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Hablaba en serio. Estaba decidido a que empaquetaran todo y se fueran a Silverley ese mismo día. Jacob hizo su anuncio a la hora del desayuno, atreviéndose a dar como excusa que no podía vivir en una casa donde no había un estudio. ¿Qué podía decir ella, ella que le había dado esa misma excusa en un lejano momento de irritación? ¡Un hombre exasperante!
Bueno, lo cierto es que ella no iría sin Sarah. Sólo le faltaba estar confinada en el campo con dos personas enemigas. Pero no había que decírselo a Jacob, le advirtió a Sarah. Sarah se negó en un primer momento, pero persistió hasta cedió.
De tal modo que el resto del día todos estuvieron muy ocupados salvo Jacob, que iba de un lado a otro y echaba miradas satisfechas por la perturbación que había provocado.
Nessie no tuvo tiempo de despedirse de su familia. Tuvo que conformarse con unas notas garabateadas de prisa. Pero, pese a que todos ayudaron -todos menos Jacob- ya era casi de noche cuando subieron el último baúl al carretón extra que les esperaba.
Nessie no hablaba con el vizconde. Pero la irritación que sentía hacia él era más profunda que la contrariedad del momento. Lo cierto es que había quedado trastornada por el encuentro de la última noche. No sabía qué había estado buscando Jacob esa noche, pero había logrado que ella no pudiera conciliar ya el sueño. No era porque la hubiera besado.
Cuando ella se esforzaba en ser sincera consigo misma, debía reconocer que el motivo era que él no había ido más allá de aquel beso.
Esta era la causa de su confusión. ¿Cómo era posible que siguiera deseándole después de todo lo que le había hecho? Pero lo cierto es que le deseaba.
Pero, ¿qué iba a hacer? Desde luego, no esta dispuesta a perdonarlo. No lo iba a hacer.
No debía pensar en el de ese modo. Sarah, Tess y el niño ocuparon el coche más grande, con Nessie y Jacob, mientras que Zafrina, Harris y la criada de Sarah se acomodaron en el coche más pequeño. Rodeado de tres mujeres, Joshua pudo contar con pechos acogedores para apoyar en ellos su cabecita.
Casi todo el tiempo viajaba en silencio y las mujeres, ahora que podían descansar, conversaban tranquilamente. Jacob adoptó deliberadamente una actitud de hastío ante sus charlas. Ellas, por su parte, no lo tomaron en cuenta y Nessie llegó al extremo de que no vaciló en bajarse el hombro del vestido y dar de mamar al niño, pese a que él parecía agitarse en su asiento. ¡Que se atreviera a decir algo! ¡Que se atreviera!
En este momento se produjo un cambio de ánimo en Jacob. Le había divertido el aire altanero de su mujer, e incluso las miradas heladas de su tía, porque la dulce Sarah nunca había podido estar mucho tiempo enfadada con él. Le sorprendió un poco que ella fuera a
Silverley, porque no había vuelto allí desde la muerte de su padre, seis años antes. Se le ocurrió que Sarah creía que Renesme necesitaba apoyo
Era un depravado por haberse conmovido ante el mero hecho de ver a Renesme amamantando al niño, pero lo cierto es que estaba conmovido. Una voz compasiva murmuraba en el fondo de su mente, diciéndole que había sido demasiado duro consigo mismo. Renesme siempre le había producido este efecto.
Pero el comprenderlo no le sirvió de mucho. Renesme iba a detener sus avances. Y él se convertiría en un imbécil si cortejaba a su propia mujer, ¿verdad? Si compartieran la misma habitación, era probable que la proximidad le ayudara. Después de todo ella era una mujer apasionada. Pero la casa que acababan de dejar y la casa a la que iban, eran tan grandes que no era necesario que compartieran un cuarto.
Sólo había una manera de compartir un cuarto con ella, por absoluta necesidad, lo que no era muy probable... ¿o lo era? ¡Dios santo, sí! Había una manera y él casi había perdido la oportunidad, porque estaban ya a más de medio camino de Silverley. La idea recorrió su mente y llegó a la conclusión de que podía dar resultado.
Sin analizar más el plan, en el que probablemente podían aparecer fallos, Jacob ordenó al cochero que se detuvieran en la siguiente posada.
-¿Paso algo? -preguntó Sarah.
-Nada, tía Sarah. Simplemente me he dado cuenta de que esta noche prefiero una comida caliente en lugar del refrigerio frío que nos espera en Silverley si llegamos a una hora tan tardía.
-Pero todavía no es tan tarde. Yo creía que casi estábamos allí -intervino Renesme.
-No tan cerca, amor. Y estoy hambriento no puedo esperar.
La posada a la que llegaron era un lugar donde Jacob era bien conocido. Conocía lo bastante al dueño como para decirle exactamente lo que deseaba…..
Nessie reía al dirigirse a la cama. Zafrina se había ido tras reprenderla severamente mientras la ayudaba a desvestirse. Zafrina creía que Nessie estaba borracha. Bueno, naturalmente no lo estaba. Pero Sarah sí que lo estaba. Aquello era gracioso, ya que Nessie se había visto obligada a acompañar a la tía a su cuarto, donde la doncella de Sarah la había reprendido también. Los criados eran muy atrevidos hoy en día. Sarah sólo había consumido... ¿qué? Media docena de vasos de aquel delicioso vino que el posadero había reservado justamente para ellos. Se lo había dicho a Jacob. Nessie había bebido también mucho y se sentía maravillosamente bien, pero desde luego no estaba embriagada. Simplemente era más tolerante que Sarah.
Se dejó caer en la cama, se relajó y luego volvió a ponerse erguida. Este no era el amplio dormitorio de Silverley, pero una noche pasaba pronto. En medio de la comida, Jacob les dijo que se tomaran su tiempo; explicó que, en su apresuramiento, había actuado absurdamente; su disculpa era que no estaba acostumbrado a viajar con una comitiva tan numerosa. Se había dado cuenta de que era desconsiderado llegar tan tarde a Silverley sin previo aviso, obligando a los sirvientes a salir de sus camas para preparar los cuartos, atender a los caballos y ocuparse del equipaje. Había llegado a la conclusión de que era mejor llegar por la mañana y había tomado cuartos en la posada para todos.
La cena fue prolongada y agradable; Jacob se esforzaba en hacerse perdonar por las molestias que les había causado. Se mostraba encantador e hizo reír varias veces a su tía con sus ocurrencias. Muy pronto Nessie compartió las risas con ellos, deseando que Zafrina, Tess y los otros criados lo estuvieran pasando igualmente bien.
Nessie bostezó y tendió una mano para apagar la lámpara que estaba en la mesa de noche. Pero antes de que pudiera hacerlo, la puerta se abrió y Jacob entró en el cuarto.
Nessie se sintió vagamente divertida cuando lo vio de pie en la puerta. Pero él no se disculpo por su error. ¿Acaso no era un error? ¿Por qué estaba en su cuarto?
-¿Buscabas algo, Jacob?
El sonrió. Una mirada circular le hizo ver que los baúles de ella habían sido subidos, pero que el equipaje de el aún permanecía en el coche. Harris había protestado por las medidas tomadas, especialmente cuando sé le dijo que debía dormir en las caballerizas con los criados, confirmando así la versión de que la posada estaba repleta y no podía dar alojamiento cómodo a todos.
Nessie frunció el ceño cuando él hizo un ademán para quitarse la chaqueta.
-Qué... ¿qué estás haciendo?
-Me voy a acostar -contestó él con voz indiferente.
-Pero...
-¿No te lo dije? -Frunció el ceño- Estaba seguro de habértelo dicho.
Ella pareció confundida.
-¿De haberme dicho que?
-Que aquí solamente hay tres dormitorios. Mi tía y su criada ocupan uno. Tu criada y la niñera otro, con una cuna que pusieron allí para Joshua. Sólo queda este cuarto.
Se sentó en el otro extremo de la cama y se quitó las botas. Los ojos de Nessie se dilataron mientras contemplaba las anchas espaldas.
-¿Vas a dormir aquí? -La voz sonó muy aguda, chillona.- ¿Aquí?
-¿Dónde quieres que duerma? -contestó él, tratando de parecer ofendido.
-Pero...
Ella no pudo proseguir, porque él se dio la vuelta y la miró, turbándola con su cercanía.
-¿Acaso hay algo malo en hacerlo? -preguntó Jacob- Después de todo estamos casados. Y te aseguro que puedes sentirse perfectamente a salvo en la misma cama conmigo.
¿Es necesario que le recordara que ella ya no le inspiraba ningún deseo?
-Espero que no ronques... -dijo ella, por pura malignidad.
-¿Roncar, yo? Por supuesto que no.
-En ese caso, supongo que compartir el cuarto una noche no tiene mayor importancia. No te desnudes del todo. ¿De acuerdo?
-No puedo soportar la ropa apretada.
-Entonces voy a apagar la luz, si no te molesta -dijo ella.
-¿Para que mi desnudez no te escandalice? Por supuesto.
¿Había un tono divertido en la voz? ¡El muy sinvergüenza! Lo mejor era no tomarlo en cuenta.
Levanto la lámpara con las dos manos -no quería que él la acusara de ebria- pero le resultó muy difícil encontrar el borde de las sabanas dobladas para meter los pies por debajo.
Cuando finalmente lo logró, Jacob había acabado de desnudarse y, con toda facilidad, levantó las sabanas en el mismo momento en que lo hacía ella. El peso de el se hizo sentir y
Nessie debió asir el borde de las sabanas para que él no se envolviera enteramente en ellas.
Se mantuvo tensa como una tabla, tratando de no rozarle con ninguna parte de su cuerpo,
-Buenas noches, esposa- Nessie frunció el ceño.
-Buenas noches, Jacob.
No había pasado un minuto y él ya estaba roncando. Nessie lanzó una exclamación de fastidio. ¡Roncar yo! ¿Cómo era posible dormir con este tormento? Esperó un minuto más y finalmente le sacudió un hombro.
-Jacob...
-Ten piedad, querida -farfulló él. Una vez basta por hoy.
-¿Una vez?... ¡Oh! -exclamó ella, sorprendida al comprender lo que él había querido decir. Él creía estar con otra mujer, una mujer que solicitaba de nuevo sus caricias. ¡Qué idea!
Se dejó caer nuevamente sobre la almohada. Un momento después él volvió a roncar, pero esta vez ella se limitó a rechinar los dientes. Al cabo de unos minutos, Jacob giró hacia ella y una de sus manos se detuvo alarmantemente cerca de sus pechos. Una de las piernas de él se apoyó en el muslo de ella.
Le pasó por la cabeza que el pecho que se apretaba contra su brazo estaba desnudo, que la pierna que estaba encima de ella también lo estaba, que... ¡Santo Dios! Si se movía él iba a despertarse. Y esta intimidad traía de vuelta sentimientos que era mejor olvidar... No era posible dormir así.
Muy suavemente ella trató de levantar la mano de él. Los ojos de ella se abrieron de par en par, la respiración se aceleró. Pero él seguía durmiendo ignorante de lo que estaba haciendo.
Una vez más Nessie trató de librarse, despegando los dedos de él uno a uno, lentamente. Cuando se libró de la mano, ésta se alejó por su cuenta, pero no en la dirección que ella hubiera querido. La mano se deslizó lentamente por el vientre de ella, llegó a la prominencia del pubis y volvió a subir, deteniéndose en el otro pecho. En ese momento, la rodilla de él se movió y rozó las caderas de ella. Los dedos acariciaban su pecho.
-Muy... agradable -el aliento de él le rozó la mejilla: estaba murmurando mientras dormía.
El gemido partió de lo profundo de ella, sorprendiéndola y haciendo que se ruborizara violentamente. Esto era una locura. El estaba durmiendo. ¿Cómo podía inspirarle estas sensaciones cuando estaba durmiendo?
Era culpa la tenía el vino. Así debía ser, porque ella casi deseaba ser el hombre, él la mujer, para echarlo boca arriba, montarse sobre él y satisfacer su creciente dolor. Debía correr el riesgo de despertarle. Debía hacer que ocupara el lado de la cama que le correspondía.
-Jacob... -susurró-. Jacob, tienes que...
-Eres insistente, querida. ¿Verdad? -Tendió una mano y se la pasó bajo la nuca, acercando la cara de ella a la suya.- Ven entonces ya que insistes.
Los labios calientes se pegaron a los de ella, suaves al principio, después apasionados.
La mano que estaba en la nunca inició una suave caricia, haciendo que todo el cuerpo de ella se estremeciera.
-Ah, querida -murmuró él con voz sorda, mientras sus labios le recorrían una mejilla y mordisqueaban el lóbulo de una oreja- Tendrías que insistir mucho más.
Nessie se sintió colmada de deleite erótico. ¿Qué importaba que él no estuviera del todo despierto y no supiera lo que estaba haciendo? Posó la mano en la nuca de él e hizo presión para mantenerlo cerca.
Jacob hubiera querido gritar de triunfo. Al aceptar su beso, ella había sellado su destino. Sus labios se movieron por el cuello, haciendo cálidas caricias. Rápida, hábilmente él desató el camisón y con un brusco movimiento lo hizo pasar sobre la cabeza de ella y lo arrojó lejos.
La mano de Nessie que estaba en el cuello de él se apartó cuando él le quitó el camisón y se posó de nuevo en el hombro de Jacob. Los músculos de él se pusieron tensos cuando ella le tocó. Ella se estremeció de placer al comprobar su poder. Ya no podía echarse atrás. El era suyo esta noche, lo supiera o no.
Los dedos de ella se deslizaron por la espalda de él. La piel era suave y caliente. Ella apretó suavemente, después pellizcó, suavizó la presión, complaciéndose en poder tocarle de nuevo. ¡Hacía tanto, tanto tiempo! Y él le hacía recordar ahora cómo habían sido las cosas la primera vez. Los labios de Jacob habían trazado una línea ardiente desde la garganta de ella hasta sus muslos. El parecía ebrio con el olor y el sabor de ella. La piel de Nessie era tan firme y tan sedosa como la noche que él le había arrebatado su virginidad. El cuerpo de ella no había cambiado después del parto, salvo que los pechos eran ahora más redondos; se hubiera dicho que él tenía casi miedo de tocarlos, aunque ansiaba hacerlo. Pero ahora eran del niño y él no quería que ella pensara en su hijo. No quería que ella pensara en nada.
La cabeza de Nessie se movía a uno y otro lado, su pulso se aceleraba. Si Jacob no ponía fin a la exquisita tortura de sus dedos indagadores, muy pronto ella iba a empezar a suplicarle.
Sin duda él leyó sus pensamientos, pues su largo cuerpo se puso encima de ella, el deseado peso. Nessie levantó las piernas y enlazó las caderas de él en el momento en que la cálida carne de él la penetraba, la colmaba, avanzaba en sus profundidades.
La boca de él se apretaba contra la de ella, sofocando sus gritos de placer con besos enfermizos. Ella respondía a cada embate de él, con los brazos trenzados detrás de la cabeza de Jacob, los dedos prendidos en su pelo.
El momento culminante llegó para los dos a la vez, con una fulgurante intensidad, una vibración tras otra, que pasó por encima de ellos. Un placer encontrado y saboreado, la pasión colmada. El mundo desapareció en la misma marea y los dos durmieron, el uno enlazado en los brazos del otro.
Diosapagana: que extraño sonambulismo tiene nuestro querido chucho! Jajajajajaja ¿Pero que pasara a la mañana siguiente? AHH, tendrán que esperar para ver.
Así que mi querida lectora, ayuda a saber que estas allí con una brillante señal de vida, un pequeño review para no sentirnos culpables de robarle tiempo al trabajo y al estudio.
Besos Perversos Priscila
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