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Los jardines formaban un paisaje brillante, con praderas onduladas salpicadas de árboles, estanques artificiales, macizos de flores, y jardín bien recortado, y hasta un pabellón tan recubierto por viñas floridas, que parecía un árbol. No se pararon a admirar estas bellezas. En un abrir y cerrar de ojos Nessie se encontró dentro del pabellón, rodeada por los bracos de Jacob, y besada con tanta pasión, que casi perdió el conocimiento.
La luz de la luna penetraba por entre las viñas, bañándolos en su suave resplandor plateado. El suelo era de madera, liso y pulido. Había grandes macetas, entre los asientos, y las hojas rumoreaban dulcemente en el cálido aire nocturno.
En lo profundo, Nessie sabía que Jacob no iba a contentarse con besarla. Dependía de ella detenerle. Pero una voz dentro de ella exigía saber por qué quería detenerle. ¿Acaso no iba a ser su marido? ¿Por qué iba a negarle algo... especialmente cuando no deseaba negarle nada? ¿Y no sería posible que la actitud de él hacia el matrimonio cambiara si...? Bueno, debía ser así.
¡Cuán convenientemente trabaja la mente para lograr lo que quiere! Y cómo reacciona el cuerpo ante los sentimientos agradables, queriendo más y más. Su mente y su cuerpo conspiraban en contra de Nessie, y pronto ya no pudo luchar. Echó los brazos al cuello de
Jacob, rendida. Él la levantó y la llevó a uno de los bancos, se sentó con ella sobre sus rodillas.
-No te arrepentirás, amor -murmuró, y su caliente boca volvió a reclamar la de ella.
¿Arrepentirse? ¿Cómo podía arrepentirse cuando estaba tan excitada y era tan feliz?
Él sostuvo con un brazo la espalda de ella y, con la otra mano, recorrió lentamente el cuello, después bajó, e hizo que ella contuviera el aliento cuando pasó sobre sus pechos. Luego pasó al vientre, al muslo. La tanteaba vacilante, como si no pudiera creer que ella iba a entregarse. Pero, cuando su mano empezó a recorrer el mismo camino hacia arriba, se volvió más audaz, más posesivo.
Bajo la delgada tela del vestido, la piel de ella empezó a arder. El vestido era, en cierto modo, una incomodidad. Él también lo pensó. Primero desabrochó el botón de la garganta, después el lazo que sujetaba el vestido, bajo los pechos. Un momento después estaban de pie y él había retirado completamente el vestido.
Jacob contuvo el aliento al ver a Renesme en su ropa interior de seda, que se pegaba a su piel, moldeando sus delicadas curvas. Ella le miró directamente, sin vergüenza lo que alentó las llamas que lo consumían. Los ojos de ella eran negros en la oscura luz, los jóvenes pechos ponían tensa la camisa de encaje. Era la criatura más bella que él había visto.
El pequeño cardenal en la base de la garganta atrajo su mirada y sonrió.
-De manera que te he puesto mi marca. Supongo que debería pedirte perdón.
-Me lo pedirías si supieras lo difícil que me ha sido ocultarlo. No volverás a hacerlo, ¿verdad?
-No hago promesas -dijo él con voz ronca. Después la miró audazmente y preguntó -No estás asustada, ¿verdad, amor?
-No... al menos no lo creo.
-Entonces deja que te vea toda -insistió él suavemente. Ella dejó que se le volviera a acercar y le quitó el resto de la ropa, hasta, dejarla desnuda. Sus ojos la examinaron lentamente, ávidamente, y después la atrajo contra él y pegó su boca a los pechos de ella. La boca de Jacob, sus dientes, sus labios, todo empezó a actuar, haciéndola contener el aliento y gritar una y otra vez. Envolvió en sus brazos la cabeza de él, le apretó contra ella. Echó la cabeza hacia atrás cuando él empezó a besarle el vientre. Dios mío, ya casi no podía aguantar más...
-¿No deberías...? Jacob... tu ropa, Jacob -logró articular finalmente.
En unos segundos él había desnudado su pecho y los ojos de Nessie se dilataron, ante lo que ocultaban las ropas de él. Sabía que el pecho de él era amplio, pero ahora le parecía enorme. Estaba tostado en todo el cuerpo, y la mata de vello sobre su pecho era castaño.
Ella recorrió con los dedos el músculo del ante brazo. El contacto de la mano de ella le abrasó, haciéndole gemir.
-El resto ahora -dijo ella, porque quería verle totalmente, como él la había visto a ella.
Se apañó y se sentó para ver cómo él se desnudaba. No se sentía en modo alguno turbada, a pesar de estar desnuda. Regodeó su mirada en él, un hombre en toda su divinidad.
Cuando finalmente quedó desnudo, se acercó y le toco, primero las estrechas caderas, después los largos y gruesos muslos. Él le atrapó la mano, deteniéndola.
-No, amor -su voz era ronca de pasión- Estoy a punto de estallar, de manera que debo andar lentamente.
Entonces ella vio lo que estaba a punto de estallar. Increíble. Hermoso. Extraordinario. Lentamente ella levantó sus ojos hasta los de él.
-¿Cómo puedo saber lo que te gusta si no te toco?
Él le tomó la cara con las manos.
-Después, amor. Esta vez soy yo quien quiere darte placer, pero primero tendré que lastimarte.
-Lo sé -dijo ella suavemente, con timidez- La tía Esme me lo dijo.
-Pero si confías en mi, Renesme, si te relajas y confías en mí... te prepararé. Sólo sentirás un poco de dolor y te prometo que disfrutarás de lo que viene después.
-Ya me ha gustado lo que viene antes -dijo ella sonriendo.
-Oh, mi dulce amor, a mí también.
Volvió a besarla, y sus labios separaron los de ella para sumergirse en su boca. Él estaba a punto de perder el control. La pasión de ella le enardecía, hacía que luchara defendiendo un tiempo precioso. Le acarició el vientre, después descendió hacia los muslos separados.
Ella gimió cuando él tocó la caliente esencia de ella. Y después retrocedió sorprendida cuando él le metió profundamente un dedo. Su espalda se dobló, los senos se apretaron contra el pecho de él. Ella apartó sus labios de los de él.
-Estoy... preparada, Jacob... lo juró.
-Todavía no, amor -dijo él con cautela.
-Por favor, Jacob -dijo ella sin aliento. Aquello le venció. Miró alrededor, frustrado, hacia un estrecho banco. No quería desvirgarla en el suelo, pero, maldición, nunca debió haberla traído a este lugar, no para la primera vez.
-Jacob... -suplicó ella apasionada. El se acomodó y penetró en ella con toda la suavidad que pudo. La oyó contener el aliento cuando su calidez le rodeó. Ella se adelantó, hasta que él alcanzó su virginidad. La presión la contuvo, pero, en la postura en la que estaban, no podía atravesarla con suficiente rapidez como para atenuar el dolor.
Era inevitable. Él oprimió con su boca la boca de ella para recibir su grito, y entonces, sin previo aviso, la levantó y la empujó con dureza. La mantuvo así hasta que las uñas de ella dejaron de apretar los hombros de él y ella volvió a respirar con placer, relajándose contra él.
-Jacob...
Su nombre nunca había sido pronunciado con más dulzura. Sonrió con alivio y le contestó sin palabras, tomándola de las nalgas para levantarla, y después la hizo deslizar lentamente en él.
Ella rápidamente aceleró el ritmo, aferrada con fuerza a él. Mil fuegos se habían encendido en ella, uniéndose en una sola llama que pronto no podría ser contenida. Y la recorrió totalmente, ahogándola en el más dulce de los fuegos.
Jacob no recordaba haber quedado nunca tan saciado, ni haber sentido una ternura semejante después de hacer el amor. Quería abrazar para siempre a Renesme, no soltarla nunca más.
-¿Eso ha sido... normal? -preguntó ella como en un sueño. Él rió.
-Después de lo que hemos experimentado... ¿quieres una mera normalidad?
-No, creo que no -levantó suspirando la cabeza que había dejado sobre el pecho de él, suspirando- Creo que deberíamos volver a la casa.
-Oh, maldición -gruñó él- Yo también lo creo.
Ella le miró, el amor y el anhelo brillando en su bello rostro.
-Jacob...
-Sí, mi amor...
-No adivinarán nada, ¿verdad? -Lo cierto es que no le importaba que lo adivinaran, pero creía que debía preguntar.
Jacob le sonrió.
-Nadie se atreverá a sugerir que hemos hecho el amor al aire libre. No es costumbre, amor.
Vistiéndose, bromeando, robándose besos, pasaron otros veinte minutos antes de que dieran vuelta al estanque en dirección a la casa. Jacob le pasaba el brazo sobre los hombros, apretándola contra él, cuando Alice surgió ante ellos desde la cubierta de un matorral.
-Oh, Nessie, me alegro de que seas tú -dijo sin aliento.
-¿Me han echado de menos? -preguntó Nessie, preparándose para enfrentarse a una dura prueba.
-¿Echado de menos? No lo sé... yo salí a caminar, sabes, y no me di cuenta de que pasaba el tiempo... -Alice empezó a toser, en verdad era una mala representación, porque el matorral que había detrás de ellos empezó a crujir- Alistar se enojará terriblemente -dijo- ¿Te importaría mucho decir que he estado contigo?
Nessie logró contener una sonrisa.
-Claro que no... Si prometes que no perderás nuevamente el tiempo. Jacob...
-Perfectamente -asintió él-. Sé personalmente hasta qué punto se nos puede pasar el tiempo.
Los tres lograron mostrar caras muy serias cuando volvieron apresurados a la casa
Diosapagana: Oh por dios! ¿Alguien encendió una estufa? porque yo ya me siento acalorada (escritora abanicándose fuerte con la mano). Y al fin nuestro lobuno libertino se salió con la suya, y Renesme no se le resistió en nada, pero en su sano juico ¿Quién se resistiría a ese papito musculoso? YO NO!!!.
Por otro lado, ¿que habrá estado haciendo Alice detrás del matorral? NO LO SE, seguro algo que esta escritora nunca haría, jajajajaja...
Así que por favor, ayuden a saber que están allí, con una candorosa señal de vida, un pequeño comentario, y n rapido voto para que no nos sintamos culpables de robarles horas al trabajo y el estudio para adaptar esta historia.
PD: no vayan corriendo a los jardines o plazas para buscar un fogoso semental, porque si llega a haber alguno ya se lo robo esta escritora.
Besos pecaminosos Priscila.
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