|
La fiesta de compromiso dada por Carlisle y Esme Cullen fue un éxito total. Toda la familia y los amigos más cercanos estuvieron presentes. La abuela de Jacob y la tía Sarah se divirtieron enormemente, y Nessie adivinó que habían temido que Jacob no se casara nunca. Su madre, a la que él nunca nombraba, estaba notablemente ausente.
Jacob estaba de muy buen humor y todo marchó maravillosamente. Habían tardado dos semanas en preparar la fiesta, y todo estaba meticulosamente cuidado al detalle.
Pero, ay, el buen tiempo de navegación no dura. Dos meses después de la fiesta, Renesme
Cullen estaba en el fondo de la desesperación. Y no le servía de nada haber llegado gradualmente a este nivel de desdicha.
Todo había sido para nada y ella no lo había creído posible, no, después de haber hecho el amor con él. Ella estaba estado segura de que después de aquella noche, él iba a considerarse feliz casándose con ella. Había sido maravilloso, increíblemente paciente y tierno aquella vez. Es verdad que bebió un poco de más, pero, ¿tanto había sido como para que pudiera olvidar aquella noche?
Oh, seguían pensando en casarse. Y él siempre le avisaba cuando iba a salir de la ciudad. A veces iba semanas enteras a Southampton, pretextando negocios. Siempre le avisaba cuando volvía a Londres, pero, en los últimos dos meses, no lo había visto más de cinco veces. Y esas cinco veces habían sido terribles, una tras otra.
El nunca se había retrasado cuando tenía que acompañarla a una reunión, pero la había traído de vuelta a casa sólo tres veces. Las otras dos, ella había dejado que el mal humor se apoderara de ella y había partido sola. No era que él la hubiera dejado para pasar toda la velada en la sala de juego, o mezclado en discusiones políticas, pero, con frecuencia, pasaba más tiempo con Jessica Eddington que con ella. Y cuando hacía el tonto siguiendo a aquella mujer por todos lados, bueno, aquello ya era casi el límite.
Y todo era intencionado. Ella sabía que él se estaba portando mal para hacerle a ella un favor. Y esto era lo que más la hería. Si ella hubiera pensado por un momento, que él se mostraba como realmente era... bueno, habría dejado que Edward se ocupara de él, claro que lo hubiera hecho. Pero él no era un canalla. Estaba haciendo una campaña despiadada para que ella le dejara. Del mismo modo que se había visto obligado a aceptar el compromiso, quería ahora que ella se viera obligada a dejarle.
Lo peor de todo era que, por más que la hiriese, ella no podía romper con él. Ya no estaba ella sola para pensar.
Jacob le quitó la corta capa de encaje negro y se la tendió al lacayo, junto con su gran capa oscura bordeada de rojo y su sombrero de copa. Nessie llevaba un vestido blanco con borlas en el ruedo y en las cortas mangas. El escote era amplio, como se usaba, apenas cubría sus pechos, y ella se sentía incómoda por esto y porque el blanco era el color de las doncellas virginales.
Había logrado que su tío Carlisle la dejara ir sin acompañante, por una vez. Desde la fiesta del compromiso, no había habido ningún intercambio amable entre ella y Jacob.
Pero, hubiera esperado lo que hubiera esperado, ahora estaba desilusionada. Habían estado solos y muy cerca, en el coche, durante el breve viaje, y él no había intentado acercarse a ella, ni le había dicho una sola palabra.
Ella le lanzó una mirada de reojo cuando marchaban uno al lado del otro hacia el salón de música, donde una joven pareja, amigos de Jacob, recibía a unos veinte invitados. Jacob estaba muy apuesto esta noche, con un frac verde, un chaleco crema bordado y una camisa con volantes. La corbata era amplia y suelta, y llevaba pantalones largos, en lugar de calzones a la rodilla y las medias de seda preferidas por los elegantes para la noche. La tela se pegaba a sus largas piernas, moldeando los poderosos muslos y pantorrillas. Sólo mirar aquel cuerpo largo y flexible bastaba para turbarla.
El pelo de él era un revoltijo de rizos cortos y oscuros. Ella sabía que era suave al tacto, y sabía también que los labios eran suaves, no la línea dura y rígida que parecían ser últimamente. Oh, ¿por qué se negaba a hablar con ella?
Un resplandor iluminó sus ojos. Se detuvo en el salón con un leve suspiro, forzando a
Jacob a detenerse también. El se volvió hacia ella y ella se agachó para ajustarse el zapato.
Torpemente perdió el equilibrio y se balanceó hacia él. Jacob la sostuvo agarrándola por debajo de los brazos, pero a pesar de eso, ella cayó contra él, sus manos se aferraron a los hombros de él y sus senos se pegaron contra su pecho. El jadeó como si le hubieran dado un golpe en el estómago. Y en verdad era un golpe fuerte. El calor recorrió su cuerpo, el fuego entró en sus ojos, convirtiéndolos en carbones ardientes.
Los ojos azul oscuro de Nessie también abrasaban.
-Gracias, Jacob.
Se apartó, y caminó como si no hubiera pasado nada, mientras él seguía allí, con los ojos cerrados, los dientes apretados, procurando recobrar el control. ¿Cómo era posible que un incidente tan insignificante pudiera aflojar el apretado freno que le contenía? Ya era bastante con que el verla, el oírla, su perfume, fueran una provocación constante, pero el contacto... esta era el arma que había destruido enteramente sus defensas.
-¡Oh, mira, Jacob! ¡El tío Edward está allí!- Nessie sonrió a Edward Cullen, al otro lado del cuarto, pero la sonrisa estaba dirigida tanto para sí como para su tío. Había oído el jadeo de Jacob, le había sentido temblar, había visto el deseo en los ojos. Era un mentiroso. Seguía deseándola. No quería que ella se diera cuenta, pero Nessie ahora lo sabía. Y el saberlo la animaba, compensaba el abominable trato que él le daba.
Jacob alcanzó a Nessie a la entrada de la sala de música, y sus ojos vieron en seguida la oscura cabeza de Edward Cullen, inclinada hacia la dama que estaba sentada a su lado.
-¡Maldición! ¿Qué está haciendo aquí ese hombre? -Nessie tuvo ganas de reírse al oír aquel tono, pero logró mantener una cara seria.
-No lo sé. Los dueños de la casa son amigos tuyos, no míos.
Los ojos de él se clavaron intensamente en ella.
-Pero él no suele acudir a estas reuniones, aunque lo inviten, ha venido para vigilarte.
-Oh, no seas injusto, Jacob -bromeó ella- Esta es la primera vez que tropezamos con él.
-Olvidas Vauxhall.
-Bueno, eso fue un accidente. No creo que aquel día tuviera intenciones de vigilarme.
-No. Ambos sabemos cuál era su intención aquel día.
-Vamos, estás enfadado -murmuró ella, y no habló más del asunto. Sabía por qué su tío estaba allí. Había oído que Jacob había sido visto con otras mujeres, y estaba furioso. Y al parecer pensaba que su presencia podía servir de algo.
La joven pareja que estaba sentada ante el piano terminó su dúo, y algunos invitados comenzaron a levantarse de sus asientos para estirar las piernas, antes de que se iniciara la segunda canción. Brillantes casacas de raso y calzones hasta la rodilla haciendo juego eran lucidos por los hombres más elegantes. Las mujeres casadas se destacaban por los colores llamativos, los de las doncellas eran de tono pastel o blanco.
Nessie conocía a todo el mundo, fuera de la dueña de casa, la señora Hardgreaves. George Fowler estaba allí con su hermana y su hermano menor. Recientemente Nessie había sido presentada a lord Quil Alden, buen amigo de Jacob. Incluso conocía a la mujer que tenía una aventura amorosa con Edward, y que estaba sentada junto a él. Y, para su profunda irritación, Jessica Eddington estaba también presente, acompañada por un antiguo compinche de Edward.
-Jacob -dijo Nessie tocándolo suavemente en el brazo- Tienes que presentarme a la dueña de la casa, antes que la hermana de George empiece su recital.
Ella sintió que él se endurecía bajo sus dedos, sonrió y se adelantó hacia la señora Hardgreaves. Vamos, tenía que tocarlo con más frecuencia, pensó….
La velada no marchaba como ella hubiera querido. Durante la comida estuvo sentada lejos de Jacob en la larga mesa. El estaba sentado al lado de la dueña de la casa, una mujer voluptuosa y atractiva, y él había decidido mostrarse encantador, cautivar a esta dama y a todas las mujeres que le rodeaban.
Ella hablaba tan graciosamente como le era posible con George, pero era difícil mostrarse animada cuando, realmente, estaba tan triste. El libertino lord Quil, que se sentaba a su derecha, no le servía de mucho, y continuamente hacía comentarios acerca de Jacob, comentarios que conseguían que ella le mirara una y otra vez, forzándola a reconocer todas las señales que ya había visto antes. Jacob no se limitaba a mostrarse encantador con la señora Hardgreaves, sino que tenía la expresión de un hombre en celo.
A medida que avanzaba la noche, Nessie olvidó su triunfo al hacer perder la compostura a Jacob. El no la miró ni una sola vez durante la comida. Ahora le resultaba difícil a ella fingir una leve sonrisa para sus compañeros de mesa y agradeció que Edward no estuviera cerca. En casos de tener que oír sus comentarios socarrones, hubiera estallado en lágrimas.
Finalmente, y con un profundo alivio, Nessie salió de la habitación con las otras damas, aunque apenas tuvo unos momentos para reponerse, antes de que los hombres entraran en la sala. Contuvo el aliento, porque quería saber si Jacob iba a continuar ignorándola. El se fue directamente hacia la señora Hardgreaves, sin lanzar ni una mirada a Nessie.
Era casi el límite. Su orgullo no le permitía seguir allí. Y si su tío le decía una sola palabra acerca de Jacob, Nessie iba a estallar. Y no podía hacerlo en público. Cuando pidió a George Fowler que la acompañara a su casa, los límpidos ojos verdes de él se abrieron, deleitados. Después preguntó:
-¿Y tu tío?
-Estoy un poco enfadada con él. -Lo estaba y no lo estaba, pero servía de pretexto-. Y de todos modos él ha venido escoltando a una dama. Pero no quiero molestarle, George.
Tienes a cargo a tu hermana.
-Mi hermano se ocupara de ella, no temas nada -declaró él sonriendo.
Bueno, pensó ella fastidiada, al menos gustaba a alguien.
-Me pregunto por qué solo observas que ella sale de la habitación con alguien.
Jacob se dio la vuelta y encontró la firme mirada de Edward Cullen.
-¿Me estas siguiendo, milord? -preguntó.
-No tiene sentido quedarse cuando la fiesta casi ha terminado -replicó amablemente
Edward- Y fue todo un espectáculo. Sólo hacía diez minutos que ella se había ido y partiste vos también. Eso produce mal efecto.
Jacob le lanzó una mirada furiosa.
-Me sorprende que no la hayas seguido para asegurarte de que Fowler la llevaba directamente a su casa. No es esto lo que corresponde a un buen perro guardián.
Edward rió.
-¿Para qué? Ella hará lo que le dé la gana, haga yo lo que haga. Y estoy más tranquilo si va acompañada por Fowler que si la acompaña usted... -Hizo una pausa y se aclaró la garganta- Aunque era uno de los pretendientes de ella la temporada pasada. Si no lleva directamente a casa, no creo que puedas echárselo a él en cara, ¿verdad? Estas haciendo todo lo posible para mostrar a estos jóvenes potrillos que ella está todavía disponible.- Espero un momento- ¿No es así?
Los ojos de Jacob llamearon.
-Si no le gusta mi comportamiento, ya sabes lo que puede hacer.
-Es verdad -dijo fríamente Edward, y todo el buen humor desapareció en un instante-
Si no creyera que Nessie iba a armar un escándalo, le encontraría muy pronto en el terreno del honor. Cuando ella deje de defenderos, acudiremos a esa cita... podéis contar con ello.
-Eres un maldito hipócrita, Cullen- Edward se encogió de hombros.
-Sí, lo soy cuando uno de los míos está involucrado. ¿Sabéis, Black? Carlisle podrá tener una gran opinión acerca de usted, pero Carlisle sólo conoce los aspectos más positivos de su carácter. No sabe lo que estas tratando de hacer, pero yo lo sé.
-¿Lo sabes?
Dejaron de hablar al ver acercarse a Quil. Edward se apartó del enojado Jacob y Quil se acercó, comprensivo, a su amigo.
-De manera que has tenido otro choque con él, ¿verdad?
-Algo parecido -dijo Jacob de mala gana.
Quil movió la cabeza. El problema de Jacob era que rara vez había encontrado oposición en la vida. Era lo bastante fuerte y lo bastante temerario como para que nadie quisiera tener un cambio de palabras con é1, y mucho menos pelearse. Y ahora los parientes de lady Masen lo presionaban colectivamente, y la frustración se hacía sentir en él.
-No deberías tomarlo tan en serio, Jake. Nunca te habías encontrado antes con alguien tan formidable como tú, y ahora tienes todo un surtido. -Y como Jacob no contestará, prosiguió- las cosas mejorarán cuando estés casado.
-¡Al diablo! -estalló Jacob. Dejó a Quil y fue en busca de su capa.
Jacob aspiró profundamente el aire nocturno al salir para esperar su coche, que estaba al otro lado de la calle. Después volvió a aspirar el aire. Pero esto no le apaciguó.
-Espera, Jake -exclamó Quil bajando las escaleras-. Tal vez te convenga hablar con un amigo.
-Esta noche, no Quil. Estoy a punto de estallar.
-¿A causa de Cullen? -gruñó Quil.- ¿O acaso porque ella se fue con George?
-Nessie puede irse con quién demonios le dé la gana, ¿a mí qué me importa?
-Vamos, no enloquezcas -protestó Quil, retrocediendo un poco.- El viejo George es... bueno, no enteramente inofensivo, pero... bueno, caramba, ella está comprometida contigo. Ella... -Se dio cuenta de que sus palabras sólo habían servido para empeorar las cosas.- No lo creo. ¿Acaso el insensible Montieth es capaz, por una vez, de mostrarse celoso?
-Claro que no estoy celoso -exclamó Jacob-. Simplemente esperaba que esta noche terminara todo.
Pero lo cierto es que se puso rojo, rojo oscuro cuando George Fowler con su mano tomó el codo de Renesme. Fowler era joven y apuesto, y el maldito Edward Cullen había dicho que había sido pretendiente de Renesme durante la temporada pasada.
-¿De qué diablos estás hablando, Jake? ¿El fin de qué?
-La farsa de este compromiso. Supongo que no crees que voy a casarme con esa muchacha porque me hayan forzado a aceptarla.
Quil silbó suavemente.
-Ah, ahora entiendo por qué andabas detrás de H. Ella no es tu tipo -Jacob movió la cabeza- Creí que querías poner celosa a tu novia.
-Quería enfurecerla para que me dejara. No es la primera vez que corro tras otras faldas cuando ella me está mirando. Incluso le he prestado atención a Jessica, a pesar de estar harto de ella. Pero Renesme no ha mencionado eso ni una sola vez.
-Quizás esa muchacha te ama -dijo simplemente Quil.
-No quiero que me ame, quiero que me odie -gruñó Jacob- Ahora- se dijo no después, no cuando él se hubiera acostumbrado al amor de ella, cuando dependiera de ese amor y lo necesitara. Entonces ya no podría soportar el odio de ella.
-Bueno, te has metido en una buena. ¿Qué vas a hacer si ella no rompe el compromiso?
¿Piensas dejarla?
Jacob miró al cielo.
-He dado mi palabra de casarme con ella.
-Entonces terminarás haciéndolo.
-Ya lo sé.
-¿Y te parece tan mal?
Él suponía que aquello sería el cielo, pero no se lo iba a decir a Quil. Su coche llegó a la curva en aquel momento y preguntó:
-¿Quieres hacerme un favor, Quil? Vuelve dentro y da un mensaje a mi futuro pariente político. Dile que conviene que tenga una charla con su sobrina acerca del sujeto que la ha acompañado a casa esta noche. -Rió.- Si cree que me importa, es probable que redoble sus esfuerzos para hacer que ella me abandone. Si no es así, el mensaje le irritará. Y eso me hará feliz. -Y en verdad, ya parecía sentirse mejor.
-Gracias, viejo. El es capaz de cortarme la cabeza si le doy ese mensaje -dijo Quil.
-No lo dudes -dijo Jacob sonriendo- Pero me harás ese favor de todos modos, ¿verdad? Eres un buen amigo...
-El fin del camino, compañero -dijo una voz en medio de su ensueño.
¿Compañero? ¿Era posible que su cochero le dijera esto?
Jacob miró por la ventanilla y vio, no su casa, sino árboles cercanos. Sólo una angustiosa negrura lo rodeaba. ¿Cómo era posible que hubiera estado preocupado hasta el punto de no darse cuenta de que le llevaban al campo, que había salido de Londres? Si así era, tanto daba, porque no había allí tránsito esta noche. ¿Qué diablos había hecho Cullen? ¿Había acaso contratado a un matón para que le liquidara y poderle decir después a Renesme que él no había tocado a Jacob? Casi podía ver al tío de ella riéndose con sus amigotes de la aventura.
Diosapagana: Jacob no resiste al tacto, jajajaja, que malvado es mi pernicioso chucho con su prometida, y Edward desde las sombras esta rogando que algo salga mal para encontrarlo en el campo de honor, delicioso hipócrita! Pero que se le va a ser los hombres son… idiotas, jajjajaja. ¿Pero nuestro querido Eddie habrá encontrado la manera no romper su palabra? Leeremos, leeremos y después lo averiguaremos.
Así que mis amadas lectoras por favor, ayuden a saber que están allí, con una candorosa señal de vida, un pequeño review, para que no nos sintamos culpables de robarles horas al trabajo y el estudio para adaptar esta historia.
Besos pecaminosos Priscila.
|