperó a pagar la cuenta y entonces se giró hacia ella.

— ¿Vamos?—Preguntó, apuntando hacia la salida.

¿Por qué esto estaba pareciendo una cita? ¿Y por qué estaba tan malditamente nerviosa? Nunca había estado tan insegura, nerviosa. Siempre se sintió a gusto, con sus citas. ¿Era ese el problema? ¿No eran más que amigos para ella? ¿Buenos muchachos con los que tuvo buen sexo?

Buen sexo. Ugh. Ella lo quería del tipo sucio. Caliente, sudado, el sexo que la hacía gritar.

Caminaba frente a él, pero la cogió y colocó su mano en su cintura, mientras iban hacia el aparcamiento. Fue un gesto de protección, que la hizo sentir querida. Y le gustó esa sensación. Le gustó mucho.

Abrió la puerta del coche y la dirigió hacia dentro, cerrando la puerta detrás de ella. Se sentó y lo observó volver a su vehículo. Vio su paso determinado, la forma como sus vaqueros abrazaban su culo.

Cuando se deslizó en el asiento del conductor, encendió su coche y salió del aparcamiento. Quince minutos más tarde, estacionaba en su calle al lado de su apartamento y apagó el motor.

Salió y caminó hasta el frente del coche, esperando a que Edward estacionara tres puestos más abajo. Hubo una pausa extraña mientras esperaba, comenzó a andar hacia delante más de una vez. Entonces, como antes, colocó las manos en su cintura, deslizando los dedos sensualmente en su columna para descansar en la falda.

Casi no controlaba el temblor que amenazaba tomar su cuerpo. Cuando llegaron a su puerta, no podría evitar la puntada de decepción de que su tiempo acabó.

Cogiendo la llave, abrió la puerta, en seguida, miró hacia él. Sus ojos ardían fijos en ella, y parecía concentrarse en sus labios. ¿Estaba pensando en besarla?

Sus labios se separaron y respiró lentamente.

—Me parece que te verá por la mañana.

Él se inclinó más cerca y arrastró un dedo por su cara.

—Cuento con eso.

Su boca se cernía tentadoramente sobre la suya. Su mirada centelleó en su cara. Podía ver el pulso en su cuello. Tragó una vez y después dos veces, y se apartó lentamente, como si hubiese librado una batalla épica con él mismo.

Una ola de decepción la atravesó. No iba a besarla. Sonrió temblando.

—Te veo entonces—Se giró y entró en su apartamento, volviéndose apenas para darle una pequeña mirada.

Estaba de pie, inmóvil, observándola hasta que finalmente ella cerró la puerta. Después de entrar, cayó contra la puerta y cerró los ojos. Eres una cobarde.

Ella podría haberlo besado. Ninguna ley decía que tenía que esperar que lo hiciera él. Si lo quisiera, y podía decir que lo quería mucho. Repasó mentalmente la sensación de su lengua deslizándose por su dedo. Podía fácilmente imaginar su boca en su cuerpo, moviéndose delicadamente por todo su pecho, lambiendo por encima de sus pechos, y llegando finalmente a los pezones.

Se le escapó un gemido, sus pechos dolían, una sensación de hormigueo se extendía hasta las puntas de sus pezones. Era difícil de creer que apenas la otra noche, disfrutaba del sexo mediocre con John. Ahora, a la luz de lo que sentía con Edward, podía olvidarse de su anterior experiencia, no era nada en comparación. Y aún no había ido a la cama con él todavía.

Todavía. Una sonrisa curvó sus labios cuando se dirigió al cuarto de baño. Sí, tenía toda la intención de hacerlo.

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