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-¡No!
Edward Cullen levantó la vista cuando su sobrina se precipitó en la habitación, mirando con ojos desorbitados la pistola que él estaba limpiando sobre el escritorio. Él le lanzó una mirada de impaciencia antes de volver a examinar el arma.
-Ya es demasiado tarde, Nessie.
-¡Ya lo has matado! -exclamó ella. El no la miraba, de manera que no vio que el color desaparecía de las mejillas de ella.
-He enviado un hombre a su casa. No tuve dificultad en averiguar la dirección esta mañana. Pronto vendrá aquí para discutir el lugar y la hora.
-No, no, no!...
-Cuando él la miró, los ojos de ella lanzaban chispas.
-Vamos Nessie -empezó Edward, pero ella se adelantó hacia él.
-¿No tienes otra solución aparte de esa? -señaló con el dedo el arma que él tenía en la mano- Creí que anoche habíamos hecho un pacto.
-Eso fue antes de que la hazaña de Black se convirtiera en la comidilla de Londres.
¿O acaso no estás enterada de que tu nombre está en boca de todos, esa mañana?
Nessie se estremeció, pero dijo tranquila:
-Lo sé. Acabo de abandonar una sala llena de mujeres que no pudieron retrasarse en expresar sus simpatías.
-¿Y qué les dijiste?
-Bueno, no podía negar lo que había sucedido, porque el cochero de lady Eddington presenció todo. Pero mentí diciendo que me había traído enseguida, que lord de Montieth se había dado cuenta de su error.
Edward movió la cabeza.
-Cosa que no creyeron, ¿no es así?
-Bueno... no -reconoció ella de mala gana.
-Porque ese maldito cochero esperó toda una hora a que regresaras, y todos lo saben. Y no se necesita una hora para que ocurra lo que dicen que ha ocurrido. El hecho de que mientas en eso, sugiere que tienes algo que ocultar.
-¡Pero eso no es verdad!
-¿Y desde cuándo los apasionados por el chisme han tenido en cuenta la verdad?
-Oh, ¿qué voy a hacer, Edward? -exclamó ella angustiada.
-Tú no harás nada. Soportarás lo que suceda con el apoyo de tu familia. Pero él pagará el precio por haber manchado tu buen nombre.
-No debes retarle a duelo.
Los ojos de Edward se estrecharon.
-Si no lo hago yo, lo hará Carlisle, y Carlisle se dejará matar. No tiene mi puntería.
-¡Nadie morirá, Edward!-dijo Nessie, como si el asunto dependiera enteramente de ella-
Tiene que haber otra solución. Para eso he venido. Pero temí que ya fuera tarde para alcanzarte antes de que dejaras la ciudad. ¿Cómo descubriste lo que pasaba?
-Lo cierto es que ya me iba de Londres y mi buen amigo George me visitó para anunciarme que el gato se había escapado de la bolsa. Ha sido una suerte que yo me haya retrasado en partir esta mañana, le ahorramos un infarto al viejo Carlisle, además, creo que el habría de hecho de todo esto un desbarajuste.
-Al menos su solución no habría sido la de tomar la primera pistola que encontrara a mano -replicó ella.
Edward hizo una mueca.
- La verdad es que el tío Carlisle no salió como tenía planeado esta mañana, surgió un asunto de negocios ayer en la fiesta y está estudiando las propuestas. Ha estado toda la mañana encerrado en su despacho. Y allí sigue. Tía Esme dice que procurará ocultárselo todo el tiempo posible. Pensé que tal vez no iba a importarte...
-Cobarde!.. Carlisle es capaz de hacer volar el techo.
-Bueno, por suerte él tardará un tiempo en enterarse.
-No cuentes con eso, gatita. Se enterará hoy a última hora, mañana a más tardar, en algún momento tendrá que salir de su despacho, además nada se le escapa a Carlisle. Incluso yo no estoy a salvo de sus ojos, que todo lo ven. ¿Cómo crees que ha averiguado tan pronto mis tremendas escapadas?, para eso me obligó a que lo acompañara al campo, quiere tener una charla de hermano a hermano junto a sus rosas…
Nessie gimió. Esto iba de mal en peor. Carlisle era capaz de enfadarse. Además, era un hombre de rígidos principios. Cuando se trataba de alguna cuestión de honor, no doblegaba.
Para él sólo existía otra solución y, si eso no daba resultado, limpiaría las pistolas de la misma manera que lo estaba haciendo Edward. Pero la primera solución era imposible. Jacob Black nunca estaría de acuerdo. Preferiría enfrentarse a uno de los tíos en el campo de honor, antes que verse obligado a casarse, estaba segura.
Se mordió el labio inferior.
-Debe haber algo que podamos hacer Edward, alguna historia que podamos inventar.
-Podemos inventar una docena, gatita, pero nadie creerá ninguna. Lo malo es que
Black ha seducido antes a doncellas inocentes como tú. El hecho de que hayas estado sola con él, aunque no fuera contigo con quien quisiera estar a solas, implica que él se aprovechó de la situación. Es un demonio tan apuesto, que se supone que no hubieras podido resistirle.
Esto es lo que pensará la gente. Y lo que se comentará.
Nessie se ruborizó y miró hacia otro lado, incómoda.
-No sé siquiera por qué estoy discutiendo esto contigo -añadió Edward tajante- Sólo queda una cosa por hacer y me corresponde a mí.
Nessie suspiró.
-Tienes razón, naturalmente, no sé por qué me he opuesto tanto.
Él levantó la ceja, desconfiado.
-Nada de trampitas, Nessie.
-No son trampas. Tienes que hacer que se case conmigo. No hay otra solución.
-¡Maldición! -Edward dio una patada en el suelo, furioso- No es digno de ti...
-Sin embargo...
-No, y no mil veces. Y no creas que no te entiendo, Renesme Masen. Crees que esto solucionará tu otro problema y que ya no tendrás que buscar un marido.
-Ya que lo mencionas... oh, Edward, en verdad no me molestaría tenerlo de marido, te juro que no me incomodaría. Y se te parece.
-Se me parece demasiado, y es por eso que no te conviene.
-Pero también hay incluso algo del tío Carlisle en él. Vamos, quedó abrumado cuando le sugería que lo que había hecho iba a arruinar mi reputación e iba a tener que casarse conmigo.
-¿Le dijiste eso?
-Ese era mi estado de ánimo. Y él se enfadó. Actuó como hubiera actuado el tío Carlisle.
-¿Cómo dices? Ese...
-No, no, Edward. ¿No ves que es perfecto? Se parece un poco a ti... a todos vosotros. Es lo que yo andaba buscando. Además, me gustaría intentar reformarlo.
-Ese hombre nunca cambiará, Nessie -insistió Edward-. Nunca podrás vivir tranquila.
-Oh, no lo sé -Nessie sonreía-. Podemos afirmar eso de ti, pero no lo estamos tan seguros acerca de él. Y le gusto. Eso es algo.
-No seas tonta, Nessie -dijo Edward- Te deseaba. Pero deseará también a otras mujeres, y correrá tras ellas. No será un marido fiel.
- Eso lo sé -dijo ella muy tranquila.
-¿Y sigues queriendo casarte con él?- Ella no quería verlo muerto. Y esa era la alternativa.
-Después de todo -dijo tranquilamente- él debe arreglar esta situación. Me ha metido en un escándalo, y a él le corresponde sacarme de esto. Es una solución pacífica y estoy segura de que el tío Carlisle estará totalmente de acuerdo.
-No puede decirse ante mis ojos que sea lo que merece Black -dijo Edward furioso- Te conseguirá a ti en el trato, pero tú seguirás sufriendo.
-El no lo ve así, Edward. Lo cierto es que estoy segura de que va a rehusar.
-Bien -Edward sonrió y volvió a limpiar su pistola.
-Oh, no -dijo Nessie- debes prometerme que harás todo lo posible para convencerlo,
Edward.
-Está bien -asintió él.
Sonreía de una manera que a ella le dieron ganas de pegarle. Conocía demasiado bien aquella sonrisa.
-Quiero que tío Carlisle esté presente cuando hables con él -dijo desconfiada.
-Pero tu vizconde estará aquí pronto, gatita -le recordó él.
-Entonces, ven conmigo a ver ahora al tío Carlisle. Deja un mensaje para lord Montieth diciéndole que vuelva esta noche. Y -añadió lentamente, desatando la bufanda- creo que el tío Carlisle debería ver esto para que comprendiera hasta qué punto es importante obtener el consentimiento de Jacob.
La cara de Edward se ensombreció.
-Dijiste que sólo te había besado. - Ella volvió a atar la bufanda y su aire era perfectamente inocente.
-Bueno, ese cardenal es la huella de un beso Edward.
-¿Cómo se ha atrevido a marcarte como si fueras parte de su ganado?- Nessie se encogió de hombros, eludiendo con cuidado los ojos de su tío.
-¿Crees que el tío Carlisle tomará a mal la marca y asumirá lo peor?. No crees que quieran apresurar la boda, ¿verdad? Yo preferiría esperar unos meses para que mi primer hijo nazca después de un tiempo correcto.
-Esto es un chantaje, Nessie.
Ella abrió mucho los ojos azules.
-¿De verdad?
-Carlisle debía haberte dado un pellizco en el trasero cuando por primera vez mostraste ese talento para manejar a la gente.
-¡Lo que dices es horrible! -dijo Nessie, conteniendo el aliento.
Él rió entonces y movió la cabeza.
-Deja de representar tu comedia, gatita. Haré que tu vizconde se case contigo, de una u otra manera.
Ella lo abrazó, y su deleite era evidente.
-¿Y no volverás a hablar de matar a nadie?
-A nadie que importe -suspiró él- Como Carlisle es el más lógico de nosotros, el más capaz en los negocios, quizás se le ocurra algo para convencer a ese caballero sin recurrir a la violencia.
Se apartó de ella y guardó la pistola.
-Dices que Black no estará de acuerdo Nessie, y, cuando un hombre es terco, se necesita persuasión para que cambie de idea. Y tú también puedes cambiar de idea, ¿sabes? -
La miró intensamente.
-No. Cuanto más pienso en ello, más cuenta me doy de que esto es lo que conviene hacer.
-Puede llegar a odiarte por eso, ¿sabes? ¿No se te había ocurrido?
-Sí, puede que así sea, pero me arriesgaré. No pensaría en el casamiento, si él no me hubiera encontrado atractiva. Pero intentó seducirme... intentó, he dicho. Ese hombre ser mi marido, Edward. Dile al tío Carlisle que no aceptaré a ningún otro.
-Está bien, entonces -replicó Edward, y añadió con una mirada penetrante- Pero no te quites esa maldita bufanda, ¿quieres? No hay motivo para que mi hermano piense peor de su futuro sobrino político de lo que ya van a pensar.
Eran las diez y media de la noche y Jacob esperaba en su carruaje ante la casa de Carlisle Cullen. Se había demorado media hora para la cita, pero no hacía movimiento alguno para dejar el coche.
Tenía que adivinar qué era todo aquello. Había entendido muy bien por la mañana la convocatoria de Edward Cullen, pero, como la cita no había tenido finalmente lugar, ya no sabía qué pensar. No imaginaba a Carlisle, el correcto padre de Benjamín, exigiendo un duelo. Pero, ¿qué podía ser entonces? ¡Demonios!
Nessie observaba el oscuro coche desde una ventana alta, y su nerviosismo se había convertido en terror. A él no iba a gustarle lo que ella había puesto en marcha. No, seguramente no. Pero debía sospechar para qué había sido convocado allí. ¿Por qué vacilaba en entrar, si no era por eso?
Oh, el tío Carlisle había tenido bastante que decir acerca de lord Montieth, y con un énfasis, que hizo saber a Nessie exactamente lo que le esperaba. Había conocido a la familia Black desde hacía años, y lo cierto es que había sido muy amigo del padre de Jacob. De manera que Nessie estaba ahora enterada de todo, incluidas las historias de otras muchachas a las que había involucrado en grandes escándalos, por haber tenido la debilidad de sucumbir ante sus encantos. Jacob era un hombre irresponsable, sin conciencia, podía mostrarse frío, arrogante, de mal carácter. El encanto que desplegaba ante las mujeres no era por cierto todo lo que había en él. Sí, Nessie lo escuchó todo, pero pese a la desaprobación que aún mantenía el tío Eddie, no cambió de idea.
Nessie estaba usando la habitación de Alice para espiar por la ventana, agradeciendo al cielo estar sola arriba. La tía Esme había partido con Alice después del desayuno a la casa de campo de los Cullen a las afueras de Londres, aunque Alice se fue pataleando y berreando como una bebe, este quizá fue el mejor momento del día para Nessie. Que se le permitió quedarse, con el fin de que no tuviera que esperar hasta el día siguiente para saber cuál iba a ser su destino. Aunque tenía que permanecer arriba y no intervenir, pasara lo que pasara. El tío Carlisle se había mostrado irreductible en esto. Aunque ella oyera que el infierno había estallado dentro de la casa, no debía aventurarse a bajar.
Jacob entregó su sombrero y sus guantes y lo hicieron pasar a la sala. La casa le sorprendió, porque era mucho más grande de lo que parecía desde fuera. Los dos pisos altos eran probablemente dormitorios, pensó, y la parte de abajo lo bastante grande como para incluir un salón de baile.
-Le esperan, milord -anunció el lacayo, cuando llegaron a la puerta de la sala. La cara del criado no tenía expresión alguna aunque su tono revelaba la desaprobación. Jacob casi soltó la risa: sabía que se había demorado. Pero todo el buen humor desapareció cuando el lacayo abrió la puerta y la cerró tras de Jacob. En un sofá color crema estaba sentada Sarah Marston, es decir su tía solterona y, al lado de ella, estaba Sue Black, su formidable abuela. En ese momento parecía dispuesta a llamar la ira de Dios sobre la cabeza de su nieto.
Bueno. Iban a ponerlo sobre el tapete, ¿verdad? Iba a recibir una reprimenda de su propia familia, junto con la de la familia de Renesme. Pero lo sorprendente es que no hubieran convocado a su "madre", Sulpicia. ¡Cómo se hubiera divertido con todo esto!
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