SAGA DINASTIA CULLEN I: El EsTiGmA dEl AmOr (+18)

Autor: Danisabel
Género: + 18
Fecha Creación: 04/11/2010
Fecha Actualización: 12/11/2010
Finalizado: SI
Votos: 8
Comentarios: 29
Visitas: 54771
Capítulos: 32

 

Jacob Black vizconde de Montieth es un hombre con un oscuro pasado, y se prometió que nunca cargaría a una mujer con ese estigma. ¿Qué sucederá cuando la mujer de sus más candentes sueños aparece ante él y se ve forzado a casarse con ella?.......

Es el primer libro de estas grandes historias de amor....


Esta historia no me pertence, es una adaptación de una novela romantica llamada Amar una sola vez de la serie de los Malory de Johanna Lindsey, los personajes son de SM... Gracias a mi querida amiga priscila por la excelente idea que tuvo de comenzar este proyecto y por ayudarme a subir cada cap


 

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Capítulo 2: CONSENTIDA CAPRICHOSA Y DIVINAMENTE HERMOSA



La mansión Cullen, en Grosvenover Square, estaba brillantemente iluminada, y casi todos los ocupantes estaban en sus habitaciones, preparándose para el baile de los duques de Shepford. Los criados, más ocupados que de costumbre, corrían de un extremo a otro de la mansión.

Lord Eleazar necesitaba más almidón en su corbata. Lady Tanya quería un ligero refrigerio. Durante todo el día había estado demasiado nerviosa para comer. Lady Irina precisaba un remedio para tranquilizarse. Dios mío, su primera temporada y su primer baile: hacía dos días que no comía. Lord Alistar necesitaba que le ayudaran a encontrar su nueva camisa de encaje. Todos ellos no eran parte de los Cullen, solo era parte de los Denalí, familia extendida de los Cullen, que estaban ahí desde el inicio de la temporada. Lady Alice, la hija menor de Carlisle Cullen simplemente necesitaba que la animaran. Ella era la única en la casa que era demasiado joven para asistir al baile, incluso un baile de disfraces, donde de todos modos no iba a ser reconocida. ¡Ah, era horrible tener quince años!

Lady Renesme Masen, sobrina de lord Carlisle Cullen y prima hermana de Benjamín el hijo mayor y Alice Cullen. Naturalmente lady Renesme tenía su propia doncella para que la atendiera si necesitaba algo, pero al parecer no era así, porque nadie había visto a la doncella desde hacía más de una hora.

La casa desbordaba actividad. Lord y lady Cullen habían empezado los preparativos mucho más temprano, porque habían sido invitados a la comida formal dada para unos escasos elegidos antes del baile. Se habían marchado hacía poco más de una hora. Los dos hermanos Denalí iban a acompañar a sus hermanas y a Renesme, una gran responsabilidad para los jóvenes, de los cuales uno acababa de dejar la universidad, y el otro todavía no.

Alistar Denalí no había tenido mucho interés en acompañar a las mujeres de la familia, hasta hoy, cuando inesperadamente una amiga había pedido unirse al grupo en el coche de la familia Cullen. Era un golpe de suerte haber recibido esta petición precisamente de tal dama.

Estaba perdidamente enamorado de ella desde que la había conocido, el año anterior, cuando había ido a su casa para pasar las vacaciones. Ella no le había hecho mucho caso entonces, pero ahora él había terminado los estudios y tenía veintiún años, era todo un hombre. Vamos, ya podía establecer una familia si quería. Y podría pedirle a determinada dama que se casara con él. ¡Oh, era maravilloso haber llegado a la mayoría de edad!

Lady Tanya también pensaba en la edad. Tenía veinte años, por horrible que esto fuera.

Era su tercera temporada y aún no había conquistado un marido... ¡ni siquiera se había comprometido! Había recibido algunas propuestas, pero de nadie a quien pudiera tomar en serio. Oh, era bastante bonita, con lindos ojos, piel blanca y con sus rizos rubios fresia. Este era el problema, era simplemente bonita. No soñaba ser tan llamativa como su Renesme, y tendía a apagarse cuando estaba junto a ella. Y el maldito destino quería que esta fuera la segunda temporada que debía compartir con ella.

Tanya estaba furiosa. Renesme ya debía haberse casado. Había recibido docenas de propuestas. Y no es que ella no quisiera, parecía más que dispuesta, tan deseosa como Tanya, o más, de establecerse.

Pero, por uno y otro motivo, todas las propuestas habían quedado en el aire. Ni siquiera con un viaje por Europa el año anterior había obtenido un marido. Renesme había vuelto a

Londres, siempre esperando encontrar marido.

Y este año también iba a entrar en la competencia la hermana de Tanya, Irina. Como aún no tenía dieciocho años, hubiera sido mejor que la hicieran esperar un año más antes de presentarla en sociedad. Pero sus padres habían pensado que Irina ya tenía edad de divertirse un poco. Aunque se le prohibió expresamente interesarse seriamente en ningún hombre. Era demasiado joven para casarse, pero podía divertirse todo lo que quisiera.

Lo único que faltaba era que Carlisle sacara del cuarto de estudios a Alice cuando tuviera dieciséis años, pensó Tanya, cada vez más enojada. Casi podía verlo. El año próximo, si ella aún no había encontrado marido, tendría que competir con Irina y con Alice. Alice era tan bella como Renesme. Tanya tenía que encontrar marido esa temporada, aunque le costara la vida.

Tanya no estaba enterada, pero estos también eran los sentimientos de la hermosa Renesme.

Renesme Masen contempló su imagen en el espejo mientras que su doncella, Zafrina, enroscaba su largo cabello negro para disimular su longitud y hacer que pareciera más a la moda. Renesme no veía sus ojos ligeramente oblicuos, de un sorprendente azul cobalto, o los llenos labios que se fruncían en un mohín, o la piel quizás demasiado blanca, que destacaba tan fuertemente el oscuro pelo y las largas pestañas negras. Veía hombres, desfiles de hombres, legiones de hombres franceses, suizos, austríacos, italianos, ingleses… preguntándose por qué ella todavía no se había casado. Ciertamente no era porque no lo hubiera intentado.

Nessie, como la llamaban, había tenido tantos pretendientes para elegir, que realmente era perturbador. Había una docena con los que estaba segura de haber podido ser feliz, dos docenas de los que creyó empezar a enamorarse, y muchos que, por un motivo u otro no le habían convenido. Y cuando Nessie creía que alguno era aceptable, no era esta la opinión de sus tíos.

¡Ah, por cierto que era una desventaja tener tres tíos que la querían tanto! Ella también adoraba a los tres. Carlisle, que ahora tenía cuarenta y cuatro años, había sido jefe de la familia desde que tenía dieciséis, responsable de sus dos hermanos y una hermana, la madre de Nessie; se tomaba en serio sus responsabilidades... a veces demasiado en serio pasando a ser un hombre hombre muy severo. Pero muchas veces se encontraba de buen humor, alegre, indulgente. Se había casado con la tía Esme cuando tenía veintidós años y habían tenido dos hijos. El primo Benjamín que toda su vida había sido su compañero de juegos, y la pequeña Alice.

La madre de Nessie, Marie era siete años menor que Carlisle. Dos años después del nacimiento de Marie, había venido al mundo Emmett.

Emmett era el hermano loco, que mandaba todo al diablo para hacer lo que le daba la gana. Tenía treinta y cinco años ahora y se suponía que ni siquiera había que pronunciar su nombre. Para lo que se refiere a Carlisle, Emmett no existía. Pero Nessie seguía queriéndole. Le echaba muchísimo de menos, e iba a verle en secreto. En los últimos nueve años sólo le había visto seis veces, la última hacía ya más de dos años.

Pero, a decir la verdad, Edward era su tío favorito por ser tan libre, tan poco inhibido como la misma Nessie. Edward con sus treinta y cuatro años y siendo el menor de la familia, era más un hermano que un tío. También, y eso era muy divertido, era el libertino más notable desde que Emmett se había ido de Londres, pero, mientras que Emmett podía ser brutal. Edward era un don Juan, un notable seductor. No le importaba lo que se pensara de él; pero, a su manera, hacía todo lo posible para agradar a quienes le interesaban.

Nessie sonrió. Pese a todos sus queridos y estrafalarios amigos, pese a todos los escándalos que florecían a su alrededor, los duelos que había tenido, las apuestas que había hecho, Edward era a veces el hipócrita más adorable en lo que a ella se refería. Porque si alguno de sus disolutos amigos se atrevía a mirarla siquiera de reojo, era invitado enseguida a un combate de boxeo. Y hasta los hombres más mujeriegos aprendieron a ocultar sus deseos cuando ella visitaba a su tío, y conformarse con una charla inofensiva. Si el tío Carlisle llegaba a enterarse de que ella había estado en el mismo cuarto con algunos de los hombres que había conocido, algunas cabezas podían rodar, especialmente la de Edward. Pero Carlisle nunca lo supo.

Los tíos la trataban más como a una hija que como a una sobrina, porque los tres la habían educado desde la muerte de sus padres, cuando Nessie sólo contaba dos años. Incluso la tía Esme era para ella una madre.

Literalmente la habían compartido desde que once años ya que Edward pidió pasar un tiempo con ella. Y Carlisle permitió que pasara con él los meses de verano, que eran de estricta diversión. Y él se sintió feliz haciendo el sacrificio de transformar todos los años su casa de soltero, cosa que se hacía fácilmente, porque junto con Nessie llegaban su doncella, su niñera y su gobernanta.

Pero, pese al encanto de aquella vida doméstica, Edward nunca había sentido deseos de casarse. Seguía siendo soltero. Cuando Nessie fue presentada en sociedad ya no resultaba adecuado que pasara parte del año con este tío, de manera que ahora sólo le veía de vez en cuando. Ah, bueno, pensaba Nessie, lo cierto era que ella iba a casarse pronto. No era lo que deseaba especialmente. Con mucho gusto se hubiera divertido unos años más. Pero sus tíos querían que se casara. Suponían que su deseo era encontrar un marido conveniente y formar una familia, ¿Acaso no era éste el deseo de toda muchacha? Lo cierto es que se habían reunido para discutir el tema y, pese a que ella había afirmado que no estaba preparada para dejar el seno de la familia, las buenas intenciones de ellos prevalecieron sobre las protestas de Nessie, hasta que, finalmente, ella cedió.

A partir de entonces ella había hecho todo lo posible para agradarles, porque les quería mucho a los tres. Presentó pretendiente tras pretendiente, pero, uno u otro de los tíos encontraban un defecto en uno de los jóvenes. Ella continuó la búsqueda en el continente, pero ya estaba harta de mirar con ojos críticos a cada hombre que se le acercaba. No podía hacerse amigos. No podía divertirse. Cada hombre debía ser cuidadosamente disecado y analizado... ¿estaba materializado su futuro marido? ¿Era acaso esa persona mágica que todos sus tíos iban a aprobar?

Ella empezaba a sospechar que tal hombre no existía, y desesperadamente necesitaba terminar con aquella búsqueda obsesiva. Quería ver a su tío Edward, el único capaz de entender, de interceder ante el tío Carlisle. Pero Edward estaba visitando a un amigo en el campo cuando ella volvió a Londres, y no había regresado hasta la noche anterior.

Nessie había ido dos veces a verle aquel mismo día, pero no le había encontrado y finalmente le dejó una nota. Seguramente ya la había recibido. ¿Por qué no había venido?

En el momento en que estaba pensando en ello, un coche se detuvo delante de la casa. Ella rió con una carcajada alegre, musical.

-¡Al fin!

-¿Cómo? -se sobresaltó Zafrina- Todavía no he terminado. Quiero decir que no ha sido fácil arreglarte el pelo. Sigo diciendo que deberíais cortarlo. Tanto tú como yo ganaríamos tiempo.

-No importa, Zafrina -Nessie se puso de pie de un salto, haciendo que varias horquillas cayeran al suelo-. Ha llegado el tío Edward.

-Eh, ¿adónde vas vestida de esa manera? -El tono de Zafrina era profundamente irritado.

Pero Nessie no le prestó atención y salió corriendo de la habitación; oyó el grito de su doncella:

-¡Renesme Masen!- pero no se detuvo. Corrió hasta llegar a las escaleras que llevaban al salón de abajo, pero allí se dio cuenta de la escasa ropa que llevaba. Rápidamente se refugió en un rincón, decidida a no salir hasta que oyera la voz de su tío. Pero no la oyó. En lugar de esto escuchó una voz de mujer y, cuando espió vacilante desde el rincón, quedó decepcionada al ver que el lacayo hacía pasar a una señora, no al tío Ed. La dama era lady Tal o Cual, alguien a quien Nessie había conocido hacía unos días en Hyde Park. Caramba, ¿dónde diablos se había metido Edward?

En aquel momento Zafrina la tomó del brazo y la arrastró por el pasillo. Zafrina se tomaba libertades, esta era la verdad, pero no era de extrañar, porque había estado con Nessie tanto tiempo, es decir, siempre.

-¡Nunca he visto nada más escandaloso que tu allí de pie, en ropa interior! –la reprendió mientras empujaba a Nessie al taburete delante del pequeño tocador- Tendríamos que enseñarte a comportarte mejor.

-Creí que era el tío Edward.

-No es una excusa.

-Lo sé, pero tengo que verle esta noche. Ya sabes para qué, Zafrina. Es el único que puede ayudarme. Escribirá al tío Carlisle y finalmente podré descansar.

-¿Y creéis que tu tío Edward pueda decir al marqués algo que te sea útil?- Nessie hizo una mueca.

-Lo que voy a sugerir es que sean ellos quienes me encuentren un marido.

Zafrina movió la cabeza y suspiró.

-No te gustará el hombre que elegirán para usted, hija mía.

-Tal vez. Pero ya no me importa... –insistió ella- Sería bueno que yo pudiera elegir a mi marido, pero ya sé que mi elección no será tomada en cuenta si, de acuerdo con ellos, es mala. Me he estado exhibiendo desde hace un año, he ido a tantas reuniones, fiestas y bailes que los odio a todos. Nunca creí llegar a decir esto. ¡Vamos, si se me hacía corto el tiempo para bailar en mi primera fiesta!

-Es comprensible, querida.

-Lo único que pido es que el tío Edward comprenda y quiera ayudarme. Sólo quiero retirarme al campo, vivir otra vez tranquilamente... con o sin marido. Si pudiera encontrar esta noche al hombre que me conviene, me casaría con él mañana, cualquier cosa con tal de cortar este ajetreo social, pero sé que no va a suceder, de manera que lo mejor es dejar que mis tíos elijan. Como los conozco, tardarán años en hacerlo. Nunca se ponen de acuerdo en nada y, entretanto, yo me iré a casa en Haverston.

-No veo qué puede hacer tu tío Edward que no podrías hacer tu misma. No le tienes miedo al marqués. Puedes manejarlo con el meñique cuando te de la gana. ¿Acaso ya no lo habéis hecho con frecuencia? Solo dile cuan desdichada eres y él...

-¡No puedo hacer eso! -exclamó Nessie sin aliento- No puedo hacer que el tío Carlisle crea que me ha hecho desgraciada. Nunca se lo perdonaría.

-Eres de corazón demasiado tierno para tu propia conveniencia, hija mía –gruñó Zafrina- ¿Pensáis por lo tanto seguir siendo desdichada?

-No. Por eso quiero que el tío Edward le escriba al tío Carlisle. Si yo lo hago, y él insiste en que siga aquí, ¿qué sacaré con esto? Pero si la carta de Ed es despreciada, sabré que el plan no da resultado y tendré tiempo para pensar en otra cosa.

-Bueno, no cabe duda de que esta noche en el baile veras a lord Edward.

-No. Él odia los bailes. No querría asistir ni muerto a uno, ni siquiera lo haría por mí.

-Bueno, caramba, todo tendrá que esperar hasta mañana... -Zafrina frunció el ceño y miró hacia otro lado- ¿Qué significa eso? ¿Acaso sabes algo que yo no sé? –preguntó Nessie.

-Es que... probablemente lord Edward se irá por la mañana a Haverston y no volverá en tres o cuatro días. Pero podéis esperar ese tiempo.

-¿Quién te dijo que se marchará?

-Oí que lord Carlisle le decía a su esposa que mañana ellos dos saldrían temprano al campo porque tenían una conversación pendiente por algún otro problema en el que se ha metido.

-Entonces tengo que verlo esta noche. Esto es perfecto. Él podrá convencer más

Fácilmente al tío Carlisle si están solo los dos.

-Pero no puede ir ahora a casa de lord Edward -protestó Zafrina- Ya es casi hora de partir para él baile.

-Ayúdame pronto a ponerme el vestido. Edward vive a unas pocas calles de aquí. Tomaré el coche y regresaré antes de que las Denalí estén listas para partir.

Lo cierto es que las otras ya estaban listas y sólo esperaban a Nessie cuando ésta corrió unos minutos después escaleras abajo. Aquello era incómodo, pero no iban a disuadirla. Hizo a un lado a Tanya al entrar a la sala, ofreciendo a las otras una vaga sonrisa a manera de saludo.

-Alistar, realmente detesto tener que pedirte esto, pero necesito el coche unos minutos antes de que todos partamos.

-¿Cómo?

Ella había hablado en murmullo, pero la exclamación de él hizo que todos se volvieran a mirarlos. Ella suspiró.

-En verdad, Alistar, no deberías comportarte como si te hubiera pedido el mundo.

Alistar, consciente de que los observaban, y sorprendido de su momentánea falta de control, recobró toda la dignidad que pudo y dijo en el tono más razonable que logró dominar:

-¡Hace ya diez minutos que te esperamos, y quieres que esperemos aún más!

Tres suspiros ultrajados llegaron a sus oídos, pero Nessie no se dignó mirar a las demás damas.

-No lo pediría sino fuera importante. No tardaré más de media hora... bueno, seguramente menos de una hora. Tengo que ver al tío Edward.

-¡No, no y no! -exclamó Irina, que rara vez levantaba la voz-. ¿Cómo puedes ser tan desconsiderada, Nessie? Tú no eres así. Harás que todas lleguemos tarde. Tenemos que partir enseguida.

-Tonterías -dijo Nessie- Seguramente no querrán ser las primeras, ¿verdad?

-Pero tampoco queremos ser las últimas en llegar -dijo Tanya, caprichosa- El baile se iniciará dentro de media hora, y tardaremos el mismo tiempo en llegar. ¿Es tan importante que veas ahora a Edward?

-Es un asunto personal y no puede esperar. El parte mañana temprano para Haverston. No podré hablar con él a menos que vaya a verle enseguida.

-Espera que regrese -dijo Irina-. ¿Por qué no esperas a que regrese?

-Porque no puedo esperar. -Al ver que todas estaban contra ella y lady Tal por Cual igualmente agitada, Nessie se decidió.- Bueno, aceptaré un coche alquilado Alistar si enviáis a uno de los lacayos a buscarlo. Iré al baile a unirme con ustedes en cuanto haya terminado.

-Imposible.

Alistar estaba enfadado. Él era mayor, sabía lo que hacía y ella no iba a envolverle como solía hacerlo, dijo sereno.

-¿Un coche alquilado? ¿Por la noche? No es seguro, y lo sabes, Nessie.

-Eleazar puede acompañarme.

-Pero Eleazar no desea hacerlo -replicó con rapidez la escolta en cuestión- Y no me hagas caritas de niña malcriada, Nessie. Yo tampoco quiero llegar tarde al baile.

-Por favor.

-No.

Nessie miró todas aquellas caras tan poco comprensivas. Pero no quería ceder.

-Entonces no iré al baile. Además, no tenía ganas de ir.

-Oh, no. - Alistar sacudió gravemente la cabeza.- Te conozco demasiado. Apenas nos hayamos ido te escabullirás e irás a pie hasta la casa de Edward y Carlisle me matará.

-Soy demasiado inteligente para hacer eso -replicó ella provocativa- Enviaré otro mensaje a Edward y esperaré que él venga aquí.

-¿Y si no viene? -señaló Alistar- Tiene cosas más importantes que contestar a una llamada tuya en cuanto le hagas una seña. Además, es probable que no esté en su casa. ¡No! Vendrás con nosotros y esto es definitivo.

-No iré.

-Irás.

-Puede ir en mi coche -todos los ojos se volvieron hacia la invitada- Mi cochero y el lacayo están conmigo desde hace años y puedo confiar en que la llevarán sana y salva donde desee y después al baile.

La sonrisa de Nessie fue deslumbrante.

-Espléndido... Realmente es usted mi salvadora, lady...

-Eddintong -replicó la dama- Nos han presentado esta semana.

-Sí, en el parque, lo recuerdo. Lo cierto es que soy muy olvidadiza con los nombres, he conocido mucha gente este último año. Nunca os lo agradeceré bastante.

-No es nada. Me hace feliz seros útil- Y Jessica estaba feliz... cualquier cosa para partir cuanto antes. Ya era bastante malo haber tenido que aceptar a Alistar Denalí como acompañante para el gran baile de la temporada. Pero él era el único entre la docena de caballeros a los que había enviado notas esa mañana que no la había rechazado con una u otra excusa. Denalí, que era menor que ella, había sido un comodín de último momento. Y aquí estaba ella ahora, en medio de una disputa familiar, todo debido a esta muchachita descarada.

-Bueno, Alistar -dijo Nessie- no puedes oponerte ahora.

-No, supongo que no -dijo él de mala gana- pero recuerda que has dicho que tardarás media hora. Es mejor que llegues a casa de los Shepford antes que Carlisle se dé cuenta de que no estás. De lo contrario, lo pasaremos muy mal, y tú lo sabes.

Capítulo 1: TU EGO ES DE GRANDE COMO EL TITANIC Capítulo 3: CAPRICHOS

 


Capítulos

Capitulo 1: TU EGO ES DE GRANDE COMO EL TITANIC Capitulo 2: CONSENTIDA CAPRICHOSA Y DIVINAMENTE HERMOSA Capitulo 3: CAPRICHOS Capitulo 4: PROTAGONISTAS.. IMAGENES Capitulo 5: IMPULSO DE BUENA SUERTE? Capitulo 6: HOLA EXTRAÑO Capitulo 7: DIOS MIO!... ¿ME VAN A DEJAR VIUDA ANTES DE TIEMPO?... Capitulo 8: Donde pongo el ojo pongo la bala!.. Ese Hombre es MIO! Capitulo 9: CAPITULO 8: DOS FAMILIAS UNIDAS CON UN MISMO FIN?. Mi destrucción! Capitulo 10: ¿QUE ES PEOR QUE SER CASTRADO AL AMANECER?... CASARSSE OBLIGADO Capitulo 11: LES PRESENTO A MI PROMETIDA? LADY MARIMACHO MASEN Capitulo 12: LES PRESENTO A MI PROMETIDO?. LORD ASNO BLACK VIZCONDE DE MONTIEHT Capitulo 13: EL SEXO ES EL UNICO DEPORTE QUE NO SE SUSPENDE POR FALTA DE LUZ? Capitulo 14: ME QUIERE ?. NO ME QUIERE? DESOJANDO MARGARITAS Capitulo 15: Y CON USTEDES UN CABALLERO PIRATA? EL CAPITAN HAWKE Capitulo 16: LO QUE ENREALIDAD ME AFERRA A TI Capitulo 17: YO JURO ANTE DIOS?. QUE ESTA SRÁ TU SENTENCIA DE MUERTE! Capitulo 18: LES PRESENTO A MI SUEGRA?.. LADY PAJARRACO BLACK Capitulo 19: DIBUJANDO AL DIABLO! Capitulo 20: ES UN PAJARO, ES UN AVION, NO, ES EL INFAME CAPITAN HAWKE... MI TIO! Capitulo 21: RENESME, NESSIE, NISSAN?.. ¿POR QUÉ DEMONIOS TANTOS NOMBRES?...... Capitulo 22: EL SEÑOR TERCO Y EL MISTERIO DEL CUARTO DE MÚSICA? Capitulo 23: Prefiero estar con otros hombres antes que contigo... por ejemplo tu hijo Capitulo 24: NO TE PERDONARE NUNCA, NUNCA, NUNCA... Y MENOS SI NO ME HACES EL AMOR Capitulo 25: AHORA LO SÉ, USTEDES SON PARTE DE MI ALMA!... Capitulo 26: NO SEAS CIEGO, AQUÍ ESTOY SOLO MÍRAME!!!! Capitulo 27: NO ES UNA FIESTA HASTA QUE SE QUIERE GOLPEAR AL AMANTE!! Capitulo 28: ESTOY LOCO, SI!!! LOCO DE CELOS. Capitulo 29: tu eres un bastardo, el es un bastardo, ellos son bastardos, yo soy bastardo, todos somos bastardos? ¿acaso importa? Capitulo 30: Las verdades duelen, solo cuando se las ocultan Capitulo 31: SOLO AMAME Capitulo 32: EMBAUCANDO AL AMOR

 


 
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