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Los guardianes estaban llegando al casi cielo
Ellos habían venido a buscarnos.
Los guardianes, eran ángeles que habían bajado a la tierra para controlar y mantener la paz entre el mundo humano y sobrenatural.
Fuimos creados cuando el mundo humano empezó a dominar, y los seres sobrenaturales querían empezar a gobernar. Por lo tanto se crearon los primero guardianes y estos bajaron a la tierra a suprimir a las criaturas. La tierra era para los humanos, no para criaturas oscuras.
Desde aquel momento cientos de guardianes han bajado a la tierra para controlarla y ellos han vuelto a subir para reclutar nuevos.
Y como dijo Baria. Yo estaba lista.
Del cielo salió un fuerte estruendo y un rayo cayó justamente sobre las nubes negras. Inmediatamente se vio a una docena de ángeles caminar hacia nosotros.
Ellos pararon y miraron a su alrededor. Ellos no brillaban, en cambio a diferencia de todos nosotros ellos lucían cuerpos humanos y no llevaban túnicas. Sobre su cuerpo iban ropas humanas. Ellos lucían color.
- Hola hermanos – dijo el más anciano, y apenas hablo el negro desapareció y un ambiente gris embargo el lugar – Es un gusto estar nuevamente con ustedes.
Todos agachamos nuestra cabeza y murmuramos bienvenidos.
- Gracias – dijo alzando una mano – ahora mi hermanos, creo que todos saben porque estamos aquí. Necesitamos más guardianes en la tierra para cumplir el mandato que se nos ha dado. Por lo tanto hermanos míos, este día quiero que todos aquellos que estén dispuestos a unírsenos y estén listos para cumplir con su destino, de un paso al frente y se coloque frente a mí. Recuerden mis amigos, este es nuestro deber. Es nuestro destino. Ahora ¿Cuántos se nos unirán?
No hubo ni un solo movimiento al inicio. Creo que todos estaban analizando las palabras del guardián, pero pronto uno de los nuestros dio un paso al frente. El guardián asintió y lo miro con orgullo. Pronto dos más se les unieron. Y así siguieron uniéndose.
- Alena es tu momento – dijo Baria tocando mi mano – Estas lista para esto
- No las veré más – mire a Abele quien aún lucia asustada.
- Algún día nos volveremos a ver – ella toco mi mejilla y me miro maternalmente – Estas lista
Mire a Baria y luego hacia los demás que se habían aglomerado frente a los guardianes. Estaba lista. Estaba lista para luchar por el equilibrio.
- Lo hare – solté su mano y camine hacia el grupo que se había aglomerado.
Me toco esperar un poco más hasta que todos los voluntarios estuvieron en el centro. Al final éramos más 30. Todos éramos siluetas con fuertes luces blancas.
- Mis queridos hermanos, me alegra haber obtenido una buena cantidad de valientes ángeles dispuestos a nuestra misión- dijo con una sonrisa. - Ahora, denme darles la bienvenida a las tropas.
Todos nos miramos entre nosotros, sin vernos realmente. Cuando bajemos seremos como los guardianes aquí presentes. Tendremos un cuerpo humano.
- Quiero que hermanos, vayan y se despídanse de aquellos cercanos a ustedes. Porque una vez que bajan saben que pasara.
Si bajas no habrá manera de volver.
Todos nos dispersamos y yo me acerque a Baria que sostenía a Abele. Abele no lloraba, obviamente, pero su cuerpo mostraba una profunda tristeza. Baria está sintiendo algo muy similar.
- Alena, te tienes que ir – afirmo Abele. Yo la mire también con tristeza. Me agache y acaricie su luminosa mejilla.
- -Lo tengo que hacer. Eres muy pequeña para entenderlo, pero cuando tengas mi edad te darás cuenta porque lo hice.
- ¿Te volveré a ver? - yo le sonreí y la acaricie una última vez más.
- Algún día – me levante y mire a Baria
- Gracias por enseñarme todo Baria – dije abrazándola – Jamás te olvidare
- Tengo total fe en ti, Alena. Lucharas como la mejor guardiana- yo le sonreí.
Dos fuertes aplausos se escucharos lo que definitivamente indicaba que debíamos volver. Me solté de Baria y camine nuevamente hacia el centro. La tristeza se acumulaba en el ambiente, era como si esta neblina gris que nos rodeaba indicara como nos sentíamos.
- Ahora mis hermanos es el momento de cambiar. Ustedes se irán junto al Guardián Elijah, y el los guiara. Ahora.
El guardián Elijah giro y fue seguido por 5 guardianes más. Todos los demás empezamos a seguirlo sin saber exactamente a qué atenernos. Para evitar pensar tanto hacia donde nos llevaban decidí mirar a los guardianes.
Obviamente eran ángeles, un halo amarillento rodeaba sus espalda seguramente donde deben estar ubicadas sus alas. Además de eso todos lucían bastante distintos. El guardián Elijah junto a otro lucían algo ancianos, pero el liderazgo brillaba por todo ellos. Los otros cuatro aunque eran jóvenes, dos lucían más como la edad que debía aparentar. Me pregunto si permaneces con el mismo cuerpo o debes cambiarlo constantemente. Eso jamás me lo explicaron.
- Nos alejamos de la línea señor – dijo uno de nosotros. Todos los guardianes sonrieron.
- Aún recuerdo cuando yo tampoco podía salir – dijo uno de los más jóvenes.
Me concentre en el chico. Su cabello era negro, alto y sus ojos eran verdes. El otro chico que iba a su lado era distinto. Lucia callado y calmado, mientras caminaba recto y con las manos hacia atrás. Su cabello era negro profundo, con un porte también alto, pero desgarbado era pálido y si se acercaba demasiado a nosotros nuestras luces lo consumirían. Sus ojos a diferencias del otro eran de un profundo gris. Era un gris muy acentuado al que tenía en mi paleta de colores internas. Eso no debe ser común entre los humanos.
Caminos un poco más entre las nubes blancas que inmediatamente se volvían grises cuando los guardianes pasaban. Creo que iba a extrañar el blanco en todos lados.
Los guardianes pararon en medio de la nada y todos nos miramos los unos a los otros, como esperando que iba a pasar.
- Ahora pasaremos a nuestro siguiente destino, donde le informaremos lo básico que deben saber antes de bajar a la tierra ¿Listos? – pregunto Elijah. Todos asentimos – Bien, prepárense.
Tome una bocanada de aire. Bajaríamos a la tierra. Al fin conocería un mundo a colores. La emoción me embargo cuando las nubes a nuestro alrededor comenzaron a juntarse para formarse en una enorme muralla a nuestro alrededor. Un fuerte viento nos envolvió volviéndonos a nosotros aún más difusos, pero en cambio con los guardianes solo los despeino.
Una succión se dio y me sentí siendo arrastrada. Voy a bajar a la tierra.
Pero algo paso. No baje, en cambio ascendí. ¿Esto es parte del camino?
Cuando la succión acabo, junto al viento. Nosotros aun nos encontrábamos rodeados de nubes blancas, pero esto era distinto. Me mire y ya no era luz. Aun me veía difusa en ciertos términos, pero tenía color. Mire mis manos que ya no estaban hechas de luz. Tenía un color bastante pálido, pero veía algo más además del blanco. Toque mi rostro y sentí rasgos definidos. Fije mi vista en mi cuerpo y veía mis pies, pies de verdad. Lo único blanco en mi era mi túnica. Un destello dorado sobresalió sobre mi túnica blanca. Dorado. Tenía cabello dorado.
Sorprendida mire a mis compañeros y todos lucían tan absortos mirándose a sí mismos que aún no habían visto donde estábamos. Mire a los guardianes y lucían divertidos, a excepción del de los ojos grises. Observe alrededor y éramos rodeados por un muro grande blanco de nubes, justo en medio del muro había una enorme puerta con un dorado reluciente.
- ¿En dónde estamos? – pregunte. Elijah dio un paso adelante y dijo.
- Hermana mía, estamos en el cielo – todos dejaron de mirarse y miraron a Elijah – Es solo una parada, debemos esperar al guardián Omon, para poder bajar a la tierra. Hablemos un poco sobre lo que les espera.
- Una vez lleguemos a la tierra le daremos ropa que se ajuste a la moda humana. Deben desentonar lo menos posible entre la sociedad. Si llaman demasiado la atención corren el riesgo de introducirse en algún escandalo humano y no es lo que deseamos. Luego a cada uno se le ubicara en una parte del mundo distinta. Esto permitirá que los acomodemos en los lugares de mayor actividad actualmente. Antes de introducirlo en el trabajo debemos velar que ustedes se relacionen con su entorno.
- ¿A qué se refiere con eso? – pregunto uno de los chicos
- En los entornos en que los introduciremos deberán convivir con todo tipo de criaturas. Todas esas de las cuales han estudiado. Ellos lo detectaran y eventualmente ustedes lo harán también; pero necesitamos que conozcan donde están viviendo. Que se aprendan las calles en caso de que deban huir.
La palabra huir y las criaturas estaban enviando un sentimiento de miedo a través de mí. Estas criaturas son malas y son capaz de matarnos si lo desean.
- También se le otorgara otro regalo – yo los mire confundida
- ¿Qué tipo de regalo? – pregunte
- Dones. Le vamos a otorgar dones. El mundo sobrenatural en la tierra tiene sus propios trucos. La brujas tienen la magia y sus poderes, los vampiros súper fuerza y velocidad, al igual que los hombres lobos.
- Pensé que las criaturas malditas eran el mayor problema – se miraron entre ellos
- Lo son, pero en estos momentos nos preocupan los vampiros y brujas.
Todos nos quedamos de piedra. Esto cambia todo lo que nos han enseñado. Esta misión deberá basarse en nuestra inteligencia y no en los conocimientos.
- ¿Qué son esos regalos?- pregunto otro ángel
- Obtendrán poderes como los de las brujas, así como la capacidad de los vampiros y algunos otros trucos. Deberán aprender a manejarlos y para eso se les asignaran tutores que los ayudaran.
- ¿Podemos escoger nuestro lugar de trabajo? – pregunto otra chica
- No
- ¿Nuestro tutor? – pregunto otro
- No
- ¿Habrán límites en los poderes?
- Sí, les enseñaremos cuales son. ¿Alguna otra pregunta?
- ¿Alguna vez entraremos ahí? – pregunte señalando las puertas doradas.
Todos se giraron a verme sorprendidos por mi pregunta. Los guardianes me miraron serio y nuevamente el chico de los ojos grises fue la excepción que me miro con curiosidad.
- No, nosotros jamás podremos pasar por esas puertas.
Nadie pregunto más nada, y más bien creo que fue porque sintieron que la ronda de preguntas se había acabado. Todos nos dedicamos a deambular, mientras esperábamos a los demás guardianes. Era similar, pero la diferencia es que aquí no había fondo blanco. Desde donde estábamos podíamos ver la tierra. El verde de los árboles y el azul del mar. Era hermoso.
¿Cómo sería ver todo eso en persona? ¿Tocarlo?
Suspire y seguí deambulando. Mire tanto como podía, pero solo se veía todo pequeño. Era extraño y hermoso a la vez. Mire más a fondo y observe un resplandor justo debajo de mí. Ahí era donde vivíamos. Así que todo este tiempo era el cielo lo que observamos sobre nosotros.
Recordar que estaba en el cielo me hizo poner mi atención completamente en la enorme puerta. Deambule sin sentido hacia ella para no levantar sospecha.
Las barras doradas eran enormes y resplandecientes. Era como si tuvieran su propia luz reflejándola. Intente ver algo más allá de las puertas, pero no lograba ver nada. Todo era neblina blanca.
Definitivamente eso no era permitido ser visto por nosotros. Suspire suavemente y retome mi deambulación, pero me sentí ser observaba.
Ojos grises me miraba. Yo fruncí el ceño y lo mire confundida. Vio como suspiraba nostálgicamente, eso podía ser malo. Me gire dándole la espalda y seguí deambulando.
Quizás esta es la última vez que vaya a deambular. La última vez que deambulare en el cielo. La última vez que veré el cielo.
Justo en ese momento el guardián Omon llego. Todos paramos de deambular y nos quedamos quietos mirando a Omon.
- Es hora hermanos – dijo y luego estiro sus manos. Frente a todos nosotros un gran hoyo se abrió era azul, casi igual que el del guardián Elijah – Uno a uno entraran, en la transición del cielo a la tierra su cuerpo de luz se convertirá en un cuerpo humana, así que tal vez duela un poco cuando caigan – eso le saco una sonrisa – Ahora entre de uno a uno.
El mismo chico que dio el primer paso antes, fue el primero en atreverse en saltar al hoyo. El desapareció inmediatamente. La siguiente fue una chica y así sucesivamente.
Yo fui la octava en saltar.
¿Cómo explicar que se sintió caer por el hoyo?
Fue extraño. Nunca necesite del aire para respirar, pero mientras bajaba por el túnel el aire me comenzó a faltar, el aire pegaba fuertemente contra mi piel y mis alas de desplegaron. Eso jamás había pasado.
Todo termino demasiado pronto, porque de pronto ya estaba tocando el suelo.
Si choque y dolió. El cuerpo humano era débil.
Más ángeles cayeron y por último los guardianes que cayeron con gracia. Casi no parecía justo.
Para el momento en que ellos tocaron el suelo casi todos estábamos en pie y las sensaciones eran raras y demasiado abrumadoras.
- Hermanos – llamo el guardián Omon – Bienvenidos a la tierra.
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