Amantes Inocentes

Autor: jaedbellsnessi
Género: Romance
Fecha Creación: 19/09/2016
Fecha Actualización: 25/04/2020
Finalizado: NO
Votos: 2
Comentarios: 3
Visitas: 8058
Capítulos: 12

Edward ha vivido el peligroso amor de Isabella, pero esta vez no sera así, ella lo deja en un intento de salvarle la vida y nuestro chico encuentra a la Princesa Quileutes que felizmente tratara de ocupar un lugar en su corazón ¿Lo lograra?... Continuación de Cambio de Roles ¡Espero que les guste! Adaptación de la novela de Meyers, Luna Nueva.

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Capítulo 12: CAPITULO 12

Capítulo 12

Me levante de golpe casi cayéndome de la cama, eso hizo darme cuenta que estaba despierto, realmente despierto. Alguien volvió a arañar el cristal de la ventana ¡Mierda! ¡Ahora si era mi fin! Corrí quitándome las lágrimas de los ojos y cerré con pestillo la puerta, era estúpido pero si alguien podía entrar a mi habitación en definida iba a evitar que ese alguien saliera.

Me paralice en cuanto observe una silueta oscura queriendo atravesar la ventana, contuve la respiración para evitar que saliera algún grito… ¡James! ¡James está aquí! ¡Mierda Anthony! Por instinto agarre lo primero que se me vino a la mano para lanzárselo, si lo detenía aunque sea un segundo para convencerlo de que no le hiciera nada a mi padre, me consideraría el hombre más afortunado del planeta.

Mi mente imaginaba mil y un formas de rogar por la vida de mi padre cuando una voz que yo conocía muy bien (aunque esa también me traía un montón de dolor) salió irritada de la sombra tenebrosa.

— ¡Ed! ¡Edward! — Chillo estridentemente — ábreme la pinche ventana ¡Joder! — me tomo un segundo y luego corrí abriendo toda la ventana de sopetón.

— ¿Qué. Carajos. Haces? — separe cada palabra porque la vista no era para nada atractiva.

Maggie estaba a punto de partirse el cuello si llegaba a caerse de esa rama del árbol. Estaba a seis metros del suelo y como a uno de mí. Su peso iba y venía en esa precaria rama que era la misma que hacia el sonido chirriante en la ventana.

— Cumplo… — resoplo tratando de balancearse en la rama — mi promesa — eso me hizo colocar una mano en mi mentón mientras me inclinaba.

Suspire.

— ¿Y desde cuando suicidarte es una promesa que me hayas hecho? — me burle viendo que poco a poco le agarraba equilibro a la rama — los peligrosos son los idiotas por los que me dejaste — ella se detuvo un momento y me miro a los ojos, incluso en la penumbra vi que estaba irritada y escuche soltar un resoplido al no encontrar gracioso mi comentario. 

—  ¡Quítate! — me ordeno balanceando sus piernas atrás y hacia adelante.

— ¡No, tu, loca! — chille apartándome de golpe porque ya era demasiado tarde, se había lanzado sin menor respeto por su vida hacia adentro de mi habitación.

Cayó ágilmente sobre la planta anterior del pie haciendo un ruido sordo. Contuvimos la respiración esperando a ver si Anthony se despertaba, pero al segundo escuchamos ronquidos del otro lado de la pared por lo que la princesa no hizo nada mejor que alzar el puño al aire en modo de victoria.

Eso fue demasiado para mí.

Ya no era el baile de la victoria que tanto me había conquistado, era solo una gesto más, de entre tantos que había visto, la deteste un poquito por eso, y porque había llorado por esa princesa caprichosa y necia, me había jodido el corazón y para darle el toque final a mi muy miserable trasero había creado otra nueva pesadilla. Y como si Dios dijera, Eh chico, todavía no acabo contigo, me hizo recordar cuando mi ex novia solía colarse por la ventana, eso hizo que mis heridas ya abiertas sangraran.

— Qué bueno que no te mataste — dije enojado, me sonrió complacida — ahora lárgate — señale por donde mismo había llegado y su sonrisa desapareció.

— Oye, no — protesto sorprendida — vengo a disculparme —

— ¡Pues no las acepto! ­— exclame colérico. 

Camine hasta donde estaba y la tome alzándola en el aire, soltó un chillido ahogado y empezó a patalear cuando se dio cuenta que quería lanzarla por la ventana, esa no era mi intensión pero era para dejar claro que no la que quería aquí, en una de esas coloco su pie contra el marco y se impulsó haciendo que me tambaleara hacia atrás, para evitar darme el golpazo con el piso que estaría combinado con el peso de Maggie, logre retroceder lo suficiente para caer sentado en la cama. Golpeamos la pared con la cabecera, por lo que nos quedamos completamente quietos para escuchar si eso había despertado a mi padre. No lo hizo. Casi, deseo que lo haga, solo casi.

— ¿Suficiente? ¿Me dejaras hablar ahora? — pregunto con la respiración acelerada.

Se encontraba sentada a horcadas encima de mí, con las manos en mis hombros y yo con las mías en su cintura, regularice mis respiración y asentí tirándome hacia atrás en la cama. Estaba agotado.

— ¿Estas bien? — pregunto colocando ambas manos a ambos lados de mi cabeza.

Gracias a ella y que su cuerpo parecía una enorme llama hirviendo, la brisa que entraba por la ventana no se me hacía tan helado, su expresión era cohibida y temerosa, como si alguna vez en la vida yo pudiera dar miedo.

— La verdad es que no — susurre vacilante, estaba seguro que si cerraba los ojos me desmayaría ahí mismo — ¿Por qué se te ocurre una pregunta tan estúpida? — su frente se arrugo, preocupada.

— Cierto… bueno… yo… — inspiro hondo — losientomucho — soltó todo de golpe uniendo todas las palabras.

— no quiero tus disculpas ¿vale? Es que ni siquiera sé porque estás aquí, terminaste conmigo, fin, listo, lo entendí —

— lo lamento, lamento haberlo hecho así no fue… —

— ¿Entonces vienes a terminar de forma más linda? —

— ¡No! ¡Solo cállate! — se sentó en mis piernas y alzo su mano hasta que toco su cortísimo cabello y empezó a darle vueltas con los dedos.

Estaba nerviosa.

— No comprendo nada princesa — dije sinceramente.

— Lo sé, quiero explicártelo... — de pronto se calló como si se hubiera quedado sin respiración — quiero hacerlo, pero no puedo y nada me gustaría más —

Suspire.

— ¿Por qué? —

Se mantuvo callada un momento, la mire fijamente y aparte de ser hermosa como siempre había algo en su rostro, como si de la nada estuviera cargando un gran peso encima, como si le tomara mucho esfuerzo tan solo respirar.

— ¡No puedo! — Soltó exhalando pesadamente, como si el peso se fuera ido tan rápido como llego — Ed ¿Has tenido un secreto, algo que no es tuyo, pero que no lo puedes revelar? — Pensé de inmediato en una familia muy particular, ella me miro dándome a entender que lo sabía y esperaba que mi expresión no fuera tan culpable — ¿Comprendes que quizás me encuentre en la misma clase de situación? — Asentí tratando de que mi adormilado cerebro comprendiera lo que ella estaba diciendo — a veces, la lealtad es más fuerte que tus deseos, a veces solo no lo puedes decir —

Eso no lo podía discutir. Yo tenía uno con el que estaba dispuesto a morir sin revelarlo. Uno que repentinamente Maggie parecía saberlo. Aunque no comprendía porque esto tenía que ver con ellos o el tal Sam. Los Cullen se largaron ya hace mucho tiempo. 

— Si vas a limitarte a ofrecerme acertijos…— lance el ultimátum señalando la ventana con el mentón y ella solo resoplo.

— ¡Que frustración! — se quejó batiendo las manos.

— ¿La tuya?­ — me ofendí — ¡Que descaro…! ­—

— ¡Tú ya lo sabes! — eso detuvo mi replica en seco — lo que me mata es que en realidad tú ya lo sabes — tenía la desesperación escrita en el rostro, aun en la penumbra podía notarlo — ¡Tú lo sabes! ¡Te lo conté todo! — de pronto sus ojos brillaron incluso en la penumbra.

Ahora lucia esperanzada. Se inclinó hasta que coloco sus manos en mi rostro y estaba tan cerca que podía sentir en el cuerpo entero su chispeante temperatura corporal y su delicioso olor, podía saborear el bosque y los ríos en ella.

Suspire atontado.

— puede haber una forma de que funcione, ya que no te lo puedo decir, tú lo puedes adivinar no hay nada que diga que no lo puedes hacer ¡Eso es! ¡Eso me sacaría del meollo! — estaba eufórica y de sopetón me dio un beso casto y rápido en los labios.

Volví a suspirar.

— ¿Qué quieres que adivine? — pregunte cansinamente y visiblemente confundido.

— Te daré pistas — respiro varias veces y luego volvió la expresión como si de repente estuviera cargando una tonelada de peso — ¿recuerdas el día que nos conocimos en la playa La Push? — Asentí viendo como respiraba con dificultad — bien, háblame de ello —

— Me preguntaste sobre mi auto… — asintió dándome a entender que continuara — charlamos sobre el tuyo… — volvió a asentir — casi me asesinas por robarte mi ola — asintió rodando los ojos, yo suspire intentando concentrarme todo lo que mi cerebro me permitiera en este estado.

A estas alturas ya todo su cuerpo estaba pegado al mío y mis manos se apoyaban suavemente sobre su cintura, recuerdo que le había pedido se quedara conmigo flotando un rato en el agua, estaba intentando coquetear con tanta estupidez como éxito y así pude sonsacarle información.

— me contaste historias sobre leyendas…—

— ¿Recuerdas cuáles eran? —

— Si me acuerdo — susurre muy bajito como si con eso ella se estuviera enterando de todo lo que Isabella era.

— ¿Recuerdas todas las histo…? — se trabo pesadamente como si la tonelada le fueran agregado otra más.

— Habían muchas historias… — murmure sacudiendo la cabeza, intentaba pensar pero solo una estaba en mi mente y era la única que importaba, sé que había más, me había contado mas pero no lograba recordar.

Muchos menos con lo cansado que estaba.

— lo sabes, yo sé que si — asintió — quizás mañana recuerdes ¿vale? — hizo un ademan de levantarse y la rodee con mi brazo para evitar que eso pasara.

— ¿Y ahora qué? — Pregunte confundido — ¿solo te iras? — pegue mi frente a la suya y por una vez esta noche solo quería dejarme llevar.

Estaba cansado pero aun así no podía dejar de estar ansioso por tener todo su cuerpo encima del mío.

— Ed…— sin aguantarlo más me incline para besarla y ella se un sopetón se sentó dejándome aturdido en la cama.

— ¿Qué te…? —

— Quiero hacerte una pregunta, ya que evidentemente sé que solo te acuerdas de una… — la mire irritado y ella me devolvió una mirada amargada — ¿te importaría responderla sin importar que? — se hecho a mi lado y uso mi brazo de almohada.

— Supongo…— acepte a la defensiva mirando el techo, pero sentía su mirada fija en mí.

— Sobre la historia de vampiros que te conté — me quede estático incapaz de saber a donde quería llegar y mucho menos incapaz de responderle pero eso no le importo — Sinceramente… ¿no lo sabias? ¿Fui la única que te dijo que era ella? — quite mi brazo de su cabeza y me senté pesadamente, apreté mi mandíbula todo lo que podía porque me daban ganas de gritarle un montón de cosas.

¿Por qué ahora? ¿Cómo sabía todo eso? ¿Y qué necesidad de hacerlo después de que ellos se fueron?

— ¿Entiendes ahora a lo que me refiero? Sobre la lealtad… incluso es peor para mi… no tienes ideas de cuáles son mis ataduras — se detuvo a mi lado y de reojo vi una lagrima rodar por su mejilla.

Gruñí.

Porque odiaba esto, lo odiaba todo e incluso odiaba más cualquier cosa que la hiciera sufrir. La lealtad se da de forma voluntaria, pero no parecía el caso de mi princesa, automáticamente me imagine dándole unos cuantos golpes a Sam, ese imbécil le hizo esto a Maggie.

— ¿No puedes liberarte? — pregunte mientras le alzaba el mentón y le limpiaba la lagrima con mi pulgar.

Cerró los ojos acomodando su rostro en mi mano.

— esto es de por vida, es una condena eterna — soltó una risita triste — quizás más larga — le tome del rostro con ambas manos.

— Oye no, princesa — susurre pegando mi frente — no digas eso, no quisieras… ¿venirte conmigo? —

— ¿Adonde? — pregunto sin mucho entusiasmo.

— no sé, a donde sea, lejos de todo y de todos, comenzaremos una nueva vida, solos tu y yo ¿Te parece? — no sabía cómo lo haría pero lo haría.

Ella sonrió con tristeza cerrando los ojos.

— No es algo de lo que pueda escapar Ed — dos lagrimas rodaron por su mejilla que eran incluso más calientes que su misma piel — aunque me encantaría fugarme contigo a donde fuera si pudiera — suspiro abriendo los ojos brillantes y llenos de dolor — aunque fuera solo por un momento lo haría si pudiera… ¿me crees? — asentí con gesto grave.

— Claro que te creo — murmure metiendo mi mano en su cortísimo cabello — y también creo poder lograr que te vayas aunque sea por un momento —

— ¿Cómo…? — pregunte pero la calle pegando mi boca a la suya.

Ella había hecho tanto por mí, tantas veces, una vez que lo haga yo no tenía nada de malo, era mi turno no solo de cargar con su dolor, sino de hacer que se olvidara por completo de él, justo como ella había hecho conmigo. Y si esta era la única forma de que pasara, que así sea.

La bese profundamente para que ella supiera de todas mis intenciones, se separó para inspirar y automáticamente baje a su cuello, eso hizo que soltara un jadeo sorprendido y colocara las manos en mis hombros intentando apartarme.

— Edward… — dijo sorprendida.

— Princesa…— murmure tomándola de la cintura y empujándola hacia la cama.

Ella no se resistió, suavemente volví a su boca de nuevo y ella pasaba sus manos por toda mi espalda, luego hacia mi cabello quedándose al fin en mis hombros, me hormigueo todo el cuerpo y esta vez no era el cansancio lo que me estaba aturdiendo. Su cuerpo era caliente y suave. Se sentía exquisito todo. Mi corazón martillaba en mi pello y todo me daba vueltas pero por primera vez todo eso se sentía bien. Como pude logre colarme entre en medio de sus piernas e instintivamente, como si mi amante tuviera un imán dentro de ella, me empuje tratando de pegar todo mi cuerpo al suyo.

Ella dio un respingón hacia arriba notando algo que evidentemente no estaba hace unos segundos.

— Oh… Dios — jadeo separándose de mi boca.

La tome de las manos e instintivamente me volví a empujar, ella volvió a dar un respingón pero no sé cómo es que eso en vez de ser malo fue incluso mejor, sin querer gemí y tuve que detenerme un segundo a tomar aliento.

— Ed… cariño… — susurro temblorosa debajo de mi — tenemos que parar — cerré los ojos negando con la cabeza — sé que me quieres ayudar y créeme que es la ayuda más… deliciosa que he recibido pero…—

— no digas pero…— me queje dejándome caer en ella y escondiendo mi rostro en su ardiente cuello.

— ¡Ua! — Chillo tratando de sacarme de encima — ¡En definitiva tenemos que parar! — como pudo me quito, aunque, uh, bueno, no es como si yo estuviera dando muchos problemas.

El subidón que me había dado estaba bajando más rápido de lo que pensaba y mi cuerpo se sentía por completo pesado, mi mente estaba nublada, y aunque no quiera admitirlo estaba algo, solo algo, frustrado.

— ¿Por qué? — pregunte débilmente.

— en primer lugar porque estás más muerto que vivo…—

— ¡Bah! — me queje.

—… en segundo lugar porque en definitiva sentiría que me estoy aprovechando de ti…—

— ¡Puf! — resople.

—… y en tercer lugar porque me tengo que ir y no quisiera que tu primera vez fuera así de sosa —

Me alce en mis codos para verle el rostro y el suyo era todo un poema, ella quería encontrarle el lado divertido a esto pero le estaba resultando difícil.

— Como si no fuera la tuya también — me burle e incluso en la oscuridad pude adivinar como eso la ponía colorada.

— ¡Cállate! — chillo ofendida por mi burla.

Yo solo resople divertido tirándome de nuevo a la cama.

— me tengo que ir y tú tienes que descansar, necesito que estés pilas mañana, vas a averiguarlo… debes hacerlo — ordeno urgida.

— ¿no quieres dormir conmigo? — pregunte ya sin mucha esperanza.

— ¿Dormir? — pregunto recelosa.

Alce el rostro para verle ofendido.

— ¡Dios! ¡Tampoco eres para tanto! — Me queje levantándome patosamente — intentaba ayudar… y bueno… pensé que te gustaría — balbucee yendo hacia la ventana para tomar aire fresco.

Estaba apenado, no sabía cómo es que hice todo eso o de donde conseguí valor, pero realmente solo quería ayudarla, mi estúpida cabeza no consiguió otro modo ¡Además estoy hasta la madre de cansado joder! Si quiera es un milagro que siga de pie.

— Me gusto — dijo y acto seguido rodeo mi cintura con sus brazos — se supone que no debo verte pero vienes y haces todas esas cosas deliciosas… ¿Cómo se supone que deje de verte así? —

— ¿No debes verme? — no soné tan enojado como realmente me sentía. El cansancio ya estaba jodiendome enserio — entonces no les digas —

— de todos modos se enteraran —

— ¡Joder! — Me voltee y la tome de los hombre — los odio, los odio a todos ¿Con que derecho nos hacen esto? — ella me miro sorprendida y negó con la cabeza.

— No Edward — musito con tristeza — no es culpa de Sam ni de los chicos, como te dije se trata de mi… Sam es un tipo muy legal, muy cool, y los demás chicos son grandes tipos… bueno Embry siempre ha sido mi amigo eso no ha cambiado — sonreía por primera vez con la sonrisa con la que la conocí — son grandes chicos enserio, muy divertidos, y amables… me siento mal cuando recuerdo todo lo que pensaba de ellos antes —

La mire totalmente atónito pero pase por alto el asunto.

— ¿Y porque se supone que no debes verme? —

— No es seguro — mascullo mirando el suelo.

Me embargo el miedo. ¿También sabia de eso? Quizás sí, quizás no… pero tenía razón. No debería estar en plena madrugada en mi habitación, era la hora perfecta para la caza. Debería estar solo si James venía a buscarme.

— Si pensara que realmente es demasiado arriesgado no fuera venido — cuchicheo jugando con sus manos — te hice una promesa y quiero cumplirla, es difícil, demasiado difícil, pero eso no quiere decir que tirare la toalla —

— ¡Dios! ¡Estoy hecho bolas! — exclame exasperado de tanto acertijo.

— gracias, aunque estés hecho bolas — murmuro tomando mis manos y mirándome apasionadamente — ¿Lo estropee todo esta tarde no? —

— uh, bueno ‘’ rompiste conmigo ‘’ eso suena bastante feo — dije resentido y eso le arranco una risa corta pero alegre.

— lo siento Ed —

— lo sé —

Nos sonreímos mutuamente pero esta no era la sonrisa hermosa y perfecta de Maggie, era una extraña sonrisa entre esta nueva Maggie que conozco y mi antigua Maggie.

— me tengo que ir pero intentare verte pronto ¿vale? — Asentí y ella hizo una mueca — querrán hacerme hablar de esto —

— ¡Tú eres la princesa, pues actúa como una! —

Ella rio.

— Lo intentare — se separó de mí y estaba a punto de dar la vuelta cuando se quedó estática y de la nada había tensión en el aire — Edward… —

— ¿si? — pregunte extrañado.

— Ven a decírmelo cuando lo sepas — me ordeno con aire oscuro — bueno… si es que quieres hacerlo —

— ¿Por qué no querría? —

Se cruzó de brazos y su rostro volvió a mostrar la amargura de esta tarde. Esa que no era mi princesa.

— Se me ocurre una excelente razón — repuso con tono frio — realmente me tengo que ir aunque… ¿podrías hacer algo por mí? — me limite a solo decir que si con la cabeza, estaba aturdido por el cambio tan repentino del ambiente — llámame si no quieres volver a verme, házmelo saber si fuera el caso ¿Vale? —

— Creo que quedo claro hoy más que nunca que estaba dispuesto a muchas cosas por ti — dije intentando sacarle esa absurda idea de la cabeza.

— Mira… no lo sabes todo… — lucia algo desesperada — cuando lo sepas… por eso tienes que ponerle ganas y averiguarlo… solo entonces, si quieres realmente estar conmigo, entonces estaremos — me miro gravemente antes de apartarme y tratar de montarse encima de la ventana.

— No seas tonta — la jale por un brazo suavemente y caminamos juntos hacia la puerta — no me apetecería que te mates, usa la puerta y listo —

— ¿si nos pillan? —

— Anthony no lo hará — puse los ojos en blanco — y aunque lo hiciera no hicimos nada — murmure con resentimiento.

Eso le arranco una sonrisa.

— Después que sepas todo… veremos — suspiro y una expresión atormentada inundo su rostro de nuevo.

Suspire.

Quito el pestillo de la puerta y estaba a punto de irse, aunque no soportaba que se fuera con esa expresión tan terrible de que algo la atormentaba, la tome sin dudarlo abrazándola con fuerza y ella devolviéndome el mismo fervor, aunque su apretón extrañamente era superior a la mío.

— Por si acaso — susurro en mi cuello.

— Maggie…— empecé.

Sin previo aviso se separó estampando su boca con la mía, sin delicadeza o sensibilidad, era brutal y absoluto deseo. Ese que fuera deseado ver hace un rato.

Me sostuve de su cintura cuando sus manos se metieron dentro de mi cabello, su lengua de deslizo dentro de mi boca provocando que suspirara y escuche cuando choque mi hombro contra la puerta, antes de apartarse me mordió el labio suavemente y enterré mis manos en su piel, me había dejado sin aliento.

— Duerme ¿sí? Tienes que mantener la mente despejada, sé que lo vas a lograr necesito que lo comprendas — susurro en voz baja — no quiero perderte Edward, no por esto, pero si después que lo sepas lo quieres así, te entenderé — beso fugazmente mis labios antes de apartarse completamente y salir por la puerta sin ninguna idea de cómo ella había lograr abrirla.

Me metí de nuevo en la cama y espere casi sin respirar a escuchar el escalón que crujía, pero no se escuchó nada, deje de intentar escuchar a esta nueva princesa y decidí que iba a tratar de dormir, estaba exhausto y con la cabeza dándome vueltas.

En el sueño no vagabundeaba no porque lo necesitara, sino por simple habito, no era el mismo bosque de eso me pude dar cuenta, el aire salado impregnaba todo alrededor, a lo lejos casi podía escuchar las olas del mar, quise buscar el mar, podría ver el sol si me dirigía hacia haya. La princesa apareció justo en ese momento, cargaba el mismo vestido de siempre, con el enorme colmillo pegado a su cuello, me tiro de la mano con extrema urgencia, quería llevarme hacia la oscuridad del bosque.

— ¿Qué ocurre Maggie? — pregunte al ver su rostro asustado.

Parecía una niña, una niña con mucho miedo.

— Tienes que correr Edward — susurro soltando mi mano aterrado y viendo hacia en frente — tienes que correr deprisa Edward — me urgió caminando lentamente hacia atrás.

Tuve una sensación de deja vu. Ya había soñado con esto. Sabía lo que pasaría. Me gire al frente a esperar que apareciera Isabella, la vería con tu tez reluciente y sus ojos peligrosos, ella me llamaría, estaría tan hermosa como un ángel con los colmillos filosos y puntiagudos reluciendo en su sonrisa…

… pero algo me llamo la atención, a mi derecha Maggie grito con todas sus fuerzas y se desplomo en el suelo con el cuerpo temblando y sufriendo espasmos.

— ¡Princesa! — chille lanzándome al suelo pero desapareció.

Me quede tirado sin saber que ocurría hasta que un aliento pesado a mi lado me hizo girar la cabeza. Lo primero que vi fue un enorme colmillo que sobresalía entre un espeso pelaje. Me eche hacia atrás cagado de miedo, había un enorme lobo frente a mí, sus ojos eran oscuros e inteligentes y todo su pelaje era muy parecido a la nieve, blanco y muy espeso, era gigante, más grande que un oso de hecho. Sus ojos me querían decir algo, automáticamente me recordaron al lobo del prado, era como si me miraban e intentaban decirme algo… algo importante.

Me quede prendado en ellos, intentando poder descifrarle, eran tan oscuros y tan inteligentes… el lobo movió la cabeza y mostro los dientes gruñendo, sabia a lo que estaba gruñéndole, pero eso no llamo mi atención, lo que sí lo hizo es que el lobo alrededor de su cuello cargaba el colmillo… el mismo colmillo que siempre cargaba Maggie alrededor del cuello.

Sentí el golpazo con la piso cuando me levante casi que gritando, enterré mi cabeza en la almohada y empecé a golpear la cama como un poseso. Ahora recordaba todo. Hasta la última palabra que me había dicho la princesa, incluyendo que su corona no era exactamente como una corona debería ser.

Tenía algo atorado en la garganta, intente tragarlo pero no pude, entonces escupí la palabra: — Hombres lobos — solté ahogándome.

Esa palabra era lo que me impedía respirar, termine por echarme en el suelo ya que mi mundo entero se tambaleo ¿Qué clase de lugar era este?

 

¿Podía existir un mundo donde las antiguas leyendas vagaran por las fronteras de las ciudades pequeñas e insignificantes para enfrentarse a monstruos míticos?

 

Una vocecita me recordó lo bien que había llevado la existencia de los vampiros pero… ¿No era suficiente un mito por persona? Supongo que no, o al menos no para mí.

Además no hubo ni un solo momento en que Isabella dejara de ser algo menos que extraordinaria. No era sorpresa saber que era más que un simple humano. Aunque Maggie ¿Maggie? ¿Mi Maggie? Era solo Maggie, ella que era la única humana con la que había sido capaz de relacionarme… y resulta que ni siquiera es una mujer. 

¿Qué mierdas decía eso sobre mí? Yo era un fenómeno y había algo mal en mí.

Era un jodido fenómeno, no uno increíble y mítico como ellos, sino uno que se preocupaba tanto por ellos que cuando se largaban a seguir con sus fantásticas leyendas quedaba desangrándose lentamente.

Ahora todo estaba claro en mi mente. No había ninguna secta, nunca la hubo, se trataba de una… manada. ¡Dios! Me levante de golpe mareándome el proceso, revise la hora y era demasiado temprano, pero tenía que ver a la princesa y que ella me confirmara que no me estaba volviendo loco.

— ¿Y tú vas…? — pregunto Anthony viendo como buscaba las llaves frenéticamente.

— donde Maggie —

— pero el asunto de ustedes peleando…—

— Iré a que me dé una explicación —

— Oye espera — me atajo antes de que saliera por la puerta y me puso las manos en ambos hombros — sé que estás enojado por lo de Sam y preocupado… pero cuando una chica dice que necesita tiempo… es porque necesita tiempo — lo mire arrugando la frente y tratando de entender los consejos amorosos de mi padre.

Probamente tenga razón pero no es como si Maggie fuera una chica cualquiera.

— volveré pronto ¿vale? — Dije abriendo la puerta, lo escuche salir detrás mío — prometo que no acosare a nadie, ella me pidió que fuera — voltee para tratar de calmarlo y hacerle entender que no tendrá que detenerme por no saber respetar los deseos de una chica pero me detuve en seco, su rostro lucia diferente — ¿estás bien? —

— ¿Vas directo a La Push? —

— Por supuesto — afirme seguro — ¿Algún problema? —

— Es sólo que... Bueno, los lobos han protagonizado otro ataque. Ha sido cerca del balneario, junto a las fuentes termales. En esta ocasión hay un testigo. La víctima se hallaba a diez metros del camino cuando desapareció. La esposa vio a un enorme lobo gris a los pocos minutos, mientras le estaba buscando, y corrió en busca de ayuda —

El estómago me dio un vuelco como en el descenso de una montaña rusa.

— ¿Le atacó un lobo? —

— No hay rastro de él, sólo un poco de sangre de nuevo — el rostro de Anthony parecía apenado — Los guardias forestales patrullan armados y están reclutando voluntarios con escopetas. Hay un montón de cazadores deseosos de participar. Se va a ofrecer una recompensa por las pieles de lobo. Eso significa que va a haber muchas armas ahí fuera, en el bosque, y eso me preocupa — sacudió la cabeza — Los accidentes se producen cuando la gente se pone nerviosa —

¡Santa mierda!

 

— ¿Vais a disparar a los lobos? — grite alarmado.

— no me digas, ahora que aparte de ser ya un quileutes… — señalo mis brazos llenos de pulseras y mi cabello con una sonrisa a medias — ¿te volverás un loco fanático ecologista? — negué con la cabeza buscando la manera de entrar a la camioneta.

Cuando logre sentarme estaba choqueado, no había relacionado los lobos con los montañistas desaparecidos. Mierda.

— solo ve en carretera y al pueblo ¿Vale? — ordeno ya con el rostro serio.

— si jefe — murmure encendiendo el cacharro, lo estudie más detalladamente y por primera vez vi que cargaba la pistola en el cinturón — no iras a ir por esos lobos ¿O sí? —

— Alguien tienes que hacerlo — se encogió de hombros.

— ¡Pues no tienes que ser tú! — me queje golpeando el volante.

El soltó un silbido cuando vio mi repentina ira. 

— Pues chico, soy el jefe, es mi deber — supuse que vio algo en mi rostro que lo hizo ablandarse un poco — ¿no tienes ganas de desayunar? Creo que es muy temprano para ir a ver a Maggie — asentí apagando el motor.

Estaba de acuerdo. Y también aprovecharía el tiempo para hacerle cambiar de opinión. Él no podía ir, no debía. Cuando ya estábamos adentro solo nos limitamos a desayunar, no dijimos otra palabra y tampoco es que supiera que decir. Pensándolo bien hasta la fecha solo había desaparecido forasteros, quizás eso signifique algo, por muy pequeño que sea.

Necesitaba creer que al menos a Maggie si le importaba, así que debía avisarle ¿O no? ¡Joder! Esto era difícil porque Maggie era mi mejor amiga, una especial de hecho, una con la que había pensado varias cosas, debía avisarles que Anthony ira por sus cabeza pero ¿Debía? ¿Y si eran realmente asesinos? ¿Si ella era un monstruo?

Cuando Anthony se despidió y se fue no pude hacer nada más que quedarme quieto, no podía ir y detenerlo pero tampoco sabía si debía advertirle a Maggie. Cuando pensaba en eso no podía evitar las comparaciones pero no sabía porque ellos asesinarían gente ¿Apetito, sed o simple morbo? Al menos de los Cullen no eligieron ese camino. Resultaba difícil decidir qué hacer sin saber nadas más sobre la naturaleza fantástica de mi amiga.

Si la manada de Maggie había elegido un camino que saciara los más profundos deseos de su naturaleza. Entonces bien.

La cosa era… ¿Qué carajos iba a hacer yo?

 

¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡HOLAAAAAAAAAAAAAAAAAA!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!

Vaya… cuanto tiempo.

Espero no haberlas decepcionado. Han paso miles de cosas desde la última vez que asome mi nariz por aquí. Pero es algo que poco a poco les contare.

Gracias por todo. Cuando no tenía nada en que creer simplemente entraba a mi cuenta y podía ver que al menos ustedes creían en mis historias que son mi espíritu. Creían en mí. Eso me daba muchos ánimos. Ahora me encuentro residiendo en Perú. El trabajo es duro. La vida es dura. Y esta cuarentena es peor. Cuídense mucho ¿vale? Aprecio todo el apoyo, muchas gracias por todo enserio.

Espero poder poco a poco contarles todo lo que he vivido no es tan emocionante como Edward pero al menos me servirá de excusa para disculparme por ausentarme tanto.

Gracias por todo y espero ansiosa sus preciosas palabras.

Les deseo lo mejor, como que Edward Mesen trate de hacerles olvidar hasta el nombre.

Capítulo 11: Capitulo 11

 
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