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-Lamento que no hayas podido ir al baile- Jacob, detuvo su carruaje unas pocas puertas más allá de la mansión de Edward Cullen. Sus ojos acariciaban la cara de Nessie. Ella sonrió.
-Apostaría a que lamentarías más que lady Eddintong haya podido asistir.
-Perderíais la apuesta -dijo él con un suspiro- De todos modos no sé por qué lo hice. La bebida, creo. Pero ahora me importa un comino.
-Mentira. Estabas celoso cuando creíste que ella estaba con Ed.
-Otro error…. Nunca he estado celoso en mi vida, de nada ni de nadie.
-Vamos, eres un ser afortunado...
-¿No me crees?
-No veo otro motivo para querer encerrar esta noche a vuestra querida. Ni siquiera habías pensado pasar la velada con ella.
El rió.
-Lo dices con un aire muy mundano- Ella se ruborizó en cuanto él dijo eso, no era de una dama hablar de esas cosas.
-En todo caso, no lamentes que yo me haya perdido el baile. Yo no lo lamento.
-¿Por haberme conocido? -se aventuró a decir él- Me das más y más esperanzas… amor!- Ella se puso muy erguida.
-Lamento desilusionarlo, lord Montieth, pero no es ese el motivo. Esta noche hubiera preferido quedarme en casa.
-Y yo también, si estuvieses conmigo por supuesto… Pero aún hay tiempo, ¿sabes?- dijo con una pícara sonrisa que logró sonrojar aún mas a Nessie- Podríamos volver a mi casa.
Ella movió la cabeza con ganas de reír. Lo cierto es que, desde que lo había conocido,
Sentía una ridícula necesidad de reír por la pura dicha de hacerlo. Burbujeaba. Pero sabía que debía dejarle ahora y olvidar esta noche.
-Tengo que irme -dijo suavemente.
-Supongo que no hay más remedio. -Los dedos de él se cerraron sobre la mano enguantada de ella, pero no hizo movimiento alguno para ayudarla a bajar del coche. Le apretaba la mano como si quisiera que se quedara allí- Quiero que me permita besarla antes de que se vaya.
-No.
-Nada más que un beso de despedida.
-¡No!
Con la mano libre le tocó la mejilla. No se había preocupado por recoger los guantes o el sombrero antes de salir de la casa, y los dedos desnudos estaban calientes al contacto con su piel. Nessie no podía moverse, y esperó sin aliento que él le robara el beso que ella le rehusaba.
Lo hizo, y sus labios se apretaron contra los de Nessie en un beso que no se parecía a ninguno que ella hubiera recibido antes. Cálidos y dominantes, sus labios probaron los de ella hasta que Nessie sintió que estaba a punto de estallar.
-Bajemos antes de que pierda la cabeza -dijo él rudamente. La pasión volvía densa su voz.
Nessie estaba deslumbrada cuando él la ayudó a bajar del carruaje y la guío hasta la casa de su tío.
-Es mejor que no vengas conmigo -murmuró ella. Las lámparas ardían a ambos lados de la puerta, y pudo imaginar que la puerta se abría y que Edward se enfrentaba a Jacob Black con una pistola en la mano- No es necesario que me acompañes.
-Mi querida, he hecho cosas muy reprobables, pero nadie podrá decir que no soy un caballero, y un caballero debe acompañar a una dama hasta la puerta de su casa.
-¡Tonterías! Eres un caballero sólo cuando quieres serlo, y ahora quieres ser terco.
Jacob rió al notar la ansiedad de ella.
-¿Temes por mi seguridad?
-Sí, temo...- suspiro- Edward es muy agradable casi siempre, pero, a veces no puede dominar su carácter. No debe verlo hasta que yo no le haya explicado que no ha pasado nada del otro mundo.
Jacob se detuvo e hizo que ella se diera la vuelta para quedar frente a él.
-Si tiene tan mal carácter, no dejaré que le vayas a solas.
¡El quería protegerla de Edward! Le daban ganas de reír, pero se contuvo.
-Tendrías que entender cómo son las relaciones entre Ed y yo para saber que soy la última persona que debe tenerle miedo. Somos muy amigos, ¿sabéis?... Estamos muy unidos y generalmente él cambia cuando yo estoy a su lado. Siempre lo ha hecho, incluso ha renunciado meses enteros a sus aventuras. Usted debería darse cuenta de lo que esto significa. -terminó secamente.
El la hizo avanzar, sonriendo.
-Admito sus razones. Pero hay un motivo en todo lo que hago, y la acompañaré hasta la puerta de la casa.
Ella empezó a protestar de nuevo, pero ya estaban ante la puerta. Ella se puso tensa, rogando que no los hubieran oído, que la puerta no se abriera. Se volvió para mirar a Jacob y murmuró:
-¿Qué motivo puedes tener para...?
Pero él la interrumpió, descarado.
-¿Ves? Ahora tengo un pretexto para volver a daros un beso de despedida.
La envolvió con sus brazos, su boca se acercó buscando la de ella. Aquella era la pasión, una pasión caliente, abrasadora, que la derretía uniéndola a él. Nada más importaba.
En aquel momento ella le pertenecía. Jacob terminó el beso en el momento en que la pasión casi lo arrastraba. La apartó bruscamente, pero sin soltarla, sus dedos se clavaban en los brazos de ella. La mantuvo allí en la distancia de los brazos extendidos, la respiración entrecortada, los ojos ardientes.
-Te deseo, dulce Renesme. No me hagas esperar demasiado antes de reconocer que me deseas también.
Nessie tardó un momento en darse cuenta de que él la había soltado y que se alejaba caminando. Sintió un loco deseo de correr tras él, pero se contuvo. No era fácil. Su corazón volaba y sus piernas no le respondían.
«Contrólate, tonta», se reprendió. « ¡Te han besado antes! ¡Ah, pero nunca de este modo!»
Nessie esperó hasta que Jacob subió a su coche y entonces, de mala gana, se dio la vuelta, abrió la puerta y entró. El vestíbulo y el salón estaban brillantemente iluminados, pero afortunadamente vacíos. La puerta que llevaba a la biblioteca de Edward estaba abierta y la luz surgía de allí. Avanzó lentamente, esperando que Ed estuviera ahí y no recorriendo
Londres en su búsqueda.
El estaba sentado ante el escritorio con la cabeza entre las manos, los dedos metidos en el tupido pelo negro, como si hubiera querido arrancarlo en mechones. Un botellón de brandy y un vaso estaban ante él.
Al verlo tan desesperado Nessie se tranquilizó. La culpabilidad la ayudó a recomponerse. En tanto que ella disfrutaba de los momentos más dulces de su vida, la persona que significaba para ella más que nada en el mundo había estado enferma de preocupación. Y ella ni siquiera había corrido. Se había tomado su tiempo, disfrutando de cada minuto con
Jacob. ¿Cómo podía haber sido tan egoísta?
-Ed...
Él la miró sobresaltado. Después la sorpresa y el alivio lavaron sus hermosas facciones.
Corrió hacia ella y la estrechó entre sus brazos, apretándola tanto que, por un momento, ella creyó que le iba a romper las costillas.
-¡Dios me valga, Nessie! ¡Estaba casi loco de preocupación! Nunca me había sentido tan mal desde que Emmett te llevó consigo para... bueno, eso ya no importa. -La apartó de sí para poder mirarla de arriba abajo- ¿Estás bien? ¿No te han hedió daño?
-Estoy muy bien, Ed. De verdad.
Y también tenía muy buen aspecto. Ningún desgarrón en el vestido, ni un rizo fuera de lugar. Pero había desaparecido durante tres malditas horas, y él había imaginado las cosas que podían pasarle...
-¡Le mataré mañana por la mañana a primera hora, en cuanto descubra dónde diablos vive!
Nessie comprendió que era por esto por lo que no se había presentado a golpear la puerta de la casa de Jacob.
-Todo fue perfectamente inocente, Ed -empezó a decir- Un error...
-Ya sé que fue un error, Nessie. El idiota del cochero me lo aseguró. Insistió todo el tiempo en que Black iba a traerte de vuelta en cualquier momento, que él y lady Eddintong eran... bueno, creo que ya entiendes lo que quiero decir. Ah, maldición!...
-Sí -Nessie sonrió ante la incomodidad de él- Entiendo lo que quieres decir –después empezó a convencerlo-. El pobre hombre creyó que tú y su...
-No lo digas. Eso no es excusa de todos modos.
-¿Pero no puedes imaginar su cara, Edward cuando vio que se había equivocado de dama? -Nessie rió. -Oh, me gustaría haberlo visto.
Edward frunció el ceño.
-¿Cómo es posible que no lo hayas visto?
-No estuve presente. Me dejó en su casa y se fue al baile. Lo único que quería era hacer que lady Eddintong no asistiera al baile. Puedes imaginar la desagradable sorpresa que tuvo al encontrarla allí. No sabía quién era la persona que había encerrado en su casa.
-¿Te encerró en su casa?
-Pero estuve muy cómoda -aseguró ella con rapidez- De manera que, como ves, no permanecí con él todo el tiempo... en verdad estuve muy poco a su lado. No pasó nada, y me trajo aquí de vuelta, sana y salva.
-No puedo creer que lo estés defendiendo. Si yo hubiera sabido dónde vive, ya estaría muerto. El tonto del cochero no lo sabía. Mandé un hombre a hacer averiguaciones en los clubes, pero, a causa de ese condenado baile, los clubes estaban casi desiertos. Cuando mi hombre volvió a informarme que no había averiguado nada, yo ya estaba dispuesto a ir a casa de Shepford en busca de alguien que me diera la dirección de ese canalla.
-Y entonces el tío Carlisle se habría enterado de que yo no estaba contigo, y todo el infierno se habría destapado -terminó ella- Es una suerte que no hicieras eso. De este modo nadie sabe que no he estado toda la velada contigo. Así que lo único que nos queda por hacer es decidir si me quedaré aquí o si debo volver a casa de tío Carlisle. ¿Qué sugieres?
-Oh, no! -él vio hasta el fondo del juego de ella- No lograrás que olvide esto.
-Pues si no lo olvidas estropearás mi vida -dijo ella muy seriamente- Porque nadie creerá que he pasado tres horas en casa de lord Jacob y he salido con la virtud intacta. Y estoy intacta, quiero que lo sepas.
Él la miró furioso.
-Entonces no le mataré. Pero le daré una lección que de verdad necesita.
-Pero si no ha habido daño alguno Edward… -insistió ella con pasión- Y... yo no quiero que le hagas daño.
-¿Que no quieres? ¡Por Dios!, tienes que decirme por qué!
-Me gusta -dijo ella simplemente- Me recuerda a ti.
Lord Cullen se puso pálido ante la confesión de Nessie, estaba seguro que hoy iba a sufrir un infarto.
-Le mataré...
-Basta -exclamó ella- Tú nunca hubieras forzado a una doncella que no desea entregarse, y tampoco lo ha hecho él.
-¿Te besó?
-Bueno...
-Claro que te besó!... Sólo un tonto no lo hubiera hecho, y él no es tonto. Le...
-No, no lo harás -exclamó ella de nuevo- Fingirás que no pudiste averiguar su nombre y, cuando le encuentres con él, ignórale. Hazlo por mí, Edward…. porque no sé si podré perdonarte si haces algún daño a Jacob Black. Esta noche me he divertido como no me divertía desde hacía tiempo... -Tras decir esto, suplicó con sus ojitos de cordero- Por favor, tío Edward!...
Él iba a decir algo, pero cerró la boca apretando los dientes, hizo unas muecas, suspiró pesadamente y al fin dijo con dulzura:
-Ese hombre no es para ti, gatita. Lo sabes, ¿verdad?
-Sí, lo sé. Pero, si tuviera una reputación algo mejor tendería la red para atraparle.
-Tendrías que hacerlo sobre mi cadáver... -Ella le lanzó la más dulce de las sonrisas:
-De algún modo sabía que ibas a decir eso.
Nessie estaba sentada ante su tocador, contemplando soñadora el pequeño cardenal en la base de su cuello. La marca de amor de Jacob Black. Tocó la mancha. Era una suerte que no se hubiera quitado la capa anoche, al regresar a casa de Edward. Por el momento tendría que cubrirse con una bufanda hasta que desapareciera la marca.
Era tarde por la mañana y había dormido mucho más que de costumbre. Sin duda los Denalí ya habían desayunado, y si todavía estaban en casa, tendría que contar la historia en la que se había puesto de acuerdo con Edward.
Ed había enviado un mensaje a su hermano Carlisle antes que ella regresara a casa, diciendo simplemente que Nessie no iba a ir al baile, después de todo. Sólo eso, sin dar razones. La historia era que Edward no había estado en su casa cuando ella llegó, y que ella lo había esperado horas. Cuando llegó, tuvieron una charla. Y, como después de la conversación ya era muy tarde, simplemente había vuelto a su casa para acostarse. Los criados del tío Carlisle podían confirmar que el tío Edward la había acompañado y que en verdad ella había ido directamente a acostarse.
Nessie suspiró y tocó la campanilla llamando a Zafrina; después, rápidamente, buscó una bufanda en su ropero. Tampoco Zafrina debía ver aquella marca de pasión. Cuando bajo, media hora después, encontró que la tía Esme. Estaban en la sala con las visitantes: las dos lady Braddock, madre e hija; la señora Faraday y su hermana Jane; y dos damas que Nessie no conocía. Todas le clavaron los ojos cuando entró, y Nessie se sintió muy molesta por las mentiras que iba a tener que decir.
-Mi querida Renesme -la señora Faraday hablaba con un tono extrañamente comprensivo- estáis divina... sobre todo teniendo en cuenta que...
Nessie sintió que un nudo apretado se le formaba en la boca del estómago. No. No era posible. Sólo su conciencia culpable le hacía pensar que podían estar enteradas de la escapada de anoche…...
Jacob Black, cuarto vizconde de Montieth, yacía echado sobre su amplio lecho, con las manos detrás de la cabeza y su desnudez cubierta sólo por una delgada sábana. Se había tendido allí tras caminar casi una hora, pero no hizo movimiento alguno para incorporarse y afrontar el día. Hacía mucho que no perdía su habitual cabalgata matutina por Hyde Park.
No había nada inmediato que necesitara ver. Otra carta al conde de Penwich pidiéndole una respuesta acerca de la tierra que codiciaba, pero eso podía esperar. De todos modos la carta estaba destinada a ser fuente de irritación, ya que el conde nunca le contestaba.
También hubiera convenido ponerse en contacto con el gerente de su firma naviera en Southampton, para cancelar la orden de construcción de un barco. Había pensado navegar nuevamente hasta las Indias Occidentales. Pero, después de lo sucedido anoche, no pensaba dejar Londres por nada del mundo.
Ella se llamaba Renesme. Dijo el nombre en voz alta, dejando que repercutiera deliciosamente en su lengua. Renesme Dulce, preciosa Renesme, con el pelo de ébano y ojos de porcelana azul. ¡Qué ojos! Bastaba que cerrara los suyos para verlos sonriendo, riendo. ¡Oh, tenían tanta vida! Renesme, hermosa entre las hermosas, belleza sin igual.
Jacob rió ante su fantasía. Quil iba a decir que se había enamorado de pies cabeza. ¿Sería posible?... Bueno, no, claro que no. Pero no recordaba haber deseado tanto a una mujer como deseaba a Renesme Masen.
Suspiro. La tía Sarah le diría que se casara con la chica y que fuera feliz. Ella era la única, desde la muerte de su padre, que quería un poco a Jacob. Quizá su abuela le había querido, o quizás no. Era difícil decir cómo eran las cosas con Sue, la vieja tirana.
Y naturalmente, también estaba su "madre". Ella sería la última en desearle un bien. Era a causa de ella por lo que él no quería…o no podía casarse con Renesme o con cualquier muchacha de buena familia. No se casaría, al menos no lo haría, hasta que la mujer conocida ante el mundo como su madre, hubiera muerto. El cordón con el que le tenía atado moriría con ella.
Jacob arrojó lejos la sábana y se sentó, porque el recuerdo de la condesa viuda estropeaba su grato estado sublime. Era por eso por lo que rara vez iba a Silverley, su propiedad de campo. Sin embargo amaba Silverley, echaba de menos ese lugar hasta la amargura. De todos modos, las únicas veces que iba era cuando la condesa no estaba.
Y ella vivía allí casi todo el año, principalmente para mantener alejado a Jacob.
Tocó la campanilla para llamar a su lacayo, Harris, y éste le informó que lord Alden y lord Cullen le esperaban en el comedor. El no pensó en nada especial, porque estos dos amigos, con frecuencia llegaban sin anunciarse.
Cuando se reunió con ellos, un poco después, Benjamín Cullen estaba sentado junto a la mesa ante un gran plato de comida, y Quil estaba al lado del aparador, bebiendo café. Benjamín saludó alegremente y volvió a provocar a la joven criada. Quil hizo una seña a Jacob para que se acercara, con una sonrisa conspiradora.
-Ya sé quién es el pajarito que llevaste anoche a tu nido... -murmuró Quil, y cabeceó en dirección a Benjamín- El no lo sabe todavía, pero naturalmente se enterará antes de que acabe el día.
Jacob sintió como si le hubieran dado un tremendo golpe en el estómago. Conservó la calma en la voz al murmurar:
-¿Serías tan amable de decirme cómo ha llegado hasta ti la información?
-No es un secreto -dijo Quil riendo-. De hecho apostaría a que recorrerá todo Londres antes de esta noche. Yo lo escuché en Rotten Row. Tropecé con un par de bellezas que conozco y no pudieron esperar para contarme el último chisme.
-¿Cómo? -Fue una palabra como un estallido, lo bastante fuerte como para merecer que
Benjamín mirara, aunque después volvió a prestar atención a la doncella.
-Lady S. ¿sabes? Al parecer su cochero creyó que ella iba a estar muy interesada en enterarse de tu maligno plan. Y ¿sabes? le cosquilleaba la idea de que habías estado lo bastante celoso como para hacer algo tan desusado. Y no pudo esperar a contar la historia a sus queridas amigas... e incluso a las que no son tan queridas. Oh, ha tenido una mañana muy ocupada regando la historia por todo Londres.
-¡Maldita ramera!
-Sí, claro, pero si yo estuviera en tu caso, me iría de Londres por un tiempo.
-¿Y dejarías a la joven para que se enfrentara sola a esto?
-eso es algo que nunca te había preocupado antes.
Por esta frase, Quil recibió la más sombría de las muecas.
-No me ladres, Jake. Ella lo tolerará mejor que tú, sin duda se casará, como se han casado tus otras doncellas inocentes, y vivirá feliz. Pero tenemos que pensar en el tío de Benjamín, por no hablar del padre de Benjamín. Esa chica tiene unos parientes que pedirán tu pellejo. No saldrás ileso por haber comprometido a esta chica como has hecho con las otras.
-Maldición, no la he tocado...
-Claro que no la has tocado, pero nadie lo creerá -dijo Quil significativamente-. Lo mejor que puedes hacer es marcharte antes de que uno de sus tíos te rete a duelo.
En aquel momento Tyndale uno de los sirvientes de la casa apareció en la puerta y anunció:
-El criado de lord Cullen quiere deciros unas palabras, milord.
Benjamín levantó la cabeza, sorprendido, al ver al criado que estaba de pie detrás de Tyndale.
-Oh, Jake, debe tratarse de algún error... Ese hombre no está a mi servicio.
-No pensé eso -murmuró Jacob, y Quil gruñó.
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