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HOLAAA DE NUEVO YO POR AQUÍ MOLESTANDOLAS JEJEJE... SIENTO DESILUCIONARLOS QUERIDOS LECTORRES... PERO ME DIERON GANAS DE ACTUALIZAR xD... ESTE CAPITULO ESTA REBUENOOOO!... ESPERO QUE LES GUSTEN.. GRACIASS A TODAS LAS QUE HAN DEJADO SUS COMENTARIOS Y LOS VOTOS..... ESPERO NUEVOSS PORFAAAA T_T
Nessie miró el sol matutino que asomaba por el rincón de su dormitorio. Directamente debajo de las ventanas que daban al sur estaba la cúpula del invernadero. Más allá quedaba el patio de los criados y, a mayor distancia, ocultos detrás de un bosquecillo, los establos y las cocheras.
Ella estaba en el dormitorio principal, en el rincón derecho del bloque central de la casa. Esto le permitía tener dos paredes con ventanas, todas cubiertas con cortinas de terciopelo rojo con bordes de oro y borlas. Los colores de la habitación eran oscuros, excepto el papel azul de la pared. De todos modos, más tarde, cuando todas las ventanas estuvieran iluminadas, el cuarto sería más alegre.
Las ventanas de la otra pared daban a un amplio parque. El paisaje de prados con bosquecillos era sorprendente: a la derecha había un pequeño lago donde se reflejaban todos los colores, a su alrededor había florecido tardíamente una alfombra de plantas silvestres adornada por preciosas piedras. Una escena pacífica, tranquila, que casi hizo olvidar sus pesares a Nessie, aunque no del todo.
Tocó una campanilla para llamar a una criada, esperando que no se presentara la señora
Oates, el ama de llaves, que, tal como la había descrito Gianna, era un verdadero dragón. Era una criatura gruesa, pretenciosa, fastidiosa. Había querido, nada menos, que llevar a Nessie a un cuarto de huéspedes y, además, a uno pequeño. Pero Nessie la había puesto rápidamente en su lugar. Teniendo en cuenta que las habitaciones destinadas a la dueña de la casa estaban ocupadas por Sulpicia Black, que no podía mudarse de la noche a la mañana, señaló que las habitaciones del señor estaban vacías y que las iba a ocupar.
Esto dejó atónita al ama de llaves. Sólo una salita separaba los dos grandes dormitorios.
Lady Sulpicia ocupaba uno de estos dormitorios. Nessie se salió con la suya tras recordar sutilmente a la señora Oates que ella era la nueva dueña de la casa. Era verdad que Sulpicia Black había seguido administrando Silverley después de la muerte de su marido, pero Silverley pertenecía a Jacob, y Nessie era la esposa de Jacob.
La señora Oates la previno para que no hiciera ruido cuando pasaron por la salita contigua al cuarto de Sulpicia. A Nessie le dijeron que Sulpicia no se sentía bien y que se había acostado temprano. Por esta razón, Nessie no había recibido la bienvenida que le correspondía.
A decir verdad, Nessie se sintió aliviada. Estaba agotada, avergonzada por la ausencia hacia pocas horas de su marido, y tan llena de amargura que no tenía ganas de ver a nadie.
Se estableció en el cuarto de Jacob, y descubrió que estaba totalmente desprovisto de objetos personales. De alguna manera esto empeoraba las cosas.
La criada que contestó la llamada de Nessie era de pelo y piel oscuros, y todo lo contrario de la parlanchína Gianna. Apenas dijo una palabra mientras ayudaba a Nessie a vestirse y a peinarse, y la acompañó luego al salón del desayuno.
Esta habitación quedaba en la parte delantera de la casa y se beneficiaba de todo el sol mañanero. La mesa estaba puesta para una sola persona.
-Buenos días, señora. Espero que hayáis pasado una buena noche.
-En verdad que sí. ¿Todavía no ha bajado la condesa? -Nessie señaló el único asiento.
-Ha salido para dar su cabálgala matutina. Nunca come tan temprano, señora.
-A decir verdad, yo tampoco. ¿Por qué no me muestras entretanto el resto de la casa?
-Pero ahí está toda la comida -dijo Gianna sorprendida, retirando la tapa de la fuente para mostrar huevos, salchichas, jamón, jaleas, tostadas y pasteles, incluso dos tartas de aspecto delicioso.
-Cielos -dijo Nessie sin aliento- no creerás que me puedo comer todo eso, ¿verdad?
Gianna rió.
-La cocinera quiso cansaros una buena impresión, teniendo en cuenta que anoche sólo pudo darle platos fríos.
-Bueno, entonces sólo llevaré esto conmigo y una de éstas -dijo Nessie, envolviendo una gruesa salchicha en un bollo y tomando una de las tartas- Y ahora hagamos esa gira.
-Pero quizás la señora Oates...
-Sí -interrumpió Nessie con tono conspirativo- supongo que ella debería hacerlo. Pero le permitiré que me muestre todo más adelante. Ahora sólo quiero ver el tamaño de Silverley, y quiero hacerlo con una compañía agradable.
Gianna volvió a reír.
-A ninguno de nosotros nos gusta mucho la señora Oates, pero lo cierto es que dirige el barco con vigor, como suele decir. Venga pues, milady. Pero si tropezamos con la señora
Oates...
-No te preocupes -le aseguró Nessie- Buscare alguna excusa para justificar que estés conmigo. No te echará nada en cara.
La casa era verdaderamente grande. Después del corredor de entrada pasaron ante una sala de billar, con tres mesas. Había más habitaciones de las que Nessie podía recordar, cada una con preciosos muebles Chippendale y algunas piezas Reina Ana. Casi todos los elevados techos eran en forma de cúpula y estaban decorados con yeso dorado. En algunas habitaciones había enormes candelabros, finamente trabajados.
Había un cuarto de música decorado en verde y blanco y, a la derecha de la sala, una antecámara con ventanales de colores que iban desde el suelo hasta el techo, bañando la habitación en tonos que se destacaban agudamente contra el blanco mármol. Asientos rojos acolchados corrían a lo largo de los muros. Nessie quedó atónita ante la belleza del lugar.
En la parte de atrás de la casa, después del gran comedor formal, estaba el invernadero.
A lo largo de un sendero que rodeaba el recinto había sillas, sofás y estatuas sobre pedestales.
Había macetas con plantas a los lados de unos amplios peldaños de piedra que llevaban hasta una fuente en el centro. Por todas partes se veían árboles y flores de otoño. Nessie lamentaba no haber visto aquel lugar en verano, cuando el jardín interior debía estar totalmente florecido.
Arriba, en toda la extensión del fondo de la casa, estaban las habitaciones del dueño. De derecha a izquierda estaban la cámara del señor, la sala, la cámara de la señora, y después una habitación de niños. Y había cuartos para una niñera y una doncella.
El recorrido duró casi una hora, y Gianna pudo escapar al territorio de los criados, que quedaba en el centro de la casa, a la derecha del salón principal, antes que nadie descubriera lo que habían estado haciendo. Después, Nessie se quedó en la biblioteca, esperando a lady
Sulpicia.
La espera fue breve. La condesa se presentó enseguida de su excursión a caballo, vistiendo un traje de amazona violeta oscuro y llevando todavía su fusta. Sólo tuvo un momento de sorpresa al ver a alguien en la habitación. Después ignoró a Nessie mientas se quitaba el sombrero y los guantes.
¿De manera que así iban a ser las cosas? Bueno, esto explicaba en parte la tendencia a la rudeza de Jacob.
Nessie pudo examinar a Sulpicia mientras esta la ignoraba. Para ser una mujer de casi cincuenta años, se mantenía notablemente bien. Era esbelta y juvenil, su porte tieso y erguido. Su pelo rubio, apretadamente sujeto, estaba perdiendo el color, pero no tenía aún canas. Sus ojos eran de un gris tormentoso. Unos ojos duros, fríos, que tal vez incluso sonreían algunas veces. Pero Nessie rechazó finalmente esta idea.
Había un leve parecido con Sarah, la hermana de Sulpicia, pero era un parecido que se insinuaba para terminar enseguida. La hermana menor irradiaba calor, amabilidad, y no había nada de esto en la condesa. ¿Es que acaso iba a ser posible para Nessie vivir con esta mujer?
-¿Tengo que llamarla "madre"? -preguntó bruscamente, y la condesa se sobresaltó visiblemente. Se dio la vuelta y miró de frente a Nessie. Los ojos grises eran helados, los labios estaban contraídos. Probablemente no tenía costumbre de que le dirigieran la palabra antes de que ella se dignara hablar, pensó Nessie.
Con voz tajante, Sulpicia replicó:
-No. No soy tu madre del mismo modo que no...
-Oh, Dios -interrumpió Nessie- comprendí que había un alejamiento entre usted y Jacob cuando no asististe a nuestra boda, pero yo...
-Mi presencia era necesaria aquí -dijo secamente Sulpicia.
-... ignoraba que negases a su propio hijo -terminó Nessie.
-¿Qué está haciendo aquí sin Jacob? -preguntó Sulpicia.
-Jacob y yo no nos entendemos, ¿sabes?, y por lo tanto no podemos vivir juntos... - replicó Nessie.
Hubo una pausa provocada por la sorpresa.
-¿Entonces, por qué se han casado?- Nessie se encogió de hombros y le lanzó una deslumbrante sonrisa.
-No era una mala idea. Al menos para mí. Estaba harta del continuo remolino de las reuniones. Prefiero la vida en el campo.
-Pero eso no explica por qué se casó Jacob- Nessie levantó una ceja.
-Sin duda sabes el motivo. Yo no estaba presente cuando Jacob accedió a casarse conmigo, pero su hermana y su suegra estaban presentes.
Sulpicia frunció el ceño. Naturalmente no iba a repetir la pregunta. Ni tampoco iba a reconocer que no se había comunicado con Sarah o con Sue. No le habían comunicado nada con respecto al matrimonio.
-Estamos aquí algo aislados -advirtió Sulpicia. Nessie sonrió.
-Eso me parece maravilloso. Sólo lamento tener que pediros que elija para usted otras habitaciones- Sulpicia se irguió, muy tiesa.
-Me han dicho que ha ocupado las habitaciones de Jacob.
-Pero no las utilizaré por mucho tiempo, ¿sabes? Debo estar cerca de la habitación de niños -y se palmeó cariñosamente el vientre. La condesa pareció a punto de sofocarse.
-Tonterías. No puedes estar encinta. Se han casado ayer, y aunque se hayan detenido en alguna posada después de la boda, no puedes haber...
-Olvida la reputación de su hijo, lady Sulpicia. Jacob es un experimentado seductor. No pude resistir a su encanto. Y estoy embarazada de cuatro meses.
La condesa clavó los ojos en el vientre de Nessie, y Nessie añadió:
-Por suerte no se nota.
-No veo cómo puedes suponer que esto es una suerte sea como sea -dijo Sulpicia con seca altanería- La gente sabe contar, ¿sabe? Y es una vergüenza que ni siquiera se ruborice cuando... ¡Es sencillamente vergonzoso!
-No me ruborizo, señora, porque no siento vergüenza- replicó fríamente Nessie-. Y si no hay vergüenza no hay culpa. Y si mi hijo nace cinco meses después de la boda, bueno, otros niños han nacido antes. Por lo menos tengo un marido, aunque no se haga presente con frecuencia. Y mi hijo tiene un nombre. Teniendo en cuenta la reputación de su hijo, a nadie le sorprenderá que Jacob no haya podido contenerse durante los cuatro meses del compromiso.
-¡Realmente tienes descaro!
-¿Y usted, no lo tiene?
Sulpicia Black se puso escarlata ante la suposición y salió de la habitación. Nessie suspiró. Bueno, como quien dice, se había hecho su propia cama. Tal vez hubiera sido mejor no irritar a aquel agrio pajarraco, pero... Nessie sonrió. La expresión ultrajada de la cara de la condesa valía cualquier cosa desagradable que pudiera provenir de aquella mujer.
Diosapagana: Nuestra querida Nessie mostro las garras y se comió a la condesa con mayonesa y mostaza, jajajaja, que asqueroso plato! Aunque la victoria la vuelve muy dulce...
Así que por favor, ayuden a saber que están allí, con una candorosa señal de vida, un pequeño review, bueno o malo (preferiblemente bueno (o le enviaremos a la encantadora Condesa para que las atormente en sueños)), para que no nos sintamos culpables de robarles horas al trabajo y el estudio para adaptar esta historia.
Besos Pecaminosos Priscila.
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