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Aquella noche, poco después de que Jacob y Renesme llegaran a casa de la señora
Hardgreaves, un hombre bajo, robusto, llamado Raoul contrató un coche de alquiler que pasaba, y dio al cochero la dirección de una taberna cerca de los muelles.
Raoul realizaba tareas diversas, desde trabajar honestamente en los muelles, hasta cortar el pescuezo a un hombre. Reconocía que prefería las tareas fáciles, y esta era de las más fáciles, al parecer. Su amigo Neddy trabajaba con el. Todo lo que tenían que hacer era seguir a aquel hombre adondequiera que fuese, y luego informar dónde andaba el caballero, a la persona que les había contratado.
Le tocaba el turno de informar a Raoul. En el cuarto había dos hombres. Uno era alto y delgado con una enorme y revuelta barba oscura. El otro era un joven de estatura mediana, realmente un muchacho, guapo casi como una mujer, con pelo negro y ojos azul oscuro… Nunca le habían dicho sus nombres, y a Raoul tampoco le importaba saber quién eran. Cumplía con el trabajo por el que le pagaban, y no hacía preguntas.
-Parece que va a pasar una buena noche -empezó Raoul, dirigiéndose al barbudo.-
Una fiesta en el West End. Muchos coches elegantes a ambos lados de la calle.
-¿Sólo?- Raoul sonrió.
-Trajo una mujercita en su coche, como la otra vez. La llevó dentro, los he visto.
-¿Estás seguro de que se trata de la misma mujer, señor Raoul? ¿La que salió sin él la ultima vez? Raoul asintió.
-No es posible olvidarse, señor. Esa es una belleza, de verdad lo es.
El hombre más joven habló.
-Debe ser su querida, ¿no les parece? Mi padre dice que no es tipo de perder tiempo con una mujer con la que no se acuesta.
-¡Maldición, muchacho! -rugió el de la gran barba - Habla como es debido, caramba! No lo haces cuando tu padre no está. Sólo oigo impropiedades.
El joven se ruborizó hasta el pecho. Sus ojos azul oscuro se apartaron, se acercó a una mesa sobre la que había un juego de naipes junto a una botella de vino y dos vasos. Se sentó allí, mezcló las cartas, porque no pensaba oír el resto del informe: se sentía humillado.
-¿Cómo es la iluminación de la calle?- preguntó el de barba
-Buena. Pero no tan brillante como para que Neddy y yo no podamos sacar al cochero limpia y silenciosamente.
-Entonces quizás esta noche es la noche. -El de la barba roja sonrió por primera vez.-
Ya sabés lo que hay que hacer si se presenta la ocasión, señor Raoul.
La puerta se cerró tras Raoul y Embry Sharpe rió. Era una risa profunda y sonora la que salía de aquel hombre tan delgado.
-Vamos, no te asustes, muchacho. Si todo va bien, mañana estaremos de camino a casa.
-No tenías por qué reprenderme delante de gente como esa, Embry. Mi padre no me corrige delante de los demás.
-Bueno, tu padre es un padre bastante joven y, por eso, procura no hacerme sufrir, Seth.
-¿Y a ti no te importa?
-¿Por qué me va a importar, muchacho? -Había verdadero afecto en las maneras del hombre de más edad, y él joven Seth sonrió al fin.
-Si lo atrapan esta noche, ¿podré intervenir?
-Lo siento, chico. Es un asunto en el que no le gustaría a tu padre verte metido.
-Tengo dieciséis años -protestó Seth- Y he estado en una batalla marina.
-Apenas.
-De todos modos...
-No -dijo Embry irreductible- Aunque tu padre estuviera de acuerdo, yo no te dejaría. No es necesario que conozcas lo peor de tu padre.
-El sólo le va a dar una lección, Embry.
-Sí, pero como tú fuiste herido, la lección va a ser dura. Y también su orgullo está metido en el asunto. No has oído los desdenes y las provocaciones que el joven lord metió en la herida. Estabas tendido de espaldas con una herida mortal.
-Gracias a él, y es por eso por lo que...
-He dicho que no -interrumpió bruscamente Embry.
-Bueno -refunfuñó Seth- pero todavía no sé por qué nos metemos en todos estos líos y molestias, tras haberlo seguido en Southampton sin suerte y tras haber perdido dos semanas en Londres haciendo lo mismo. Hubiera sido mucho más divertido hundir simplemente uno de sus buques.
Embry rió.
- Este señor puede que tenga sólo seis barcos de la línea mercante, y perder uno no le hará daño al bolsillo. Tu padre está decidido a ajustar cuentas a un nivel más personal.
-¿Y después podremos volver a casa?
-Sí, muchacho, y tú podrás volver a estudiar cómo se debe.
Después oyeron la risita de una mujer que provenía del cuarto contiguo, donde estaba el padre de Seth, y la mueca de Seth se convirtió en un ardiente rubor, haciendo que Embry se riera aún con más fuerza…
Todavía calentado por el sol del día, el suelo estaba ardiente bajo su mejilla. O tal vez había yacido horas en aquel lugar y su cuerpo había calentado el suelo, la verdad es que no lo sabía. Estos pensamientos atravesaban la mente de Jacob cuando volvió en sí y abrió los ojos. Después se llamó a sí mismo tonto, mil veces tonto. Como caballero que era había salido de su coche, sin soñar que iba a ser atacado antes de poner el pie en tierra.
Un cuidadoso movimiento le hizo saber que tenía las manos atadas a la espalda y que además estaban entumecidas. ¡Caramba! Agudos dolores como de puñales le atravesaban la cabeza, y hubiera sido una suerte poder ponerse de rodillas, por no decir de pie. Pero, si le hubieran dejado el coche, tampoco hubiera podido conducirlo, privado como estaba del uso de las manos.
Quizás habían dejado el coche...
Torciendo la cabeza en medio de un atroz dolor, Jacob vio una de las ruedas del coche... y un par de botas al lado.
-¿Todavía estas ahí? -preguntó incrédulo.
-¿Y adónde voy a ir, camarada?
-De vuelta a vuestra cueva de ladrones, supongo -contestó Jacob.
El otro rió. ¿Qué diablos significaba esto? ¿No se trataba de un robo corriente? Pensó otra vez en Cullen, pero, por más que analizaba al hombre, no podía imaginarle contratando a un matón para que lo atacara. Jacob procuró sentarse, pero le invadió un intenso mareo. Maldijo e intentó de nuevo incorporarse
-Tranquilo, camarada. No intentes ninguna treta, o volveré a golpearos con mi cachiporra.
Jacob se sentó, con las rodillas dobladas contra el pecho. Aspirar profundamente el aire le haría bien. Finalmente logró ver al individuo. No quedó impresionado. Si conseguía ponerse de pie daría fácilmente cuenta de él, incluso con las manos atadas.
-Ayúdame a incorporarme.
-Es gracioso, amigo. Eres casi dos veces de mi tamaño. Y yo no he nacido ayer.
-¿Dónde estamos?
-Me gustabas más cuando estabas dormido -fue la rápida respuesta elusiva-. Haces demasiadas preguntas.
-Al menos podrías decirme qué hacemos aquí -dijo Jacob con impaciencia.
-Estás sentado en medio del camino y yo me ocupo de que sigas aquí.
-¡No, lo que haces es enojarme! -exclamó Jacob.
-Es algo que me preocupa mucho, amigo. De verdad me preocupa.
Con un poco de equilibrio y esfuerzo podría dar un golpe con la cabeza a aquel
Odioso hijo de puta, pensó Jacob. Pero sus planes fueron interrumpidos por el sonido de otro coche que se acercaba. Como el bandolero no se apresuró a dejar la escena, Jacob llegó a la incómoda conclusión de que el coche era esperado. ¿Qué demonios iban a hacerle ahora?
La lámpara exterior del coche que se acercaba iluminó la zona y lo que Jacob vio fue como un escozor familiar. ¿Estaba acaso en Hyde Park? Todas las mañanas cabalgaba allí, y conocía los senderos tan bien como los de Silverley. ¿Se habrían atrevido a asaltarlo estando tan cerca de su casa?
El coche se detuvo a unos dos metros de distancia, el cochero descendió, no sin recoger antes la lámpara. Detrás de él dos hombres salieron del coche, pero Jacob sólo pudo ver algunas vagas formas porque la luz le daba directamente en la cara. Procuró incorporarse, pero la cachiporra de Raoul le previno de que no lo hiciera; el hombre la apoyó sobre su hombro.
-¿Lindo cuadro, eh, Embry? -les oyó decir. Y luego:
-En verdad que sí. Todo listo y a vuestras órdenes.
Las carcajadas que siguieron actuaron como un rallador sobre los sensibilizados nervios de Jacob. No reconoció las voces, pero el acento era culto. ¿Qué enemigos se había hecho últimamente entre el grupo elegante? ¡Docenas! ¡Todos los antiguos pretendientes de su actual novia!
-Un trabajo espléndido, amigos -Arrojaron una bolsa al que llevaba la cachiporra y otra al bajo y robusto cochero- Enciendan esa lámpara para nosotros y luego devuelvan el coche alquilado. Nosotros usaremos este coche, ya que Su Señoría no va a necesitarlo.
La luz salió de sus ojos y Jacob pudo echar al fin una mirada a los dos hombres.
Ambos eran altos y barbudos, ambos bien vestidos, el más delgado con un sobretodo cruzado; el otro, cuya barba era muy grande, con una severa casaca. Vio unos pantalones oscuros y unas botas bien lustradas. Pero, ¿quiénes eran estos hombres?
El más grueso, que era algo más bajo que el otro, llevaba un bastón con mango de marfil. Esto y la revuelta barba le daban un aire caricaturesco. Era de más edad que su compañero, probablemente estaba cerca de los cuarenta. Le pareció vagamente familiar, pero, aunque le fuera la vida en ello, Jacob se sentía incapaz de reconocerlos.
-Traigan esa otra lámpara antes de partir- La lámpara del coche de Jacob fue puesta en la parte de atrás del otro vehículo, iluminándole a él, pero dejando en sombras a los dos caballeros. El cochero y el matón se fueron en el carruaje de alquiler.
-¿Verdad que parece estar confundido, Embry? -dijo el hombre más joven cuando el otro coche se alejó-. Supongo que no irá a desilusionarme diciendo que no me recuerda.
-Tal vez convenga que le refresques la memoria.
-Quizás...
La punta de la bota golpeó a Jacob en la mandíbula. Y él cayó hacia atrás con los brazos atados, gimiendo de dolor.
Jacob fue agarrado rudamente de las muñecas atadas y puesto de pie, tras retorcerle los brazos. Por suerte la mandíbula ya se le estaba entumeciendo. Apenas sintió un tirón cuando separó los labios.
-Si es que nos conocemos...
El primer hombre le cortó el aliento, dándole un golpe en el estómago. Jacob se dobló, en busca de aire, que se le escapaba de los pulmones. La mano que se deslizó bajo su mentón para enderezarlo fue casi suave.
-No me desilusiones, amigo -la voz era dulce pero cargada de amenaza-. Di que me recuerdas.
Jacob se ruborizó impotente de ira y miró fijamente al hombre. Era un poco más bajo que él. El largo pelo castaño claro estaba atado atrás con una cinta, pero unos rizos más cortos que caían sobre sus orejas. La barba era del mismo tono castaño claro. Cuando movió la cabeza a un lado para mirar a Jacob un relámpago de oro brilló en su oreja. ¿Un pendiente? Imposible. El único hombre que usaba pendientes era... la inquietud empezó a reemplazar al enfado.
-Capitán Hawke...
-Muy bien, amigo. No hubiera podido aceptar la idea de que me hubierais olvidado - dijo Hawke con una risita -¿Ves lo que se logra cuando se golpea bien, Embry? Y la última vez que nos encontramos fue en un callejón oscuro. Dudo que el muchacho pudiera verme bien entonces.
-Te vio bastante bien en el Maiden Anne.
-¿Pero es que acaso parezco el mismo a bordo de un barco? No. Me ha reconocido porque es inteligente. Fue cuestión de deducir, ¿entiendes? Dudo que tengas otro enemigo como yo.
-Lamento desilusionaros -dijo pausadamente Jacob- pero ya no tenéis el monopolio en eso de odiarme.
-¿No? Espléndido. No me gustaría que lo pasaseis demasiado bien cuando yo no estoy aquí.
-¿De manera que viviré para ver otro día? -preguntó Jacob. Embry rió.
-Es tan arrogante como tú, Hawke, vaya si lo es. No creo que le hayas asustado lo más mínimo. En cualquier momento te escupirá en los ojos.
-No lo creo -dijo fríamente Hawke-. En ese caso yo le arrancaría un ojo.
Jacob ni siquiera vio venir el golpe. El fuego estalló en su mejilla y el impacto le hizo tambalearse. Embry estaba allí para sostenerlo de todos modos, y entonces la otra mejilla recibió un poderoso golpe.
Cuando se le aclaró la cabeza, Jacob escupió sangre. Sus ojos brillaron con una luz asesina al encontrar la mirada fija del pirata.
-¿Estas ya lo bastante enfadado como para querer luchar conmigo, hijo?
-Bastaba con preguntarlo -logró decir Jacob.
-Necesitas tener motivos. Estoy aquí para que estemos a la par, no para jugar con usted. Una buena exhibición, o tendremos que repetir esto.
Jacob resopló, aunque le dolía el pecho al hacerlo.
-¿Estar a la par? Olvidas quien atacó a quién a mar abierto.
-Recuerda que ese es mi oficio.
-¿Entonces cómo te atreves a hablar de venganza simplemente porque les he vencido?
-exigió Jacob-. ¿O soy acaso el único hombre que ha vuelto con el barco entero tras un encuentro con el Maiden Anne?
-De ningún modo -dijo Hawke sinceramente- Ya hemos entrado otras veces averiados a puerto. Yo mismo he recibido heridas en el fragor de la batalla. Aunque no me gusto que mi hijo resultara herido cuando hicisteis caer mí palo mayor. Pero hasta esto debí aceptar para tener a bordo al muchacho. De todos modos, de caballero a caballero...
-¿Un caballero pirata? -Era peligroso, pero Jacob tenía que decirlo.
-Búrlate como quieras, pero eres lo bastante inteligente como para darte cuenta de por qué teníamos que volver a encontrarnos
Jacob casi soltó la carcajada. Era increíble. El pirata le había atacado primero, para apoderarse del cargamento que Jacob llevaba. Y Jacob había ganado aquella batalla marina. Pero había hecho mal en provocar al capitán Hawke cuando se alejaba. Había sido un golpe bajo. Aunque había sucedido hacía cuatro años, y él era entonces muy joven y temerario, la victoria se la había subido a la cabeza. Al parecer habían sido las provocaciones las que habían llevado a Hawke a buscar ponerse a la par. ¿Acaso un caballero podía pasar por alto un insulto?
¡Caballero! Se habían encontrado en un callejón oscuro en Southampton cuando Jacob regresó a Inglaterra, tres años antes. Aquella noche no había podido ver a su asaltante, aunque a Hawke le había dado placer presentarse. Aquel encuentro había sido interrumpido.
Después había habido una carta, una carta que esperaba a Jacob cuando éste regresó el año anterior de las Indias Occidentales, expresando el pesar de Hawke por no haber podido renovar el conocimiento cuando Jacob estaba en Londres. Y la carta convenció a Jacob de que su enemigo era terrible. ¿Por qué?, ¿ah?, ¿por qué había tenido el regalo de que estuviera ávido de su sangre?
-Desátalo, Embry - Jacob se puso tenso.
-¿Tendré que luchar contra los dos?
-Vamos -protestó el capitán Hawke-. Eso no sería muy correcto, ¿verdad?
-Caramba -gruñó Jacob-. Golpear a un hombre atado no es muy correcto que digamos.
-¿Acaso te he lastimado, muchacho? Debes aceptar mis excusas, pero creía que eras de pasta más recia. Y comprenderás que me sienta justificado tras todo el trabajo que me has dado mientras esperaba que llegara este momento.
-¿Entenderas si digo que no estoy de acuerdo?
-Claro -replicó Hawke con un saludo burlón. Hawke se quitó la chaqueta. Estaba vestido con ropa que le permitía un movimiento ágil, una amplia camisa metida dentro de los pantalones. Jacob tenía la molestia de la capa, la casaca y el chaleco. Vio que no iba a darle oportunidad para que se quitara ninguna de estas prendas mientras observaba al pirata que abría y cerraba el puño con impaciencia.
Jacob no pudo retener un gruñido cuando las cuerdas fueron finalmente cortadas y sus brazos cayeron dolorosamente a los lados. Durante varios minutos no sintió sus dedos y luego, cuando la sangre los inundó, los sintió demasiado. Y había imaginado correctamente.
No le dieron ni un momento de respiro para reponerse antes del primer golpe en la mandíbula que le hizo tambalearse. Cayó con dureza.
-Arriba, muchacho -se quejó Hawke con un suspiro- Esta vez no nos interrumpirán.
Haced una buena pelea y diré que estamos en paz.
-¿Y si no la hago?
-Entonces es probable que no salgas de aquí caminando.
Jacob comprendió. Arrojó la capa cuando todavía estaba en el suelo y se lanzó contra el otro, golpeándolo en la mitad del cuerpo y haciendo que ambos cayeran al suelo.
Siguió con un fuerte golpe de derecha a la mandíbula de Hawke, pero el impacto lastimó tanto su mano palpitante que fue él quien aulló de dolor.
Jacob peleaba con toda su fuerza, pero Hawke era incansable y, pese a las heridas de Jacob, el pirata era el más enfurecido de los dos. También era más pesado y más musculoso. La lucha fue dura para los dos, y Jacob cayó ensangrentado al suelo, pero sabía que el otro hombre también estaba lastimado. A pesar de todo, Hawke podía reír.
-Reconozco capacidad, Montieth -dijo, sin aliento y resoplando, el capitán Hawke-
Probablemente me habrás vencido si hubieses empezado fresco. Ahora estoy satisfecho.
Jacob oyó sólo parte de esto, antes de caer en una bienvenida inconsciencia. Embry Sharpe se inclinó sobre él y le sacudió, pero él no se movió.
-Se ha quedado sin sentido, Hawke. Pero tienes que sacarte el sombrero ante el muchacho. Ha durado mucho más de lo que era de esperar -dijo Embry riendo-. ¿Cómo anda tu cuerpo ahora que estáis en paz?
-Tranquilo, Embry. Cielos e infiernos, el tipo tiene una derecha muy dura.
-Ya me di cuenta -dijo Embry, riendo. Hawke suspiró.
-En otras circunstancias, casi habría simpatizado con él. Es lástima que nos hayamos cruzado cuando era un jovenzuelo de lengua tan insolente.
-¿Acaso no lo somos todos a esa edad?
-Sí, creo que sí. Y todos debemos aprender una lección.- Hawke procuró enderezarse, pero gimió y se volvió.- Llévame a la cama, Embry. Creo que, después de esto, necesitaré por lo menos una semana de descanso…
– ¿Valía la pena?
– ¡Sí, Dios es testigo, claro que sí!
Diosapagana: El infame Capitán Hawke hizo su maravillosa aparición, ¿Quién será ese hombre musculoso adicto a las peleas y con tantas deudas pendientes con nuestro Jake? Ohh! Pobrecito mi cachorro, quedara todo lastimado pero yo correré para darle besitos curadores por todas partes, y mas donde menos lo necesita, jajajajaja.
Así que por favor, ayuden a saber que están allí, con una candorosa señal de vida, un pequeño review, para que no nos sintamos culpables de robarles horas al trabajo y el estudio para adaptar esta historia.
Besos Pecaminosos Priscila.
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