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-Supongo que debo informarles que espero invitados este fin de semana- La declaración de Sulpicia hizo converger todas las miradas hacia ella. Estaban sentados en el comedor principal, Jacob en un extremo de la larga mesa y Nessie en el otro. La distancia entre el dueño y la dueña de la casa era tan grande, que debían hablarse a gritos. Nessie encontraba esto muy apropiado: no le había dirigido la palabra a su marido en tres días.
Sulpicia y Sarah estaban sentadas frente a frente en la mitad de la mesa. A ellas les resultaba más fácil hablar, pero las dos hermanas no tenían nada que decirse. Sir Walter Wyrwhitt estaba junto a Sulpicia. Este vecino y amigo se había presentado un poco antes a saludarles y ella lo había invitado a comer. Como siempre ocurría, los modales de Sulpicia cambiaban totalmente cuando el afable caballero estaba de visita. Era casi amable ahora.
Lo cierto es que Tyrwhitt era un hombre muy simpático. De edad madura, algunos años menos que Sulpicia, era un caballero de gran atractivo, de aspecto distinguido, con patillas plateadas que bajaban a los lados de su pelo castaño oscuro. Era un auténtico hombre de campo que nunca se cansaba de hablar de terrenos, cosechas y temperaturas.
Era divertido ver hasta qué punto se ponía serio al hablar de estas cosas, ya que nunca abandonaba su tono indiferente al tocar otros temas. Jacob se aplicó a ser cortés con su invitado, lo cual fue un alivio para todos, después de tres días de mal humor. Para caerle en gracia a Sir Walter habló largamente con él de las cosechas de primavera. ¿Realmente lo hacía para caerle en gracia? Tal vez estuviera interesado de verdad. Nessie estaba sorprendida de la cantidad de detalles que él conocía. ¿Sería también Jacob, en el fondo, un hombre de campo? ¡Qué pocas cosas sabía del hombre con el que se había casado!
Pero su actual afabilidad no se extendía a su mujer. Todos los demás se beneficiaron de ello. Hasta Sulpicia recibió respuestas corteses. Pero a Nessie la pasaba por alto. Y esto le ofendía. Ya no estaba enfadada por el intercambio de palabras que habían tenido, pues en ella los enfados no duraban mucho. Estaba ofendida porque no podía olvidar lo que había sentido en brazos de él. Era una tonta por haberle aceptado en su corazón. ¿Cómo podía ser tan débil? ¿Cómo podía perdonar tan fácilmente?
La frase de Sulpicia sobre los invitados que esperaba hizo fruncir el ceño a Jacob.
-¿Todo el fin de semana? Parece que no es una comida corriente...
-No, no lo es -contestó Sulpicia- Espero que no te moleste. Por desgracia, las invitaciones se hicieron antes de vuestra llegada. Yo no los esperaba.
-Tampoco esperabas que yo me quedara de esto estoy seguro -dijo Jacob secamente.
Sarah intervino para interrumpir el incipiente roce.
-Me parece una idea excelente. Estamos muy cerca de la temporada de Londres, pero de todos modos no va a empezar hasta dentro de una semana. ¿Cuántos invitados crees que vendrán, Sulpicia?
-Oh, unos veinte. De todos modos, no todos se van a quedar a dormir.
-Este no es tu estilo habitual -dijo Jacob-. ¿Puedo preguntar qué estás festejando?
Sulpicia giró la cabeza directamente hacia Jacob para que Sir Walter no pudiera verle los ojos.
-¿Es necesario festejar algo? -sus ojos relampagueaban.
-No. De todos modos, si las grandes reuniones son ahora de tu agrado, te sugiero que vayas este año a Londres y te des allí el gusto. Incluso puedes utilizar mi casa en la ciudad, ya que mi mujer la ha redecorado convenientemente.
-No se me pasa por la cabeza dejar Silverley sin gente que se ocupe de administrarla - contestó Sulpicia agriamente.
-Te comunico que he decidido vivir aquí y ocuparme de todo. Soy perfectamente capaz de hacerlo, aunque te complazca pensar lo contrario.
Sulpicia dejó pasar la provocación. Jacob empezaba a ver que ella no iba a iniciar una riña en presencia de Sir Walter. Situación perfecta. Muy divertida. Pero la tía Sarah tenía el ceño fruncido y el pobre Tyrwhitt parecía molesto. Renesme, la dulce Renesme, miraba su plato, evitando encontrarse con su mirada. Jacob suspiró.
-Perdóname, madre. No quise dar a entender que me quería librar de ti o que tú no confías en tu único hijo. -Sonrió, mientras ella se ponía cada vez más erguida. Había todavía algunos pequeños gustos que podía darse- Por supuesto, tú darás tu fiesta. Estoy seguro de que tía Sarah y Renesme tendrán mucho gusto en ayudarte en los preparativos.
-Todo está preparado ya -se apresuró a decir Sulpicia.
-Entonces no hay nada más que decir, ¿no es así?- Jacob volvió a comer y Nessie movió la cabeza. Consideraba que las peleas con la condesa no estaban a su altura, pese a que siempre era ella la que las provocaba. Pero Sulpicia no había hecho nada esta noche para provocar a Jacob. Entonces, ¿por qué él se dedicaba a decir cosas desagradables?
En cuanto las damas se retiraron y dejaron a los hombres con sus coñacs, Nessie se fue a sus habitaciones. Pero Joshua estaba durmiendo, Zafrina estaba en la zona de servicio con Harris y aún era demasiado temprano para acostarse. De todos modos, decidió no bajar. La actitud despectiva de su marido hacia ella, delante de extraños, era humillante. Jacob notó la ausencia de Renesme en cuanto entró a la sala. Se acercó a Sarah.
-¿Dónde está? - preguntó bruscamente.
-Dijo que se iba a acostar.
-¿Tan temprano? ¿No se siente bien?
-Mi querido Jake, ¿por qué no te mostraste tan solícito con tu mujer cuando estaba a tu lado?
-No me regañes, tía Sarah. Creo que ya he sido bastante maltratado.
-Lo cual no impide que sigas tan empecinado como siempre -contestó Sarah, suspirando-. Y nada de esto te hace feliz... debes reconocerlo.
-Tonterías -dijo él irritado- No conoces toda la historia, tía Sarah.
Ella suspiró, notando que él tenía las mandíbulas apretadas,
-Tal vez sea así. Pero no está bien que trates con tanto desprecio a esa pobre muchacha. Creo que no le has dicho ni dos palabras desde que llegamos aquí.
-Le he dicho más de dos, te lo aseguro.
-Tú puedes ser muy exasperante, Jacob. -Hablaba en voz baja.- No quieres admitir que estás equivocado, que tienes una esposa maravillosa, y que no hay ninguna razón para que no la trates como se debe.
-Lo reconozco. Ahora es mi mujer quien está arrepentida de haberse casado. Una vez se lo dije. Es muy amargo -añadió- descubrir que uno tiene razón en el único punto que habría querido equivocarse.
Ella le vio alejarse y sus ojos se entristecieron. Hubiera querido ayudar. Pero esto era algo que él debía resolver por su cuenta.
Bastante más tarde, Jacob entró a la sala que separaba los dormitorios del señor y de la señora y se sorprendió al ver a Renesme acurrucada en un sofá, leyendo. Tenía puesta una bata de raso tornasolado, ajustada a la cintura, que marcaba favorablemente su delicada figura. Los cabellos sueltos caían sobre sus hombros en un sensual desorden. Renesme bajó el libro y le miró.
Su mirada era directa y tenía el poder acostumbrado de sacudirle. Maldición. Otra noche que habría de pasar revolviéndose en la cama.
-Creí que te habías acostado ya -la frustración ponía una nota chillona en su voz.
Nessie puso lentamente el libro en su falda.
-No tenía sueño.
-¿No puedes leer en tu dormitorio?
Ella se dominó y logró mostrar indiferencia.
-No me había dado cuenta de que este cuarto era para tu uso exclusivo.
-No lo es, pero si quieres echarte semidesnuda en los sofás, es mejor que lo hagas en tu cama -dijo él colérico. Torció la cara, se dio la vuelta y se alejó.
Nessie se incorporó. Se lo merecía por haberse puesto a disposición de él. ¿Qué la llevaba a creer que podía seducirle? Lo único que lograba suscitar en él era ira.
Diosapagana: nuestra querida Nessie está en pie de guerra, lo único que hay que averiguar si es una guerra carnal o violenta, jajjajajaja.
Mi niña bonita, mi dulce princesa, si estas allí leyendo espero que nos lo hagas saber con un pequeño review, para no sentirnos culpables y comer mucho chocolate para calmar la pena, y más ahora que se acerca el verano y hay ponerse la malla para ir al mar, no, déjanos tu mensaje para que no caiga en tu conciencia que esta escritora suba de peso, ajajajajaja.
Besos dulces. Priscila
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