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Aquella noche se sirvió una comida fría en la terraza para los jugadores de croquet. Nessie trajo a Joshua para que disfrutara del último sol de la tarde. Tendido sobre una gran manta, el niño se deleitaba moviendo la cabeza hacia los sonidos que atraían su interés. Todos los invitados vinieron a ver al nuevo heredero de los Montieth.
Sólo unos pocos de los invitados de Sulpicia podían pasar otra noche en Silverley. La mayoría había partido esa tarde, entre estos Jessica Nessie no sabía si Jacob había vuelto a hablarle o si ella había pensado que era prudente retirarse.
Pamela Ritchie se acercó para mirar a Joshua. Una mujer desdichada en verdad. Si no tenía cuidado, las arrugas de la insatisfacción iban a hacerse permanentes. Nessie no se había sentido en lo más mínimo perturbada cuando Jacob y Anne Henslowe jugaron juntos una partida de croquet. Estaban juntos, esperando su turno y riendo, pero a Nessie no le importaba. Su actitud tenía algo que ver, lo sentía, con las sonrisas y los guiños que Jacob le había dirigido toda la tarde. Era como si compartieran una broma íntima, pero no habían dicho una palabra al enfrentarse a la hora de almorzar. De todos modos, bastaba que él la mirara para que empezara a reír.
Era un hombre feliz. Nessie pensaba que sabía el motivo y sus sospechas la hacían tan dichosa como él. El sol empesaba a ponerse, y todo era un maravilloso despliegue de color. Joshua ya había tomado bastante aire por ese día y gateaba en una manta con renovado vigor, señal segura de que estaba hambriento.
-Está tan tranquilo aquí a esta hora del día -dijo Sarah con suavidad- Echaré de menos a ti y al pequeño.
-¿No estarás ya pensando en irte, verdad? -preguntó Nessie sorprendida.
-Ya no me necesitas aquí, querida. -Ambas sabían que sólo se había quedado para ayudar a Nessie a adaptarse a su matrimonio- Dicken me dice que Sue se ha convertido en una bruja desde que me fui. Dicken también me echa de menos. Y, para decirte la verdad, su larga ausencia de Cornwail me ha abierto los ojos.
-¿Cómo Sarah? ¿Tú y Dicken son...? -dijo Nessie encantada. Sarah sonrió.
-En los últimos cuatro años me ha pedido varias veces que me case con él. Creo que finalmente estoy dispuesta a pensar seriamente en ello.
-¡Espléndido! ¿Dejarás que Jacob y yo demos la fiesta de la boda o prefieres que lo haga Sue?
-Temo que Sue insistirá en eso -dijo Sarah riendo-. Hace años que está empujándonos a Dicken y a mí para que nos casemos. -Joshua gimió, reclamando atención.- ¿Quieres que lo levante, querida?
-No, a menos que también puedas alimentarle. -Nessie rió con picardía.
-Date prisa entonces. Jake no te ha quitado los ojos en todo el día, y estoy segura de que saldrá en tu búsqueda, si te pierdes por mucho tiempo.
-No, mientras sepa dónde está -dijo Jacob, acercándose desde atrás. Levantó a Joshua- De manera que el muy pícaro está hambriento, ¿eh? ¡Dios, también está chorreando! -Apartó con rapidez al niño y las mujeres rieron. Nessie puso una manta pequeña alrededor del trasero de Joshua.
-Es algo que los niños suelen hacer con frecuencia. Vamos, dámelo.
-No, yo te lo llevaré. -Jacob se inclinó y murmuró sólo para ella- Tal vez, cuando hayas terminado con él, puedas dedicarme un poco de tiempo...
-Caramba, qué bonito cuadro -interrumpió Sulpicia, con su dura voz- Un padre que adora a su bastardo. Ustedes, los Black, son unos padres maravillosos, Jacob. Es una lástima que sean tan malos maridos.
Jacob se dio la vuelta.
-No acepto excusas. Naturalmente estás molesta porque tu bien planeada confabulación no ha dado los resultados que esperabas.
-No sé a qué te refieres -dijo ella con desdén.
-¿De veras? Deja que te dé las gracias, antes que me olvide. De no ser por tu brillante lista de huéspedes es probable que mi mujer y yo siguiéramos separados. Pero ya no lo estamos. Y tenemos que agradecerte nuestra reconciliación, madre.
El rostro de Sulpicia se ensombreció con una ira que apenas podía contener.
-Estoy harta de oírte llamarme así. Y no sabes, Jacob, hasta qué punto ha sido perfecto mi lista de huéspedes -dijo riendo-. Te tengo una estupenda sorpresa. Tu verdadera madre está aquí. ¿No es maravilloso? Vamos, ¿por qué no pasas el resto de la velada preguntando a cada una si es ella la puta que te engendró? Sería muy divertido.
Jacob se quedó inmóvil. Estaba tan atónito que ni siquiera pudo impedir que Sulpicia se fuera. El corazón de Nessie se estremeció cuando le quitó a Joshua de los brazos, y el pareció no notarlo.
-Oh, Jacob, no dejes que esa mujer te moleste -dijo Nessie dulcemente-. Sólo ha dicho eso por despecho.
-¿Tú crees? -Los ojos que miraron a Renesme parecían atormentados.- ¿Lo crees? ¿Y si hubiera dicho la verdad?
Desesperada en busca de ayuda, Nessie se volvió hacia Sarah. La mujer estaba de color ceniza. Nessie entendió, pero la necesidad de verdad nunca había sido mayor.
-Díselo -dijo con voz tranquila, y Sarah contuvo el aliento.
-Renesme...
-¿No te das cuenta? ¡Es el momento! -Apretó con más fuerza a Joshua y esperó.
Jacob miraba a Nessie y luego a Sarah, la desdicha y la confusión se mezclaban en su cara.
-Oh, Jake, no me odies -empezó Sarah, con un tono lastimero- Sulpicia ha hablado por odio... pero... sólo ha dicho la verdad.
-¡No! -exclamó él, y la palabra le fue arrancada- Tú no. Me lo hubieras dicho si...
-No podía. -Sarah lloraba- Di mi palabra a Sulpicia de que nunca te reclamaría cuando ella me dio la suya de que iba a criarte como si fueras su hijo.
-¿Y crees que lo hizo? -preguntó él dolorosamente- Nunca ha sido una madre para mí, Sarah, ni siquiera cuando era niño. Tú estabas aquí entonces. Y lo sabes.
-Sí, y sequé tus lágrimas y curé tus heridas, y moría un poco cada vez. Tu padre no quería que te calificaran de bastardo, Jake, y yo tampoco lo quería. Sulpicia nos dio su palabra de no decir nada a nadie, y yo di la mía.
-Se lo dijo a mi mujer. Y me hizo pasar un infierno -dijo él silbando las palabras.
-Juzgó correctamente a Renesme: sabía que el rumor no iba a correr, y no ha corrido.
-Siempre ha amenazado con publicar el hecho.
-Fueron únicamente amenazas, Jake.
-Pero yo viví bajo esas amenazas. Han dominado mi vida. De todos modos, hubiera aceptado la etiqueta de bastardo con alegría si hubiera tenido una verdadera madre. ¿Acaso no te has dado cuenta al abrirte mi corazón durante todos estos años? ¿Por qué nunca me lo has dicho?
La marca de bastardía era menos importante que esta guerra. Ambos lo sabían. Sarah sollozó:
-Perdón -y salió corriendo hacia la casa. Nessie puso la mano en el brazo de Jacob:
-Tenía miedo de decírtelo, miedo de que la odiaras. Escúchala con calma y deja que te cuente lo que me ha contado a mí. Todos estos años tampoco han sido fáciles para ella.
-¿Lo sabías? -preguntó él incrédulo.
-Desde que di a luz a Joshua -contestó ella con suavidad- Ella me acompañó durante el parto y quiso que yo supiera el verdadero motivo de tu ausencia. ¿Sabes, Jacob? Nunca creí que alguien pudiera ser tan tonto como para que el hecho de haber nacido fuera del matrimonio le impidiera casarse. -Le sonrió- Perdón, pero nunca me di cuenta de lo mucho que esto significaba para ti.
-Ya no significa mucho -añadió él.
-Entonces no la juzgues con dureza, Jacob, y escúchala sin estallar. Te lo ruego.
Él estaba de pie mirando la casa y ella prosiguió:
-No toda mujer tiene valor para criar a un hijo ilegítimo. Fíjate cómo has afrontado tú el hecho, después de todo. Decidiste no casarte nunca porque no querías que tu mujer compartiera tu estigma. ¿No crees que para la madre debe ser aún peor? Y recuerda que Sarah era muy joven entonces.
-Tú lo habrías tenido, ¿verdad? -Ella se encogió de hombros.
-Sí, pero recuerda que los Cullen ya tenemos costumbre de tener bastardos en la familia- El gruñó. -Vamos, Jacob, habla con ella. Descubrirás que sigue siendo tu mejor amiga. Ha sido siempre una madre para ti. Ahora eres tú quien debe escuchar su dolor.
La mano de él le tocó la cara con ternura. Joshua se revolvía entre los brazos de Renesme y Jacob dijo:
-Alimenta a mi hijo, señora mia.
Nessie sonrió cuando él se alejó hacia la casa. A través de la pradera, sus ojos se encontraron con los de Sulpicia, y movió la cabeza cuando Sulpicia se dio la vuelta bruscamente. ¿Acaso podía cambiar Sulpicia?
Frotó la mejilla contra la cabecita de Joshua y empezó a caminar hacia la casa.
-No te preocupes, mi ángel, tendrás tanto cariño que nunca echarás de menos el amor de esa mujer. Espera a tener edad para enterarte de quiénes son tus tíos abuelos. Bueno, hay uno que fue pirata durante un tiempo y…
La puerta del cuarto de Sarah estaba cerrada pero Jacob pudo oír dentro unos sollozos desgarradores. Abrió la puerta sin ruido. Ella estaba tendida sobre la cama, la cabeza oculta entre los brazos, los hombros patéticamente sacudidos. El pecho se le oprimió dolorosamente. Cerró la puerta, y se sentó junto a ella, la tomó entre sus brazos.
-Perdón, Sarah. No hubiera querido hacerte llorar, lo sabes bien.
Ella abrió sus ojos pardos, brillantes de lágrimas. Aquellos ojos eran muy parecidos a los suyos. ¡Dios, qué tonto había sido al no haberse dado cuenta antes!
-¿No me odias, Jake?
-¿Odiarte? -dijo él como un eco-. Siempre has sido mi consuelo, la única persona con la cual podía contar, la única que me quería... -Movió la cabeza.- No te imaginas cuántas veces, de niño, soñaba que tú eras mi verdadera madre. ¿Por qué no comprendí entonces que esa era la verdad?
-No tenías por qué saberlo.
-Debí haberme dado cuenta de todos modos, especialmente cuando dejaste de venir después de la muerte de mi padre. Siempre me preguntaba para qué venías. Tú y Sulpicia apenas hablaban. Venías por mi padre, ¿verdad?
-Creo que has entendido mal, Jake. Tu padre y yo sólo estuvimos juntos una vez. No, venía a Silverley para estar cerca de ti. El mantenía la paz entre Sulpicia y yo, y hacia posible que yo estuviera contigo, en esta casa. No volví a Silverley después de su muerte porque tú ya habías crecido. Te embarcaste por dos años y después te fuiste a vivir a Londres. Recuerda qué pocas veces venías a Silverley.
-No soportaba estar con Sulpicia -dijo él amargamente-. Ya la has visto esta semana. Y nunca ha sido distinta, Sarah.
-Tienes que entender a Sulpicia, Jake. Ella nunca me perdonó que yo amara a Billie, y tú le recordabas constantemente su fracaso con el.
-¿Por qué diablos no te casaste con él? -Ella sonrió, vacilante, como una madre ante un hijo terco.
-Billie tenía veintiún años cuando visitó por primera vez a Sulpicia. Ella tenía dieciocho y, yo, mí querido, sólo catorce. No me prestaba atención. El quedo prendado de ella. Pero a los catorce años se es muy impresionable, y Billie era muy hermoso y muy bueno. Se casaron el mismo año en que se conocieron.
-Para desdicha de todos -dijo él suavemente-. De todos. -Pero ella movió la cabeza.
-En los primeros años de matrimonio ella le amaba, Jake. Fueron muy felices. Y entiende esto: él nunca dejó de amarla, por más que ella se convirtiera en una persona muy difícil.
Sulpicia se equivocaba en esto. Los hombres de la familia Black son maridos excepcionales, aman sólo una vez. Pero Billie anhelaba un hijo y Sulpicia sólo había tenido abortos, tres en tres años. Esto provocó una tensión terrible. Ella empezó a tener miedo de engendrar el hijo que él deseaba, y las continuas peticiones de él empezaron a molestarla. Temo que el miedo haya hecho que se volviera contra Billie. Y el amor que le tenía no soportó la tensión. Pero él la amaba.
-¿Vivías aquí entonces?
-Sí, fuiste concebido aquí. -Bajó los ojos, sintiéndose culpable por traicionar a su hermana - Yo tenía diecisiete años y amaba a Billie. Aquel día habían tenido una pelea tremenda porque ella le había rechazado en la cama. Por la noche él se emborrachó y fue entonces... cuando sucedió. Jake… ni siquiera estoy segura de que él supiera lo que estaba haciendo, pero yo lo sabía. Ambos lo lamentamos después y juramos que Sulpicia nunca iba a saberlo. Volví a la casa de mis padres y Billie se consagró a su mujer... –suspiró - Sulpicia hubiera podido sobreponerse al miedo de concebir. Podían haber sido felices de nuevo.
-Y entonces aparecí yo...
-Sí -reconoció ella- Cuando me di cuenta de que iba a tener un niño, me puse histérica. Una sola caída, un pecado y estaba embarazada. Incluso pensé en matarme. No podía confesarlo a mis padres. Enfermé de angustia. Finalmente, desesperada, fui a Silverley para poner mi dilema en manos de Billie. ¡Dios le bendiga, estaba encantado! Al principio yo no podía creerlo, pero así fue. Yo sólo había pensado en mí, en mi reputación, pero Billie pensó antes que nada en ti. Y esto me lo demostró hasta qué punto de pensar que yo había sido egoísta al querer librarme de ti. Perdóname, Jake, pero creía que esa era la única salida. Era joven, estaba aterrada, y las muchachas de buena familia no tienen hijos fuera del matrimonio.
Él la estrecho contra su cuerpo.
-Naturalmente, Sarah. Entiendo.
-Bueno -prosiguió ella-. Billie te quería. Estaba dispuesto a destrozar su matrimonio para tenerte. Hubiera hecho las cosas de otro modo, de no haber sido por los tres abortos de Sulpicia. Ya no tenía la certeza de que ella pudiera darle un hijo. Y allí estaba yo, embarazada de tres meses.
-De manera que Sulpicia estaba informada. Esto ya lo sabía.
-Quedó muy impactada, naturalmente. No podía creer que su hermana le hubiera hecho una cosa semejante. ¡A partir de ese día me odió! Y también odió a Billie, nunca le perdonó. Finalmente llegó a odiarte a ti, la única persona inocente en todo el enredo. Nunca volvió a ser la misma, Jake. Su mayor amargura era que yo hubiera podido dar a Billie el hijo que el deseaba. Sentía que ella le había fallado, pero nos culpaba a él y a mí por haber intervenido antes que ella hubiera oportunidad de intentarlo de nuevo. Su resentimiento fue un monstruo que creció con los años. Sulpicia no es como es ahora. Yo soy culpable, porque pude haber detenido a Billie la noche en que fuiste concebido. Podía haberlo hecho, pero no lo hice.
-Por el amor de Dios, Sarah, ya has dicho que, en esa época ella había dejado de amarle.
-Lo sé, pero hubiera podido volver a quererle. -Tras un largo y cargado silencio, resumió:- Recuerda que somos hermanas. Y eso es importante. Ella incluso olvidó su resentimiento en las largas horas de mi parto, porque fue un parto difícil, y ella pensó que yo podía morir. Logré entonces que me jurara que nunca iba a negarte públicamente. Esperaba que te tomara cariño, pero ya en ese momento temí que no fuera así. Le pedí que jurara, y ella lo hizo. Y ella hizo que yo jurara a mi vez que nunca iba a decirte que yo era tu madre. Quise hacerlo muchas veces, pero estaba ligada por una promesa, y no podía. Y después de la muerte de tu padre, Sue me dijo que dejara las cosas como estaban.
-¿Conocía ella toda la historia?
-Todavía creo que nunca te lo hubiera dicho si Renesme no hubiese insistido.
-Mi mujer es una perla, ¿verdad, madre?
Era la primera vez que la llamaba así y la cara de Sarah se iluminó.
-Has tardado tiempo en darte cuenta -dijo.
-Oh, siempre he sabido que Renesme es maravillosa. He sido mil veces tonto con ella. ¿Cómo puedo culparte por lo que has hecho, cuando fue el temor al estigma de la bastardía lo que casi me ha hecho perder a mi bella Renesme? El estigma me dirigía, como te dirigía a ti.
-¿Te reconciliarás con ella? -preguntó Sarah ansiosa.
-Lo juro. Y tú querida, te trasladarás definitivamente a Silverley.
-Oh, no, Jake, quiero decir... bueno... lord Barrett y yo...
-Diablos, ¿quieres decir que voy a perderte a causa de otro hombre cuando apenas te he encontrado? -exclamó él, pero estaba feliz con la noticia-. ¿Y puede saberse quién es lord Barren?
-Le conoces. Vive cerca de Sue, y lo has visto allí muchas veces. Y Dicken y yo vendremos aquí con frecuencia. Después de todo, mi primer nieto vive en Silverley.
Se miraron uno al otro con total silencio por un largo tiempo. Él era feliz por ella. Ella era feliz por él. Habían recorrido un largo y duro camino.
Diosapagana: Y la verdad los hará libres, este es uno de mis capítulos preferidos, es muy tierno y por fin una comprende porque Sarah aleja a su único hijo de su seno esperando que no sufra el estigma de su bastardía, y Sulpicia es una mujer con una gran dolor generado por la traición convirtió ese sentimiento en puro odio arrastrando a él al único que era inocente en toda esta historia.
Ahora sí, el ultimo capitulo nos espera, pero antes que nada déjanos tu comentario, ese pequeño review que nos alegra el día y merma la culpa de quitarle tiempo al trabajo y al estudio.
Besos provocativos. Priscila.
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