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SE ACABO Y AÚN NO LO CREO T_T… VERDAD QUE ESTUVO LINDA?... por fin nuestros protagonistas ordenaron su vida y dejaron de ser tan per tan tan tontos…. Ahora que me dicen de Jake?.. se merece todavía esos golpes?... Prisci y yo estamos encantadas de haber hecho est proyecto para uds y espro que se hayan divertido tanto como nosotras, las esperamos en la próxima historia
"SAGA DINASTIA CULLEN II: EMBAUCANDO AL AMOR"….
Nessie atravesó la sala, abrió la puerta del cuarto de Jacob y rápidamente se deslizó dentro. A la derecha estaba el vestidor, la puerta que daba al corredor y, al lado, el gran bario, una gran habitación cuadrada con paredes y suelo de mármol azul y numerosos y grandes espejos. Grandes estantes contenían toda clase de frascos y potes, toallas, aparatos para afeitarse y para otras necesidades del señor. La bañera era grande, con grifos en forma de cupidos para el agua fría y caliente.
Jacob estaba dentro, relajado, con los ojos cerrados. Harris le tendía unas toallas, una bata y unas zapatillas confortables. Eran sólo las nueve, y los invitados de Sulpicia seguían aún en la casa.
-Buenas noches, Harris -saludó Nessie alegremente. El lacayo quedó sorprendido, pero logró cabecear para devolver el saludo. Jacob le lanzó una mirada perezosa.
-Zafrina ha estado preguntando por ti, Harris -prosiguió Nessie con aire inocente, como si tuviera costumbre de meterse en el tocador de un hombre y no fuera traída por una causa romántica.
Harris se irguió:
-¿De verdad, señora?
-Ah, si. ¿Y sabes? La noche es muy hermosa. Hay una preciosa luna veraniega. Zafrina dijo que era una noche perfecta para pasear por los jardines. ¿Por qué no vas a buscarla, Harris? Estoy segura de que a Su Señoría no le molestará. ¿Verdad, Jacob?
-En modo alguno. Vete, Harris. Esta noche ya no te necesito.
-Gracias, milord. -Harris se inclinó formalmente, luego de manera totalmente inesperada, se dio la vuelta y salió corriendo del cuarto.
Jacob rió.
-¡Apenas puedo creerlo! Harris y la agria Zafrina...
-Zafrina no es agria -replicó ella-. Y hace ya algún tiempo que son muy amigos.
-¿Florece también aquí el amor? Supongo que estás enterada de lo de Sarah y lord Barrett. Te sueles enterar de todo antes que yo.
-Estoy muy contenta por Sarah.
-¿No crees que es demasiado mayor para pensar en casarse?
-No es posible que… -dijo Nessie riendo.
-Supongo que no. -Sonrió viendo cómo ella pasaba la mano por el agua. La asió cuando llegó cerca de él y la llevó a los labios para besarla.- Tengo que darte las gracias, sabes, porque has hecho que mis sueños infantiles se realizaran. Ella nunca me lo hubiera dicho, de no haber sido por ti. ¿Sabes Nessie que es horrible preguntarse siempre quién podrá ser nuestra madre? ¿Cómo era, a quién se parecía? Tú perdiste a tus dos padres cuando sólo tenías dos años.
Ella sonrió con dulzura.
-Tuve tres tíos maravillosos que me contaron todo lo que quise saber acerca de ellos... incluso sus defectos, de los cuales no me ahorraron el menor detalle. Pero tú siempre has tenido a tu lado a tu madre, aunque no lo supieras.
-Una de las cosas que Sarah me dijo es que los hombres de la familia Black amamos una sola vez. Eso debe encantarte.
-¿De veras?
-¿No te encanta?
-Oh, no lo sé -dijo Nessie, evasiva- Te lo diré después de que hablemos. ¿Quieres que te frote la espalda?
Sacó la esponja del agua sin esperar la respuesta y se colocó detrás de él. Sonreía, pero él no podía verle la cara.
-Supongo que quieres excusas -dijo él, incómodo.
-No estaría mal.
-Te pido perdón, Renesme.
-¿De qué?
-¿Qué quieres decir con eso? -gruñó él, dándose la vuelta para mirarla.
-Quiero que seas un poco más claro, Jacob.
-Lamento haber sido tan imbécil durante nuestro compromiso.
-La verdad es que no te portaste muy bien que digamos. Pero te lo puedo perdonar.
Sigue. -Empezó a recorrerle la espalda con la esponja, después la pasó por el cuello muy lentamente.
-¿Que siga? -parecía atónito, y Nessie le arrojó la esponja a la cabeza.
-Me dejaste. ¿Oh ya lo has olvidado?- El se apoderó de la esponja.
-Maldición, ya sabes por qué lo hice- Nessie se puso al lado de la bañera y lo miró, con las manos en las caderas, los ojos llameantes.
-No estoy de acuerdo. No sé por qué lo hiciste. Es lo único que no he podido entender.
Con voz tranquila, sin huella de ira, él dijo:
-No podía seguir cerca de ti sin...
Ella le interrumpió:
-... ¿Sin?
-Sin hacerte el amor.
Se produjo un silencio total. Después ella dijo:
-¿Y por qué no podías hacerme el amor?
-Demonios -protestó él- estaba seguro de que ibas a despreciarme en cuanto te enteraras de mi origen, y yo no hubiera podido soportar tu desdén. Reconozco que he sido un gran tonto. Pero sabía que Sulpicia no se iba a quedar callada. Y en eso no me equivoqué. Aunque sí me equivoqué acerca de tu reacción al enterarte de mi nacimiento ilegítimo.
-Está bien. Acepto la explicación. Puedes seguir.
El se rascó la cabeza.
-Te he dicho la verdad acerca de Jessica. Realmente fue ella quien armó la escena que viste en el invernadero.
-Te creo.
Pero aparentemente no era esto lo que ella había querido oír.
-¡Ah, tu amigo George! Creo que... fui algo injusto con él, pero no es la primera vez que al verlo contigo me he sacado de mis casillas.
-¿Estabas celoso, Jacob? -Su buen humor emergía otra vez.
-Yo... ¡caramba, sí, lo estaba!
-Tomo nota. Puedes seguir -dijo ella, clavándole los ojos directamente.
-¿Pero qué otra cosa he hecho? -preguntó él, exasperado.
Los ojos de cobalto chispearon.
-Olvidas que tuvieron que traerte de vuelta a mi lado por la fuerza.
-¡No! -La ira de él estalló-. Ahí te equivocas yo pensaba volver. Mi barco estaba listo para partir. Estaba decidido a decírtelo todo, explicarte por qué me había comportado como me había comportado. Tu maldito tío y sus compinches llegaron la noche antes de que me embarcara.
-Oh, Dios, supongo que te enojaste tanto por la intervención del tío Emmett, que no pudiste hablarme con sinceridad.
Jacob hizo una mueca.
-No me gusta para nada ese tío tuyo. No me gusta.
-Te acostumbrarás a él.
-Preferiría que tú te acostumbraras a mí.
- Eso puede arreglarse.
-¿Entonces, no te importa que esté destinado a amar sólo una vez? -preguntó él seriamente. Pero ella no estaba dispuesta a aceptarlo. Todavía no.
-Si pudieras ser más claro...
-¿No te he dicho todo lo que querías oír?
-No lo has hecho -le respondió ella.
-Entonces, ven aquí.
-Jacob -dijo ella sin aliento- estoy vestida.
Él la metió en la bañera, encima de él.
-Te amo, te amo, te amo, te amo. ¿Es suficiente o quieres más?
-Está bien... por esta noche. -Nessie le echó los brazos al cuello. Sus labios se unieron.
Tras unos deliciosos besos, él preguntó:
-¿Y bien?
-¿y bien qué? -dijo ella, bromeando. El le palmeó el trasero-. Ah, sí, creo que yo también te amo.
-¿Crees?
-Bueno, ¿tengo que amarte, verdad, si me reconcilio contigo? ¡No, no! -gritó cuando él empezó a hacerle cosquillas- Está bien, te quiero, hombre imposible. Bajé de mi pedestal por ti, ¿verdad? Y nunca dejé de esperar que fueras a corresponder a mi amor. ¿No te alegra que haya sido tan terca?
-Terca pero deliciosa de todos modos. -La besó ruidosamente.- Tienes razón, amor, no puedes bañarte vestida. ¿Quieres que lo remediemos?
-¡No veía el momento de que me lo pidieras!...
Tras despedirse del último invitado, Jacob y Renesme se besaron ante la puerta.
-Al fin en paz -dijo él con un largo suspiro.
-Bueno, no del todo -replicó Nessie vacilante, retorciendo con el dedo la solapa de él-.
Anoche... mandé un mensaje para invitar a mi familia a pasar aquí el día. No te enfades,
Jacob. George me dijo que había visto a Eddie la semana pasada, y que estaba muy preocupado. Sé que es por ti.
-¿No podrías haberles escrito simplemente una carta? -preguntó él preocupado a su vez.
-Las cartas no son lo mismo quiero que vean personalmente hasta qué punto soy feliz. Se preocupan por mí, Jacob, y quiero que sepan que, finalmente, todo está bien.
-Supongo que tendré que aguantarlos por un día -suspiró de nuevo.
-¿No estás enfadado?
-No me atrevo a enojarme contigo, amor -lo dijo con tanta seriedad, que ella frunció el ceño, intrigada-. Tú te enfadarías también enseguida.
-¡Demonios! -replicó ella.
Jacob le sonrió. Después, palmeándole el trasero, la empujó con suavidad hacia la escalera.
-Ahora vete. Acabas de recordarme que yo también me tengo que ocupar de un asunto de familia.
Encontró a Sulpicia en el momento en que ésta salía para su cabalgata matutina, retrasada hasta después de la partida de los invitados.
-Quisiera hablar unas palabras contigo, Sulpicia. En la biblioteca si no te molesta.
Sulpicia empezó a decir que estaba ocupada, pero lo pensó y se calló. Las maneras de él no invitaban a la discusión. Bajaron juntos la escalera, sin cambiar una palabra.
-Espero que no sea muy largo -dijo ella tajante, cuando él cerró tras ellos la puerta de la biblioteca.
-No lo será. Siéntate, Sulpicia.
Ella frunció el ceño.
-Siempre me has llamado «madre».
Jacob observó el frío brillo en los ojos pardos. Siempre estaba presente cuando se quedaban a solas. Esta mujer de verdad le odiaba. Y nada podía cambiar este hecho.
-Imagina -dijo él-, de la noche a la mañana dos hermanas han cambiado de lugar. –Su cara empalideció y él añadió:- Supongo que no has tenido esta mañana oportunidad de hablar con Sarah, ¿verdad?
-¿Te lo ha dicho?
-Bueno, sugeriste que preguntara a todas las damas presentes si alguna de ellas era mi madre.
-¡Supongo que no lo habrás hecho!
-No, Sulpicia, no lo he hecho. Tú abriste la herida, pero mi mujer la curó. Obligó a Sarah a confesar la verdad. Finalmente estoy enterado de todo, y quiero decirte que lamento lo que has padecido, Sulpicia, ahora que lo entiendo todo.
-¡No te atrevas a tenerme lástima! -gritó ella, atónita.
-Como quieras -replicó él muy tenso, y ya no estaba incómodo ante la decisión que había tomado por la noche-. Te he invitado a venir aquí para informarte que, dadas las circunstancias, ya no es necesario que vivas en Silverley. Busca una casa de campo en alguna parte lejos de aquí. Te la compraré. Mi padre te dejó una renta modesta. Yo la doblaré. Es todo lo que te debo.
-¿Es esto un soborno, Jacob? -dijo ella furiosa.
-No, Sulpicia -dijo él, harto de todo-. Si quieres anunciar al mundo que no has sido tú quien proporcionó a mi padre su heredero, hazlo, por Dios. Mi mujer lo sabe y no le importa, y eso es lo único que cuenta para mí.
-¿Hablas en serio?, ¿No?
-Así es.
-Bastardo -dijo ella enfurecida-, crees que las has ganado todas, ¿no? Pero espera unos años y tu preciosa mujer te odiará... ¡cómo yo odié a tu padre!
-Ella no es como tú, Sulpicia -dijo él sonriendo.
-Siempre he detestado Silverley -dijo ella salvajemente-. ¡Sólo he seguido viviendo aquí para tenerte alejado!
-Lo sé, Sulpicia -dijo él tranquilamente.
-No me quedaré ni un minuto más -replicó ella-. ¡Y no buscaré una casa de campo, sino una mansión!
Salió apresurada del cuarto y él suspiró profundamente, agradeciendo que se hubiera ido. En verdad valía una fortuna poder recobrar su hogar, libre del resentimiento de Sulpicia.
Unas pocas horas después un coche resonó en el sendero: Sulpicia, la tía de Jacob, estaba en él. Las tres personas que estaban a la entrada de la casa suspiraron al unísono al verla partir. Sarah volvió entonces a la casa, pero Jacob se detuvo un momento, rodeando con el brazo a su mujer, manteniéndola apretada contra él, la mejilla de ella apoyada contra su cuerpo.
Se quedaron allí un largo rato, porque pronto dos carruajes y un coche aparecieron en el extremo del largo sendero. Jacob se puso tenso, pero luego se relajó. ¡Qué diablos, si Renesme los amaba, tal vez no fueran tan malos!
-Otra invasión -dijo secamente.
-No te atrevas a huir Jacob Black-le reprendió Nessie.
Siguió agarrada a él, desbordando de entusiasmo. Carlisle y Benjamín, bajaron del primer coche. Carlisle fue el primero en abrazar afectuosamente a Jacob.
-Me alegro de que hayas recobrado el juicio, muchacho. Emmett me dijo que estabas ansioso por ver a tu hijo. Espero que tus negocios no te alejen demasiado en el futuro.
-No, señor, no me alejarán. -Jacob logró contestar cordialmente, aunque su control se debilitaba ante lo que había dicho Emmett. Maldito mentiroso.
Después seguía Benjamín, y Jacob se sintió como abrazado por un oso.
-Ya era hora de que mandaras una invitación, viejo.
-Es un placer verte.
Después, les llegó el turno a los primos lejanos, los Denalí y a Esme y la pequeña Alice, todos marcharon en tropel hacia la casa, charlando alegremente. Pero en ese momento Jacob atisbo a Emmett y a Edward, de pie junto a un coche, mirándole furiosos. Se volvió para entrar en la casa, murmurando algo acerca de huéspedes no invitados. Nessie lo oyó y frunció el ceño a los tíos menores.
-¡No se atrevan ninguno de los dos! -Les advirtió, sabiendo que no era necesario ser más explícita. Ellos entendieron-Le amo y él me ama. Y si no pueden ser amigos de él, yo... ¡no volveré a dirigiros nunca más la palabra! -Y siguió a su marido a la casa, dejando afuera a Emmett y a Edward.
Emmett miró a su hermano y sonrió;
-Creo que habla enserio.
-Ya sé que habla en serio -replicó Edward, palmeando a Emmett en la espalda-. Ven, vamos a ver si podemos arreglar las cosas.
Un momento después, acorralaban a Jacob en la sala, separándole de los otros, uno a cada lado del joven. Jacob suspiró exasperado. ¿Acaso estos Cullen iban a seguir acosándole siempre?
-¿Qué desean?
-Nissan quiere una tregua, muchacho -empezó Emmett-. Y nosotros estamos dispuestos a acordarla, si usted también lo está.
-Demonios, ella se llama Nessie, no Nissan -exclamó Edward al oír a su hermano-. ¿Cuándo dejarás...?
-¿Por qué no la llamáis Renesme? -intervino Jacob.
Los dos hombres le miraron y soltaron una carcajada.
-No hay inconveniente, amigo -dijo Edward-. Usted puede llamarla como le dé la gana. Es un tipo terco que insiste en inventar nuevos apodos todo el tiempo.
-¿Y acaso «gatita» no es un invento tuyo? -replicó Emmett.
-Un término cariñoso, nada más.
-¿Y «Nissan» no es un término cariñoso?- Jacob dejó que los hermanos terminaran la discusión. Fue en busca de su mujer y la arrastró a un sofá donde la hizo sentarse a su lado.
-¿Sabes, amor? Cuando me casé contigo no sabía que también me casaba con los hermanos Cullen.
-No te molesta que los haya invitado, ¿verdad? Simplemente quería que participaran de nuestra felicidad.
-Lo sé. Y también recuerdo que dijiste que sólo por un día. Es necesario acostumbrarse a tu familia, especialmente a esos dos-. Señaló en dirección al rincón, y ella vio que Emmett y Edward continuaban su acalorada discusión. Sonrió con picardía.
-No piensan seriamente ni la mitad de lo que dicen. Y no vendrán aquí con tanta frecuencia. Vamos, el tío Emmett sale a navegar la semana próxima. Probablemente, a partir de ahora, sólo vendrá una vez al año.
-¿Y Edward?
-Bueno, el tío Eddie vendrá de vez en cuando para ver cómo estoy, pero llegarás a simpatizar con él, te lo aseguro. Es imposible que no sea así, porque los dos tienen mucho en común. Me enamoré tan rápidamente de ti porque me recordaste a él.
-Maldición -gruñó él.
-Oh, no te enfades -bromeó ella, entrelazando sus dedos con los de él- No es ese el único motivo por el que te quiero. ¿Quieres que te enumere algunos otros motivos?
-¿Podríamos escaparnos por un rato? -preguntó él, ansioso.
-Creo que eso puede arreglarse.
-Entonces sube conmigo.
-Jacob, estamos en la mitad de la tarde -cuchicheó ella.
-No puedo esperar, amor -murmuró él en su oído.
Emmett observó a la pareja que salía apresuradamente de la habitación, tomados de la mano, y Nessie se ponía la mano en la boca para sofocar sus carcajadas.
-Mira eso -dijo interrumpiendo el discurso de Edward-. ¿Recuerdas que te dije que él era el hombre para ella?
-No me lo dijiste, -replicó Edward con cariño- pero yo lo he sabido siempre.
Diosapagana: Este ha sido el final de esta historia! (Declara la autora secándose las lagrimas de alegría), espero que todas ustedes hayan disfrutado esta adaptación y que les hayamos mostrado la genial escritora que es Johanna Lindsey. Ahora las que quieran seguir con nosotras continuaremos con el siguiente libro de la saga, la cual narrara la historia de nuestro querido tío Eddie, ese delicioso bribón y libertino.
Así que antes de que cierres esta pantalla te pido un review, para que nos digas que fue lo que más te gusto, lo menos, cual fue tu personaje o escena preferida. Haznos saber que estas allí, para continuar con aun mas entusiasmo y con ansias de volver a encontrarte en el fan- fiction una vez más.
Besos, Lamidas y mordiscos. Priscila.
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